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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 14, Marzo de 2004

../20040314/images/in2.jpgUn boliviano resultó muerto en Madrid


Duelo. Cirios encendidos en cercanías de la estación de Atocha en Madrid


AFP. La Paz

Terror. La Cancillería de la República informó que Juan Antonio Sánchez Quispe se encuentra entre las personas muertas en el atentado del jueves. Otro connacional está herido en un hospital madrileño.

Un muerto y otro herido figuran entre las víctimas bolivianas de los atentados en serie perpetrados el jueves en Madrid, que costaron la vida a 200 personas y lesiones a más de 1.500, informó ayer el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Juan Antonio Sánchez Quispe, “cuyos datos migratorios no fueron registrados por el Consulado de Bolivia en España”, pereció en las explosiones, según un comunicado expedido por la Cancillería.
Con el propósito de encontrar a los familiares de la víctima fatal del atentado en España, el Ministerio de Relaciones Exteriores recibe informaciones en el teléfono 2408584 de La Paz y el correo electrónico xguzman@rree.gov.bo.
La Embajada de Bolivia en España apoyará a la esposa del boliviano herido, Fresia Barrientos, para que pueda trasladarse hasta el país europeo en las próximas horas, añade el informe gubernamental.
Otro boliviano, Henry Arnoldo Rojas Peredo, de 40 años de edad, está internado en el hospital madrileño ‘12 de Octubre’, con heridas de gravedad e inconsciente, según declaró Fresia Bertha Barrientos, radicada con cuatro hijos en la ciudad boliviana de Cochabamba.
“Está muy delicado (..). Tiene complicaciones en los pulmones por el impacto y le han operado de un ojo. Además tiene problemas en el bazo. Sin embargo, los médicos le dijeron a mis parientes que se encuentra estable, pero todavía no había reacción”, dijo Barrientos a la prensa.
La esposa del boliviano herido pidió solidaridad para reunir dinero para los boletos de avión, en tanto agradeció la colaboración de la embajada de España en La Paz que le franqueó los trámites administrativos de visado.
Los bolivianos se mostraron solidarios con los familiares de las víctimas del atentado y, junto a residentes españoles en La Paz, asistieron masivamente la noche del viernes a una misa oficiada por el arzobispo de El Alto, monseñor Jesús Juárez, de nacionalidad española.
El embajador español en La Paz, Víctor Fagilde, agradeció la presencia en los oficios de varios ex presidentes y otras autoridades bolivianas, y a los ciudadanos que dejaron flores en el exterior del edificio de la embajada en esta ciudad.
Fuentes de la misión señalaron que sus teléfonos quedaron saturados entre el jueves y ayer por la enorme cantidad de condolencias que recibió.
“Es el momento ya de la serenidad, de la templanza que los terroristas no tienen, y es el momento de seguir caminando... el pueblo español es un pueblo fuerte y vamos a salir de esto”, dijo.

María Eva Segura | Filóloga española

En ese tren íbamos todos

"En ese tren íbamos todos". Uno de los lemas de la manifestación que antes de ayer colapsó las calles del centro de Madrid y del resto de las ciudades españolas. Al mismo tiempo, una realidad. En ese tren íbamos todos: madrileños, catalanes o andaluces; también aquellos que vivimos fuera de nuestro país y que hubiéramos dado cualquier cosa por poder hacer patentes nuestra incredulidad y nuestro dolor ante semejante acto de crueldad innecesaria.
Ser español implica, desafortunadamente, la convivencia con el terrorismo; pero nada te prepara para afrontar una desgracia de semejante magnitud. Todos vivimos el 11 de septiembre norteamericano como una gran catástrofe; pero, al mismo tiempo, como algo lejano. Sin embargo, al hablar con la familia o los amigos horas después del atentado en Madrid, sentías el mismo vacío y la misma conmoción que habías escuchado de los estadounidenses tras el ataque a las torres gemelas.
Durante varias horas, el temor se apoderó de una ciudad que normalmente acoge las noticias de nuevos atentados terroristas con exasperación, pero también con serenidad. Las personas que circularon por las calles próximas a la zona del siniestro relatan que era como vivir la escena de Abre los ojos, en la que el protagonista camina angustiado por un Madrid yermo, vacío de vida.
Saber quién es el responsable de esta masacre es importante, por supuesto. Pero más importante aún es aprender a seguir viviendo en un mundo que se encuentra patas arriba. Por eso, las manifestaciones de solidaridad -las de mayor concurrencia que jamás se hayan vivido en España- son una forma de expresar indignación y pesar; pero, al mismo tiempo, la única manera democrática de seguir adelante.
En una parte de la sociedad española se sigue escuchando una cantinela muchas veces repetida: "Las manifestaciones no sirven para nada". La realidad cuenta una situación muy diferente. La población está harta de los actos de violencia, harta de sufrir sus consecuencias y de no ver el fin de un problema que dura ya muchos años, pero tiene una cosa muy clara: no quiere responder a la violencia con más violencia. Así que, lo único que le queda es echarse a la calle y solidarizarse con las víctimas, al tiempo que lucha por la paz con las únicas armas que una sociedad con profundo hábito democrático puede admitir: la palabra y la unidad.

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