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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 15, Marzo de 2004  

>>    El panorama en las provincias

Las provincias cruceñas, o más propiamente dicho sus pobladores, siempre fueron motivo de nuestra preocupación habida cuenta que eternamente se debatieron entre el olvido, la postergación y las falsas promesas de los detentadores del poder en el gobierno e incluso en nuestro departamento. Completamente injusto semejante trato, primero porque los provincianos son tanto o más cruceños y bolivianos que quienes habitamos en la capital y luego porque, merced a las tareas tan duras, tan patrióticas y tan beneficiosas que realizan, más bien merecen privilegios.
Precisamente porque nos preocupa la suerte de la gente de tierra adentro, hoy volvemos para solidarizarnos con sus demandas -que son tan de vieja data-, que en absoluto se las puede calificar como pretensiones desmedidas ni encasillar en lo irreal y como si se tratase de peticiones exageradas y sin base. Todo lo contrario, piden obras y servicios elementales que les servirán nada más que para sacarle algún provecho a las sacrificadas jornadas que cumplen y para vivir dignamente, sin nada que les sobre. Con un agregado: de los beneficios que produzcan estas obras y servicios en las provincias, los que habitamos en las grandes ciudades seremos quizá los más favorecidos, porque en los centros de abastecimiento no faltará la generosa producción agropecuaria.
Yendo más al grano, en días recientes los ganaderos y agricultores de Cordillera y Florida han dado a conocer su angustia porque la sequía está poniendo en peligro el hato de bovinos y ha provocado la pérdida del 70 por ciento de los cultivos en los valles, principalmente de frutas y hortalizas, unas 23 mil hectáreas de maíz en Boyuibe y Gutiérrez, asimismo cantidades significativas de siembras de soya y sorgo en la región cordillerana. Esta amarga queja se conoció el jueves pasado, pero una semana antes las voces de alarma llegaron del norte donde el mismo fenómeno (la sequía), estaba diezmando las plantaciones de arroz, al punto que se calculaban los daños en Ichilo, Sara, Santistevan y Ñuflo de Chaves en unas 90 mil toneladas del grano. Quiebra total para los abnegados trabajadores del surco que, en el colmo de sus desdichas, no tienen un centavo en el bolsillo.
También hace unos días -aunque las advertencias se están repitiendo desde 2002-, de Concepción llegó la noticia de que la represa que provee agua a la población y que es atractivo turístico, presenta fisuras peligrosas y si no se hace la refacción estimada en 500 mil dólares, puede malograrse una infraestructura de costo mucho mayor y dejar sin el líquido vital a más de 15 mil almas.
De las mismas características -gravedad y urgencia-, son las necesidades de reconstruir y hacer nuevas infraestructuras en salud, educación y caminos, y no proseguimos el recuento porque sería cosa de nunca acabar. Empero, con lo explicado basta y sobra, incluso da para preguntarse no sin asombro: ¿cómo es posible que en tantas décadas los pobladores de las áreas rurales continúen padeciendo la falta de agua y riego, al extremo que hasta la vida humana corre peligro?; ¿cómo se puede entender que no “aparezcan” 500 mil dólares para salvar una obra que vale millones y que es tan importante como la represa de Concepción?
Lo reiteramos, no nos extendemos en el detalle, aunque sólo de paso mencionaremos que en las provincias la inseguridad ciudadana, el escaso aprovechamiento de los sitios turísticos, el desamparo de tanta gente -especialmente niños y ancianos-, igualmente son asignaturas pendientes a las que el Estado y el gobierno departamental hace rato ya tendrían que haber dado atención.
He ahí el panorama doloroso y desalentador en las provincias cruceñas, por el cual centenares y miles de personas emigran a los centros urbanos y que urge revertir antes de que el campo se transforme en un erial inmenso.

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