|







|
 |
|
| EDITORIAL |
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 13, Marzo de 2004
|
| >>
Siempre chocando |
Desde que el mundo es mundo y entre sus habitantes hay brechas insalvables,
sociales, políticas o económicas, vivir chocando unos con otros es cosa de no
acabar porque no tiene remedio.
La naturaleza irreconciliable de los intereses de unos y otros es factor que
genera los choques de todos los días. Nunca, a no ser que se operen
transformaciones radicales en la naturaleza humana, van a ser iguales los
intereses de los ricos frente a los de los pobres. Nunca iguales sus anhelos,
sus aspiraciones e incluso sus formas de pensar.
Tal vez se logre una coincidencia frente al enemigo común, frente a la tragedia
o el desastre generalizados. Allí seguramente, agobiados todos bajo el signo del
dolor y de la muerte, pueden aparecer señales de unidad, sentimientos profundos
de solidaridad. Mas, bastará con que se disipen los negros nubarrones del
infortunio común para que cada cual de los individuos de nuestra especie se
cierre en medio de sus propios intereses o a lo sumo en los de su clase social o
de su sector político o de su gremio.
Tomando en cuenta este patrón de comportamiento que es estrictamente real, es
fácil llegar a la conclusión de que resulta extremadamente difícil, si no
imposible, ser guía, manejar los destinos de los pueblos, gobernarlos, para
decirlo de manera directa.
Guiar, manejar, gobernar a pueblos que están separados por profundas brechas,
tiene prácticamente el carácter de misión imposible. Una norma, una obligación,
sean de orden económico o administrativo, invariablemente afectan a los de
arriba o a los de abajo, o lo que es lo mismo, a los ricos o a los pobres.
Los ricos se resisten a soportar el peso de las cargas y esa resistencia se
traduce automáticamente en protestas, amenazas o medidas de hecho. Y si por el
contrario el peso de las cargas recae sobre los sectores empobrecidos, entonces
arrecian las protestas, las amenazas y en cuanto a las medidas de hecho, pues
por lo general se tiñen de violencia, de sangre y de muerte.
Chocar es cosa inevitable, y aunque imaginamos que el fenómeno es universal,
creemos que en la parte que concierne a nuestro país, la situación es más
dramática porque desconocemos las fórmulas, los medios para concertar, para
establecer el equilibrio.
No por nada es que en Bolivia, unas veces son los ricos y otras veces son los
pobres los que están en pie de guerra. De disconformes están copados nuestros
cuadros ciudadanos.
|
|
|