El egoísmo tonto
Willi Noack
Un diagnóstico de la situación actual, aunque sea cruel por ser verídico, es
imprescindible para que de una vez no sigamos curando síntomas sin erradicar el
mal por sus raíces. ¿Cuál es el mal? Un desenfrenado egoísmo en toda la
sociedad, con una desenfrenada ambición de hacerse rico sea como sea. Prevalecen
los intereses personales y/o grupales por encima del interés colectivo.
Es un egoísmo muy tonto. La Bolivia privilegiada (somos miembros de ella, usted,
estimado lector, y yo, pues la otra Bolivia no lee diariamente un periódico)
permite un estilo de vida que, por ejemplo, en Alemania tiene poca gente, porque
se cuenta con empleados mal pagados y se tienen amigos que facilitan los
trámites, para dar solamente dos ejemplos. Como miembros de esta Bolivia podemos
gozar de muchos privilegios, no siempre previstos en las leyes. Esta Bolivia de
los privilegiados tiene mucho que perder, pues se nutre de la desigualdad
social.
La otra Bolivia es la excluida, marginada, sin futuro y, admitámoslo, con
personas bastante flojas y sin gran predisposición de sacrificarse para ‘tener’
(quieren tener pero gratuitamente). Los marginados son esencialmente
‘necesarios’ para que los primeros puedan gozar de sus privilegios. Los
excluidos están cada vez mejor organizados (telefonía celular, Internet,
asesoramiento, dinero, respaldo político internacional, votantes) y están con
creces en condiciones de quitarles a los privilegiados sus privilegios. Están
más decididos a luchar, pues no arriesgan o no perderían casi nada. En esta
lucha intervienen exigencias por la justicia social, pero también fuertes
sentimientos de venganza.
¿Por qué denuncio a los privilegiados como egoístas tontos? Pues no entienden la
amenaza del ‘o nos cambiamos o nos cambian’. En concreto: ¿qué pasará si el Plan
de Mesa fracasa? Para que funcione, los privilegiados tienen que cargar con una
contribución, pero este egoísmo tonto lo inhibe en un momento en que ya no es
suficiente lamentar la ‘brecha’, sino que ya ha llegado el momento de aportar
para cerrarla.
El capitalismo con responsabilidad social permite que empresarios ganen lo que
su emprendimiento les faculta. Hay multimillonarios como Bill Gates. ¡Pero el
Estado recauda un elevadísimo porcentaje de la ganancia! Y la evasión impositiva
representa un elevado riesgo de encarcelamiento. La cultura de pagar impuestos
no existe entre muchos privilegiados de Bolivia, y con habilidad se citan casos
de evasores ilustres, para justificar el rechazo propio a la contribución. Pero
no es el impuesto sino la aceptación que todos tienen que aportar para que no
entre en bancarrota el Estado, después de una hiperinflación como en 1985.
La sociedad tontamente egoísta no es viable. Su enfermedad (Alcides A. nos manda
saludos...) es que los privilegiados egoístas quieren seguir con su vida
acomodada y acostumbrada y no interpretan las señales fácilmente detectables de
que la Bolivia excluida se muestra cada vez más impaciente y exigente, hasta
emborrachada por las primeras victorias logradas contra el ‘establishment’.
‘O nos cambiamos o nos cambian’. O evolución o revolución.
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