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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 14, Marzo de 2004

Desorden. Este comerciante del mercado La Ramada arrastra la basura hasta el otro lado de la acera. Este centro es considerado como el tercero más sucio de la ciudad

La suciedad es lo peor de los mercados


Sondeo. Lo dicen 300 personas consultadas en La Ramada, Abasto y Los Pozos. El desorden es otro mal que detectaron, tanto compradores como vendedores. Quieren cambiar la situación, pero no saben cómo


Verónica Paz S.

El 80% de las personas que hacen compras en La Ramada, Abasto y Los Pozos identifica a la suciedad y el desorden como los dos principales problemas que se deben resolver en los mercados de la ciudad. Esas deficiencias también fueron apuntadas por el 75% de los comerciantes asentados en estos centros de abastecimientos.
A pesar de la falta de higiene, los mercados se mantienen como los principales centros de compra para algunos sectores de la sociedad cruceña, porque están próximos a las zonas residenciales y porque los productos de la canasta familiar son más variados y algunos se encuentran a precios más bajos.
Sin embargo, para la mayoría de los comerciantes consultados, el problema debe ser resuelto por las autoridades municipales porque ellos tienen poco que hacer para mejorar la higiene y el orden. Aunque algunos usuarios los responsabilizan de los problemas.
"La mayor parte del año los mercados son un desastre. Los vendedores ambulantes se asientan donde quieren y dejan la basura en cualquier lado”, se quejó Marina Salazar, una asidua cliente del mercado Los Pozos.
Según la ‘caserita’, como identifican los gremiales a sus clientes, el control que realiza el Municipio es deficiente y la debilidad es aprovechada por los vendedores para ubicarse en cualquier lugar.
Por su parte, la comerciante de verduras Justina Balderrama aceptó que el mercado Los Pozos es desordenado y sucio, sobre todo en las aceras donde venden los ambulantes. Ella admitió que también contribuye al caos porque abandona su caseta para asentarse en las aceras.
"Tuve que sacar mi mercadería a la calle para no morirme de hambre. La competencia desleal casi me deja en la quiebra", justificó.
A su vez, Sandra Mamani, vendedora de alimentos en el Abasto dijo que no siempre la responsabilidad por el orden y la limpieza en el mercado recae sobre los comerciantes, sino también sobre los usuarios que muchas veces no cumplen con las normas de higiene.
"Yo cuido el espacio donde vendo, pero las personas que me compran no hacen ni el mínimo esfuerzo por echar su basura donde corresponde", deslindó su responsabilidad la vendedora.
Por su parte, Carla Cárdenas, admitió que como compradora contribuye para que persista el desorden en los mercados. Aseguró que por comodidad adquiere productos que los ambulantes exponen en las calles.
Según la socióloga Daniela Gaya, el problema en los mercados es el resultado de la poca cultura urbana. Muchas personas anteponen su comodidad antes que la limpieza y el orden. "Somos muy comodones y compramos lo que tenemos a mano. La gente no entra a los mercados porque es más fácil adquirir un producto en la calle que dentro del él. El orden depende tanto de los compradores como de los vendedores", sostuvo. La psicóloga social Isabella Prado, de Cedure, asegura que la falta de conciencia y educación de la ciudadanía son los principales enemigos de una ciudad que no tiene quien la defienda.

Gendarmes y ambulantes juegan al gato y al ratón

Observar a los policías municipales seguir a los vendedores ambulantes es como presenciar un dibujo animado de Tom y Jerry. Ante el mínimo descuido de los funcionarios, los comerciantes aprovechan el momento para ofrecer sus productos a los transeúntes.
"No podemos ni pestañar, porque cuando damos la vuelta, la gente sale a las calles para exponer sus productos. La vigilancia debe ser permanente, de lo contrario el esfuerzo es vano", dijo un gendarme de la Dirección Municipal de Industria y Comercio.
Un vendedor ambulante reconoció que están pendientes de perderse de la vista de los gendarmes para sacar sus productos a la calle sin que se lo decomisen. "No podemos dejar de vender un día porque es nuestra única fuente de ingreso", dijo Constantina Cortez, vendedora de abarrotes.
Los compradores admiten la incómoda tarea de los gendarmes, para sacar a los informales de los centros de abastecimientos, pero la vez creen que es necesario imponer el orden para que poco a poco se haga una costumbre. “Sabemos que los comerciantes comen con lo que ganan en el día, pero si nadie pone orden, se corre el riesgo de que cada día el caos sea peor y después no se pueda controlar”, agregó la mujer.

Al Abasto lo ven como el más sucio

El mercado El Abasto fue considerado como el más sucio de la ciudad por el 45% de las 300 personas, entre comerciantes y compradores, consultadas por EL DEBER.
En segundo lugar, pero con el 35%, se encuentra La Ramada y en la tercera posición figura el mercado de Los Pozos.
El Abasto, ubicado al final de la avenida Piraí y cuarto anillo, está bordeado de un canal de drenaje que, en algunos casos, es ocupado por los comerciantes.
Durante un recorrido que realizó EL DEBER por ese centro de abastecimiento, se constató el asentamiento de vendedores en la parte externa del mercado, en algunos casos alcanzan la rotonda del cuarto anillo. El lugar estaba cubierto de hojas, frutas, verduras, legumbres en estado de descomposición. Los comerciantes manipulan los alimentos sin tomar en cuenta las normas básicas de higiene.

La baja venta les obliga salir a las calles

En el sondeo que realizó EL DEBER a 150 comerciantes también se evidenció que muchos de los vendedores ambulantes han dejado sus puestos fijos en los mercados, para salir a la calle en busca de clientes. Los testimonios recogidos demuestran lo que tienen que vivir muchos de los comerciantes para decidirse a buscar una solución a su problema.
La disminución de las ventas es uno de los factores que los impulsa a buscar alternativas para sobrevivir en una sociedad donde “hay más vendedores que compradores”, como textualmente lo señalan los mismos comerciantes.
Muchos de ellos reclaman las pocas opciones que le ofrecen las autoridades para dejar las calles y establecerse en el mercado formal sin tener que dejar de trabajar para sostener a sus familias. Ante esta situación aseguran que seguirán buscando un medio de subsistencia, que en la mayoría de los casos de la gente de escasos recursos es el comercio, y además informal.
La mayoría de las personas que se dedican a esta actividad provienen del interior del país, buscando mejores alternativa de vida.

 

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