Sin pena ni gloria, las rotondas de Santa Cruz
comienzan a ser eliminadas, no necesariamente porque el parque automotor las
haya rebasado sino porque nunca supimos sacar el máximo provecho de su
diseño.
No cabe duda que algunas de ellas merecían ser arrasadas, pues todo elemento
regulador de tráfico tiene su ciclo de vida útil según el volumen vehicular.
¡Si hasta las autopistas de los gringos tienen capacidad limitada! Sin
embargo, todavía hay muchas rotondas en la ciudad que podrían servir por
varios años más si tan solo se mejorara el diseño y se educara a los
conductores sobre quién tiene preferencia en la intersección.
En general, las rotondas sirven para regular el tráfico de baja y mediana
intensidad facilitando el cruce de una intersección sin necesidad del
semáforo. Es mucho más seguro cruzar o girar cuando el conductor sólo tiene
que mirar a un lado que cuando tiene que mirar a ambos lados casi en forma
simultánea, como sucede en la intersección de dos avenidas sin rotonda ni
semáforos. Esta última situación, que expone a los conductores a un choque
fatal, aún existe en Santa Cruz y nadie hace algo al respecto (ejemplo:
doble vía a La Guardia y quinto anillo).
Hay muchas formas de diseñar una rotonda eficiente. Si es grande, mediana,
chica, redonda, ovalada, partida, o hasta con semáforo, depende de las
características de la intersección y del volumen vehicular. Sin embargo,
todas ellas, sin excepción, deben cumplir con las siguientes reglas para
lograr la fluidez del tráfico:
- Los vehículos no deben detenerse después de haber ingresado a la
rotonda, porque ellos mismos comienzan a bloquear la circulación en el
otro sentido. El tráfico termina trabándose por completo.
- Los vehículos que ya ingresaron a la rotonda siempre tienen
preferencia para salir de ellas. Esto garantiza la fluidez dentro del
círculo.
Quiere decir que las cuatro vías que convergen en la rotonda deben tener
una señal de tránsito que diga "Ceda el paso en la rotonda". Los conductores
ya llevan años decidiendo intuitivamente qué avenidas tienen preferencia con
respecto a otra y esto es lo que tiene que cambiar.
Si las colas de vehículos se formaran en las avenidas, sin bloquear a nadie,
en lugar de en las rotondas, todos llegaríamos a destino en menos tiempo y
evitaríamos esas curiosas 'trancaderas' que se dan en horas pico.
Ahora la Alcaldía está achicando rotondas en el segundo anillo, medida
acertada pero de corta vida. Se nota la mejoría, porque un mayor número de
motorizados ya puede usar el espacio que antes ocupaba la rotonda, dando así
mayor fluidez al sistema. Sin embargo, cuando aumente el tráfico vehicular
otra vez volveremos al eterno problema del autobloqueo.
Ni los semáforos inteligentes pueden agilizar el tráfico de una rotonda en
las condiciones actuales; prueba de ello es que ni siquiera cuatro policías,
supuestamente más inteligentes que los aparatos, pueden poner orden en horas
pico.
Sería un contrasentido instalar un semáforo programable que trabaje en
combinación con un elemento regulador tan limitado como la rotonda, a menos
que el giro a la izquierda se pueda efectuar en forma directa, sin necesidad
de darle la vuelta y detenerse en plena intersección.
Un semáforo verdaderamente inteligente (que permita el giro a la izquierda,
que pueda programarse según la hora del día, que detecte la presencia de
vehículos y dé luz verde en función a ello, etc.), no debe tener ningún
estorbo. Haciendo lo contrario estaríamos limitando la 'inteligencia' del
aparato.
La muerte de las rotondas traerá consigo la pérdida de jardines y la
reubicación de monumentos. No le veo mayor importancia a esto, pues nadie en
su sano juicio se detiene a mirarlos cuando uno más debe preocuparse de
cruzar ileso la intersección. Tarde o temprano, todos los monumentos
descansarán del humo, de los bocinazos y del estrés colectivo al que están
sometidos en su ubicación actual, y pasarán a lucirse en un paseo público de
fácil acceso para todas las personas.
Así que no les digamos adiós a las rotondas sin siquiera conocerlas. Cuando
sobrepasemos su capacidad, entonces pensemos en semáforos y viaductos, en
ese orden.
Vox pópuli en ingeniería vial
Ningún tema despierta tanto interés en los círculos sociales como el del
tráfico vehicular. Las aventuras vividas en las calles han convertido a
muchos en expertos en supervivencia y en mejoras viales. He aquí algunas de
sus sugerencias:
Virgen de Cotoca y cuarto anillo. Redondear los camellones centrales
para permitir que los vehículos giren a la izquierda por la rotonda cortada,
sin dar la vuelta completa (el otro lado ya está bloqueado por los vehículos
que aguardan la luz verde).
Cristo Redentor y cuarto anillo. Colocar letreros de “ceda el paso”
para los vehículos que doblan a la derecha. Éstos no necesitan esperar a que
la luz cambie a verde porque ni siquiera pueden ver el semáforo. Mientras
más fluido el tráfico en la rotonda, mejor.
Cristo Redentor y segundo anillo. Bueno el achicamiento por ahora;
lástima que la rotonda esté descentrada con respecto al anillo. Cambiar esta
intersección seguirá siendo pasatiempo favorito del alcalde de turno.
Doble vía a La Guardia y tercer anillo. Girar a la izquierda demora
una eternidad. Hay que reprogramar los semáforos o aumentar un carril de
giro, como los micreros ya lo hicieron ipso facto.
* Ingeniero Civil y Periodista de EL DEBER