Manifiesto a la esperanza
Rubens Barbery Knaudt
Parece que es posible convertir la desesperanza en anhelo y suponer que cada
día somos más. Más los que queremos definir una nueva forma de hacer gobierno,
que creemos en la cultura como un factor de integración, de inclusión social,
que en la diversidad aprendamos a respetar al otro. Es la hora del ejercicio
pleno de la ciudadanía, donde el respeto al otro, al distinto, comience por la
responsabilidad individual de aceptar nuestro rol como parte del Estado. Con el
derecho al debate, a disentir, como un factor necesario de construcción que
aporte al esfuerzo de buenas voluntades en el ejercicio de la función pública.
La necesidad de acabar con la dicotomía entre representantes y representados,
del rescate de la cultura del servicio público, donde el ciudadano pueda y
sienta que el político es uno más, que come, duerme, siente, ríe, ama y sufre
como todos, que sigue perteneciendo a la sociedad compuesta por periodistas,
empresarios, policías, militares, sacerdotes, cívicos, y demás categorías que
clasifican. La empatía de reconocer que es posible que aún existan personas que
de verdad quieren aportar, sin agenda escondida, sin intereses particulares, con
y por simple mística y convencimiento en un proyecto colectivo. ¿Será posible
creer en el mañana? ¿Será posible tener esperanza sin susceptibilidades y
teorías conspirativas?
Existen algunos que aún apostamos al futuro, a la oportunidad de crecer, con la
inocencia de que la esperanza necesariamente requiere. No puedo aceptar el
suicidio colectivo a través de la apatía colectiva. Llegó la hora de la
ciudadanía y de comprometernos individualmente y activamente, basta de esperar
soluciones mágicas.
Quiero creer que aún estamos a tiempo, que cada día somos más, que de verdad
podemos, que el pesimismo no puede ganar, que no estamos solos. Por favor,
permítanme seguir soñando.
*Ciudadano en función pública en la Prefectura de Santa Cruz.
|