Héctor Babenco “Estaba ausente de fantasía”
Director. Obtuvo cuatro nominaciones Oscar por El beso de la mujer araña
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El director de El beso de la mujer araña llevó a Mar del Plata, su ciudad
natal, el filme Carandirú, sobre la masacre en la prisión paulista. No lamentó
no haber sido nominado a los Oscar
Un marplatense abrió el miércoles el Festival de Mar del Plata. Afincado en
Brasil, Héctor Babenco (58) dirigió Carandirú, sobre la prisión de San Pablo
donde se masacró a un centenar de presos y que fue la elegida por Brasil para
competir por el Oscar.
- ¿Qué significa que se exhiba en Mar del Plata?
- Lo colocaría en la categoría de una coincidencia feliz, porque en Mar del
Plata fueron mis años de formación, tal vez los más importantes de mi educación
sentimental y de mi curiosidad intelectual. Fue la ciudad que me catapultó para
el mundo. Me fui con 17 años, algunas cosas las retraté en Corazón iluminado. De
ahí me fui a Brasil, de allí a Europa y después ya no pude volver a la Argentina
porque era desertor del Ejército, esa cosa bien fascistoide de los militares
argentinos. Y me quedé en Brasil.
Babenco vive en San Pablo desde que llegó en el 70. Salió de Mar del Plata hace
exactamente 40 años. Va muy poco a Argentina.
"Hasta el año pasado era más práctico llevar a mamá a San Pablo, pero ahora que
está enferma voy prácticamente todos los meses a visitarla", dijo.
- ¿Por qué filmó Carandirú?
- Carandirú aterriza en mi corazón en un momento en el que yo estaba muy ausente
de fantasía, intentando entender qué significaba estar vivo, y no en el sentido
metafórico de la palabra, sino con tus funciones orgánicas y sentirse capaz de
decir algo, porque venía de diez años muy difíciles. Y me cayó en las manos el
libro de Dráuzio (Varella, el médico que ayudó a Babenco a curar su enfermedad),
que yo había acompañado durante su escritura y que nunca imaginé que tendría un
formato final de libro. En ese universo claustrofóbico, una situación muy límite
en términos existenciales, por parte de los personajes. Me gustaba ese lado
tragicómico de los presos, el hecho de que esa cárcel sea de una promiscuidad
casi como una favela, y de que los presos lo acepten como parte de su propio
destino. La presencia del médico, el humor y el absurdo final del ataque insano,
que en 40 minutos mató más de 100 personas sin ninguna razón, con todo eso se
formó un caldo de situaciones. Cuando me di cuenta había pasado un año y escrito
tres guiones. Acabé haciendo la película un poco en piloto automático
retribuyendo psicoanalíticamente a este hombre que me ayudó a sobrevivir.
- ¿Creía que podía entrar para el Oscar?
- No, yo ya estuve —ríe—, ya fui a ese baile, esa milonga la conozco. No, no la
bailé, me convidaron a bailar, no llegué a bailar... Yo estuve con cuatro
nominaciones con El beso..., con El amor es un eterno vagabundo, también dos
veces. Mirá, son las reglas del juego del modelo o el show business americano,
muy de ellos, pero con una repercusión gigantesca.
Un tema que apasiona al director de Pixote es la actualidad del cine brasileño.
"Lo vivo sorprendentemente asustado, porque te das cuenta de que viene una
generación muy preparada, con ganas de contar cosas de su propia generación, y
uno tiene que estar atento para aprender con los otros.
- En el futuro inmediato, al margen de los festivales, ¿en qué está trabajando?
- En fumarme un Montecristo número 4, de aquí a diez minutos... Estoy saliendo
de la resaca del Carandirú, fueron tres años muy, muy agitados, ahora entiendo
lo que es estar desempleado. Uno quiere tener la musculatura y el cerebro
funcionando.
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