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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 14, Marzo de 2004

../images/blanco.gifMatrimonio civil colectivo



Paulovich ®®La noticia de perfil

Una insólita ceremonia matrimonial se llevó a cabo ayer cuando más de cien parejas que vivían en concubinato se casaron ante la ley ejercida por veinticinco oficiales del Registro Civil y ante numerosos invitados por los contrayentes y la Facultad de Derecho de la UMSA que organizó esta boda civil y colectiva.
Cuando mi esposa me sorprendió ayer aplicándome un desodorante en las axilas creyó sorprenderme en los preparativos para un acto de traición conyugal, pero la descoloqué cuando le dije: “No se trata de ningún adulterio senil, pues sólo me alisto para asistir a un matrimonio al por mayor”.
Me pidió que le explicara qué cuernos era eso y le dije que no se trataba de ningunos cuernos sino de unos matrimonios civiles protagonizados por parejas que antes vivían en concubinato y que los cuernos vendrían después. Ella se alegró de que estas parejas se casaran aunque sólo fuera civilmente, opinión que contrastó con la mía cuando le dije: “no entiendo para qué se van a casar si ahora están enamorados, se quieren, y viven juntos hace tiempo. Yo sigo sosteniendo con mi amigo español Jardiel Poncela que ‘el matrimonio es la tumba del amor’, así fuera solamente ante la Ley”.
Me preguntó muy triste “¿es que nuestro amor ha muerto por habernos casado...?”. Inmediatamente le dije que no porque nosotros nos habíamos casado ante Dios y que por eso nuestra unión ya contabilizaba 17.368 días con sus noches, aunque tuve que confesarle que en esta cuenta también había sumado algunas noches que no dormí en casa por motivo de viajes. Ella me besó castamente en la oreja y continuamos conversando mientras yo continuaba aplicándome desodorante en las axilas y otras partes de mi body, como buen cholo que soy.
Ella insistió en que le parecía magnífica la idea de la Facultad de Derecho de legalizar la unión de estas parejas que ‘ya se vivían’, pero como soy malicioso le dije: “Es que estos abogados soy muy inteligentes y seguramente, pensaron en que no se puede divorciar a las parejas que no están casadas y ahora sí podrán hacerlo”. Mi argumentación no le gustó y ella hizo votos para que estos matrimonios durasen por una eternidad, deseo al que tuve que asociarme y también desear felicidad a los contrayentes, llamados así porque contrajeron el virus del amor, que es una enfermedad que acaba por tirarnos a todos a la cama, víctimas de extrañas calenturas que los médicos modernos llaman fiebres altas.
Cuando ya me encontraba emperifollado y con mucha brillantina en el pelo, mi esposa me rogó que siguiendo a otros invitados que llevarían tortas, mariachis, orquestas y bandas de música yo llevara a la ceremonia de marras al Padre Beneyto de la Compañía de Jesús. Le dije a mi esposa que los contrayentes podrían asustarse al ver a un cura que podría imponerles la extremaunción, pero ella me aclaró su proposición y dijo: Lleva al Padre Beneyto para que también los case por lo religioso y así esas parejas podrán ser más felices con la bendición de Dios y para toda la vida”.

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