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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 12, Marzo de 2004

../images/blanco.gifUn libro de H.C.F. Mansilla



Pedro Shimose

Felipe Mansilla forma parte de un grupo eminente de intelectuales bolivianos que, mediante el ensayo académico, ha contribuido a hacer comprensible lo complejo de nuestra sociedad.
Autor prolífico, trabajador metódico, pensador exigente, filósofo escéptico, analista riguroso, Mansilla ha publicado alrededor de treinta obras entre folletos, separatas y libros como éste que hoy comento: El carácter conservador de la nación boliviana (Santa Cruz, editorial El País, 2003; 92 págs.)
Mansilla fue quien incorporó a la bibliografía en español el primer libro sobre la Escuela de Frankfurt (Herbert Marcuse, Adorno, Habermas, Horkheimer). Lo publicó la editorial española Seix Barral, en 1970, con el título de Introducción a la teoría crítica de la sociedad. Desde entonces, Felipe no ha dejado de recorrer el mundo, dar conferencias, escribir estudios monográficos y amar a Bolivia.
El amor a nuestro país de este hombre nacido en Buenos Aires, en 1942, de padres bolivianos y boliviano por elección, se mide no por manifiestos y proclamas demagógicas, sino por su indeclinable interés por las cuestiones bolivianas y su afán de analizar las raíces de nuestros problemas.
“El carácter conservador de la nación boliviana” es valiente, lúcido y oportuno, llega en buena hora.
Valiente, porque hay que tener agallas para echarle en cara a sus paisanos (sobre todo, a los bolivianos del altiplano), su mentalidad pertrechada en un tradicionalismo negado a la modernidad, cerrada al mundo y a la actualidad.
Lúcido, porque, a pesar de algunas reticencias y varias explicaciones marginales, Mansilla es un pensador claro en el razonamiento y brillante en la exposición de sus argumentos, cosa rara en un país de leguleyos, proclive a la elipsis, el encubrimiento retórico y el silogismo altoperuano.
Y oportuno, porque ya era hora de que alguien le cantara las cuarenta a las oligarquías retrógradas de Bolivia (las políticas, las indigenistas, las sindicales, etc.) haciéndoles ver que las malas e inveteradas costumbres que paralizan el país, bloquean -como se bloquean los caminos y las calles- su modernización y nos convierte en más pobres y más desgraciados.
Hoy hablamos de crisis de Estado, de crisis nacional y de crisis de la democracia, pero en el fondo debería hablarse de la crisis de los partidos tradicionales. A ellos, Felipe les dedica un capítulo que resume su reflexión ordenada. La conclusión, mi conclusión como lector, es que todos ellos tienen un común denominador: Son retrógrados, tradicionalistas y reaccionarios, por mucho que lleven la etiqueta de ‘nacionalistas revolucionarios’, ‘de izquierda revolucionaria’, ‘movimiento al socialismo’ o pretendan escindirse de Bolivia para fundar naciones aimaras porque, simplemente, ha llegado ‘la hora de los indios’. ¿De que indios?¿Esos mestizos universitarios y profesionales de clase media? ¡Menudo argumento!
Felipe Mansilla ha puesto el dedo en la llaga y no sé si habrá provocado debates y explosiones de ira y repudio. Entre los políticos profesionales y parlamentarios, sobre todo, aunque sus polémicas reflexiones y sus afilados dardos también se dirigen al catolicismo y a los empresarios de Bolivia.
“El carácter conservador de la nación boliviana” es un libro de veras importante y convendría que los bolivianos lo leyeran; en especial, aquellos que aspiren a tener voz y voto en la futura Asamblea Constituyente que se anuncia como si fuera la panacea que, por arte de magia, curará todos nuestros males. Nuestro país no cambiará si no cambia antes nuestra mentalidad y, por lo tanto, nuestra actitud ante las leyes. //Madrid. 12.03. 2004

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