Un boliviano resultó muerto en Madrid
Duelo. Cirios encendidos en cercanías de la estación de Atocha en Madrid
AFP. La Paz
Terror. La Cancillería de la República informó
que Juan Antonio Sánchez Quispe se encuentra entre las personas muertas en el
atentado del jueves. Otro connacional está herido en un hospital madrileño.
Un muerto y otro herido figuran entre las
víctimas bolivianas de los atentados en serie perpetrados el jueves en Madrid,
que costaron la vida a 200 personas y lesiones a más de 1.500, informó ayer el
Ministerio de Relaciones Exteriores.
Juan Antonio Sánchez Quispe, “cuyos datos migratorios no fueron registrados por
el Consulado de Bolivia en España”, pereció en las explosiones, según un
comunicado expedido por la Cancillería.
Con el propósito de encontrar a los familiares de la víctima fatal del atentado
en España, el Ministerio de Relaciones Exteriores recibe informaciones en el
teléfono 2408584 de La Paz y el correo electrónico xguzman@rree.gov.bo.
La Embajada de Bolivia en España apoyará a la esposa del boliviano herido,
Fresia Barrientos, para que pueda trasladarse hasta el país europeo en las
próximas horas, añade el informe gubernamental.
Otro boliviano, Henry Arnoldo Rojas Peredo, de 40 años de edad, está internado
en el hospital madrileño ‘12 de Octubre’, con heridas de gravedad e
inconsciente, según declaró Fresia Bertha Barrientos, radicada con cuatro hijos
en la ciudad boliviana de Cochabamba.
“Está muy delicado (..). Tiene complicaciones en los pulmones por el impacto y
le han operado de un ojo. Además tiene problemas en el bazo. Sin embargo, los
médicos le dijeron a mis parientes que se encuentra estable, pero todavía no
había reacción”, dijo Barrientos a la prensa.
La esposa del boliviano herido pidió solidaridad para reunir dinero para los
boletos de avión, en tanto agradeció la colaboración de la embajada de España en
La Paz que le franqueó los trámites administrativos de visado.
Los bolivianos se mostraron solidarios con los familiares de las víctimas del
atentado y, junto a residentes españoles en La Paz, asistieron masivamente la
noche del viernes a una misa oficiada por el arzobispo de El Alto, monseñor
Jesús Juárez, de nacionalidad española.
El embajador español en La Paz, Víctor Fagilde, agradeció la presencia en los
oficios de varios ex presidentes y otras autoridades bolivianas, y a los
ciudadanos que dejaron flores en el exterior del edificio de la embajada en esta
ciudad.
Fuentes de la misión señalaron que sus teléfonos quedaron saturados entre el
jueves y ayer por la enorme cantidad de condolencias que recibió.
“Es el momento ya de la serenidad, de la templanza que los terroristas no
tienen, y es el momento de seguir caminando... el pueblo español es un pueblo
fuerte y vamos a salir de esto”, dijo.
María Eva Segura | Filóloga española
En ese tren íbamos
todos
"En ese tren íbamos todos". Uno de los lemas de
la manifestación que antes de ayer colapsó las calles del centro de Madrid y del
resto de las ciudades españolas. Al mismo tiempo, una realidad. En ese tren
íbamos todos: madrileños, catalanes o andaluces; también aquellos que vivimos
fuera de nuestro país y que hubiéramos dado cualquier cosa por poder hacer
patentes nuestra incredulidad y nuestro dolor ante semejante acto de crueldad
innecesaria.
Ser español implica, desafortunadamente, la convivencia con el terrorismo; pero
nada te prepara para afrontar una desgracia de semejante magnitud. Todos vivimos
el 11 de septiembre norteamericano como una gran catástrofe; pero, al mismo
tiempo, como algo lejano. Sin embargo, al hablar con la familia o los amigos
horas después del atentado en Madrid, sentías el mismo vacío y la misma
conmoción que habías escuchado de los estadounidenses tras el ataque a las
torres gemelas.
Durante varias horas, el temor se apoderó de una ciudad que normalmente acoge
las noticias de nuevos atentados terroristas con exasperación, pero también con
serenidad. Las personas que circularon por las calles próximas a la zona del
siniestro relatan que era como vivir la escena de Abre los ojos, en la que el
protagonista camina angustiado por un Madrid yermo, vacío de vida.
Saber quién es el responsable de esta masacre es importante, por supuesto. Pero
más importante aún es aprender a seguir viviendo en un mundo que se encuentra
patas arriba. Por eso, las manifestaciones de solidaridad -las de mayor
concurrencia que jamás se hayan vivido en España- son una forma de expresar
indignación y pesar; pero, al mismo tiempo, la única manera democrática de
seguir adelante.
En una parte de la sociedad española se sigue escuchando una cantinela muchas
veces repetida: "Las manifestaciones no sirven para nada". La realidad cuenta
una situación muy diferente. La población está harta de los actos de violencia,
harta de sufrir sus consecuencias y de no ver el fin de un problema que dura ya
muchos años, pero tiene una cosa muy clara: no quiere responder a la violencia
con más violencia. Así que, lo único que le queda es echarse a la calle y
solidarizarse con las víctimas, al tiempo que lucha por la paz con las únicas
armas que una sociedad con profundo hábito democrático puede admitir: la palabra
y la unidad.
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