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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 14, Marzo de 2004

../images/blanco.gifEl egoísmo tonto



Willi Noack

Un diagnóstico de la situación actual, aunque sea cruel por ser verídico, es imprescindible para que de una vez no sigamos curando síntomas sin erradicar el mal por sus raíces. ¿Cuál es el mal? Un desenfrenado egoísmo en toda la sociedad, con una desenfrenada ambición de hacerse rico sea como sea. Prevalecen los intereses personales y/o grupales por encima del interés colectivo.
Es un egoísmo muy tonto. La Bolivia privilegiada (somos miembros de ella, usted, estimado lector, y yo, pues la otra Bolivia no lee diariamente un periódico) permite un estilo de vida que, por ejemplo, en Alemania tiene poca gente, porque se cuenta con empleados mal pagados y se tienen amigos que facilitan los trámites, para dar solamente dos ejemplos. Como miembros de esta Bolivia podemos gozar de muchos privilegios, no siempre previstos en las leyes. Esta Bolivia de los privilegiados tiene mucho que perder, pues se nutre de la desigualdad social.
La otra Bolivia es la excluida, marginada, sin futuro y, admitámoslo, con personas bastante flojas y sin gran predisposición de sacrificarse para ‘tener’ (quieren tener pero gratuitamente). Los marginados son esencialmente ‘necesarios’ para que los primeros puedan gozar de sus privilegios. Los excluidos están cada vez mejor organizados (telefonía celular, Internet, asesoramiento, dinero, respaldo político internacional, votantes) y están con creces en condiciones de quitarles a los privilegiados sus privilegios. Están más decididos a luchar, pues no arriesgan o no perderían casi nada. En esta lucha intervienen exigencias por la justicia social, pero también fuertes sentimientos de venganza.
¿Por qué denuncio a los privilegiados como egoístas tontos? Pues no entienden la amenaza del ‘o nos cambiamos o nos cambian’. En concreto: ¿qué pasará si el Plan de Mesa fracasa? Para que funcione, los privilegiados tienen que cargar con una contribución, pero este egoísmo tonto lo inhibe en un momento en que ya no es suficiente lamentar la ‘brecha’, sino que ya ha llegado el momento de aportar para cerrarla.
El capitalismo con responsabilidad social permite que empresarios ganen lo que su emprendimiento les faculta. Hay multimillonarios como Bill Gates. ¡Pero el Estado recauda un elevadísimo porcentaje de la ganancia! Y la evasión impositiva representa un elevado riesgo de encarcelamiento. La cultura de pagar impuestos no existe entre muchos privilegiados de Bolivia, y con habilidad se citan casos de evasores ilustres, para justificar el rechazo propio a la contribución. Pero no es el impuesto sino la aceptación que todos tienen que aportar para que no entre en bancarrota el Estado, después de una hiperinflación como en 1985.
La sociedad tontamente egoísta no es viable. Su enfermedad (Alcides A. nos manda saludos...) es que los privilegiados egoístas quieren seguir con su vida acomodada y acostumbrada y no interpretan las señales fácilmente detectables de que la Bolivia excluida se muestra cada vez más impaciente y exigente, hasta emborrachada por las primeras victorias logradas contra el ‘establishment’.
‘O nos cambiamos o nos cambian’. O evolución o revolución.

www.eforobolivia.org

 

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