Un libro de H.C.F. Mansilla
Pedro Shimose
Felipe Mansilla forma parte de un grupo eminente de intelectuales bolivianos
que, mediante el ensayo académico, ha contribuido a hacer comprensible lo
complejo de nuestra sociedad.
Autor prolífico, trabajador metódico, pensador exigente, filósofo escéptico,
analista riguroso, Mansilla ha publicado alrededor de treinta obras entre
folletos, separatas y libros como éste que hoy comento: El carácter conservador
de la nación boliviana (Santa Cruz, editorial El País, 2003; 92 págs.)
Mansilla fue quien incorporó a la bibliografía en español el primer libro sobre
la Escuela de Frankfurt (Herbert Marcuse, Adorno, Habermas, Horkheimer). Lo
publicó la editorial española Seix Barral, en 1970, con el título de
Introducción a la teoría crítica de la sociedad. Desde entonces, Felipe no ha
dejado de recorrer el mundo, dar conferencias, escribir estudios monográficos y
amar a Bolivia.
El amor a nuestro país de este hombre nacido en Buenos Aires, en 1942, de padres
bolivianos y boliviano por elección, se mide no por manifiestos y proclamas
demagógicas, sino por su indeclinable interés por las cuestiones bolivianas y su
afán de analizar las raíces de nuestros problemas.
“El carácter conservador de la nación boliviana” es valiente, lúcido y oportuno,
llega en buena hora.
Valiente, porque hay que tener agallas para echarle en cara a sus paisanos
(sobre todo, a los bolivianos del altiplano), su mentalidad pertrechada en un
tradicionalismo negado a la modernidad, cerrada al mundo y a la actualidad.
Lúcido, porque, a pesar de algunas reticencias y varias explicaciones
marginales, Mansilla es un pensador claro en el razonamiento y brillante en la
exposición de sus argumentos, cosa rara en un país de leguleyos, proclive a la
elipsis, el encubrimiento retórico y el silogismo altoperuano.
Y oportuno, porque ya era hora de que alguien le cantara las cuarenta a las
oligarquías retrógradas de Bolivia (las políticas, las indigenistas, las
sindicales, etc.) haciéndoles ver que las malas e inveteradas costumbres que
paralizan el país, bloquean -como se bloquean los caminos y las calles- su
modernización y nos convierte en más pobres y más desgraciados.
Hoy hablamos de crisis de Estado, de crisis nacional y de crisis de la
democracia, pero en el fondo debería hablarse de la crisis de los partidos
tradicionales. A ellos, Felipe les dedica un capítulo que resume su reflexión
ordenada. La conclusión, mi conclusión como lector, es que todos ellos tienen un
común denominador: Son retrógrados, tradicionalistas y reaccionarios, por mucho
que lleven la etiqueta de ‘nacionalistas revolucionarios’, ‘de izquierda
revolucionaria’, ‘movimiento al socialismo’ o pretendan escindirse de Bolivia
para fundar naciones aimaras porque, simplemente, ha llegado ‘la hora de los
indios’. ¿De que indios?¿Esos mestizos universitarios y profesionales de clase
media? ¡Menudo argumento!
Felipe Mansilla ha puesto el dedo en la llaga y no sé si habrá provocado debates
y explosiones de ira y repudio. Entre los políticos profesionales y
parlamentarios, sobre todo, aunque sus polémicas reflexiones y sus afilados
dardos también se dirigen al catolicismo y a los empresarios de Bolivia.
“El carácter conservador de la nación boliviana” es un libro de veras importante
y convendría que los bolivianos lo leyeran; en especial, aquellos que aspiren a
tener voz y voto en la futura Asamblea Constituyente que se anuncia como si
fuera la panacea que, por arte de magia, curará todos nuestros males. Nuestro
país no cambiará si no cambia antes nuestra mentalidad y, por lo tanto, nuestra
actitud ante las leyes. //Madrid. 12.03. 2004
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