Matrimonio civil colectivo
Paulovich ®®La noticia de perfil
Una insólita ceremonia matrimonial se llevó a cabo ayer cuando más de cien
parejas que vivían en concubinato se casaron ante la ley ejercida por
veinticinco oficiales del Registro Civil y ante numerosos invitados por los
contrayentes y la Facultad de Derecho de la UMSA que organizó esta boda civil y
colectiva.
Cuando mi esposa me sorprendió ayer aplicándome un desodorante en las axilas
creyó sorprenderme en los preparativos para un acto de traición conyugal, pero
la descoloqué cuando le dije: “No se trata de ningún adulterio senil, pues sólo
me alisto para asistir a un matrimonio al por mayor”.
Me pidió que le explicara qué cuernos era eso y le dije que no se trataba de
ningunos cuernos sino de unos matrimonios civiles protagonizados por parejas que
antes vivían en concubinato y que los cuernos vendrían después. Ella se alegró
de que estas parejas se casaran aunque sólo fuera civilmente, opinión que
contrastó con la mía cuando le dije: “no entiendo para qué se van a casar si
ahora están enamorados, se quieren, y viven juntos hace tiempo. Yo sigo
sosteniendo con mi amigo español Jardiel Poncela que ‘el matrimonio es la tumba
del amor’, así fuera solamente ante la Ley”.
Me preguntó muy triste “¿es que nuestro amor ha muerto por habernos casado...?”.
Inmediatamente le dije que no porque nosotros nos habíamos casado ante Dios y
que por eso nuestra unión ya contabilizaba 17.368 días con sus noches, aunque
tuve que confesarle que en esta cuenta también había sumado algunas noches que
no dormí en casa por motivo de viajes. Ella me besó castamente en la oreja y
continuamos conversando mientras yo continuaba aplicándome desodorante en las
axilas y otras partes de mi body, como buen cholo que soy.
Ella insistió en que le parecía magnífica la idea de la Facultad de Derecho de
legalizar la unión de estas parejas que ‘ya se vivían’, pero como soy malicioso
le dije: “Es que estos abogados soy muy inteligentes y seguramente, pensaron en
que no se puede divorciar a las parejas que no están casadas y ahora sí podrán
hacerlo”. Mi argumentación no le gustó y ella hizo votos para que estos
matrimonios durasen por una eternidad, deseo al que tuve que asociarme y también
desear felicidad a los contrayentes, llamados así porque contrajeron el virus
del amor, que es una enfermedad que acaba por tirarnos a todos a la cama,
víctimas de extrañas calenturas que los médicos modernos llaman fiebres altas.
Cuando ya me encontraba emperifollado y con mucha brillantina en el pelo, mi
esposa me rogó que siguiendo a otros invitados que llevarían tortas, mariachis,
orquestas y bandas de música yo llevara a la ceremonia de marras al Padre
Beneyto de la Compañía de Jesús. Le dije a mi esposa que los contrayentes
podrían asustarse al ver a un cura que podría imponerles la extremaunción, pero
ella me aclaró su proposición y dijo: Lleva al Padre Beneyto para que también
los case por lo religioso y así esas parejas podrán ser más felices con la
bendición de Dios y para toda la vida”.
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