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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 09, Marzo de 2004  

>>    ¿Frustraciones definitivas?

Mutún, cerro mítico perdido en el infinito territorio boliviano, dando la cara al poderoso vecino brasileño, en los ardientes parajes del departamento de Santa Cruz de la Sierra, alimentó un tiempo largo nuestras esperanzas.
Por lo que nos entró en la cabeza, -obra de la diligente publicidad estatal apoyada en estudios muy serios-, Mutún constituye, si no la más grande del mundo, una de las mayores reservas de minerales de hierro de todo el orbe, y de otros metales que, aunque de menor valor estratégico, siempre son importantes.
Bueno pues, debidamente cuantificadas y cualificadas las reservas metalíferas de Mutún, nos dimos a pensar de manera legítima en que, en torno de este fabuloso emporio podía no sólo alzar cabeza la postrada Bolivia, sino más que eso, construir nosotros la nueva república. Aturdieron nuestros oídos anhelantes los cantos de sirenas.
Es más todavía. Supimos, pues fue de dominio público, que el poderoso Brasil vivamente interesado en los minerales de hierro y otros que atesora Mutún, para atender a sus propios y urgentes requerimientos, estaba dispuesto a hacer cuantiosas inversiones y hasta a montar una planta siderúrgica, amén de obras viales, estructurales y otros servicios. Si la memoria no nos falla, comisiones y hasta uno de los jefes de Estado de Brasil, vinieron con el propósito de hacer realidad el polo de desarrollo de Mutún.
Todo, en fin, era propicio para empezar a dar forma a una esperanza. Pero los de siempre, los politiqueros, los mendaces, los traficantes, los agitadores profesionales, los demagogos, no trepidaron, como siempre, en alzar sus voces, sus puños agresivos, en marchar tirando piedras con la determinación de impedir que lo de Mutún se hiciera realidad. Y para desgracia nacional, el gobierno de turno, como los del pasado, los del presente y seguro que los del porvenir, se dejó correr con la vaina del sable, aplazó lo de Mutún y nos condenó a una muy amarga frustración.
¿Acaso no se repitió la misma historia, décadas después, con las reservas del mineral de litio que en fabulosos volúmenes puede lograrse del salar de Uyuni en el departamento de Potosí? Una empresa poderosa llegó a Bolivia dispuesta a invertir, para ganar dinero por supuesto, pero al mismo tiempo para que Bolivia aproveche sus dormidas reservas. Nuevas movilizaciones de los mismos de siempre, y el gobierno que se arruga y se somete. La empresa que quería el litio boliviano siguió de largo y se estableció en un país vecino, de los que quedan con gobernantes decididos a agarrar el toro por las astas cuando es preciso.
Dos frustraciones al parecer definitivas. De tantas otras más grandes o más pequeñas, podríamos hablar. De tantas otras, seguramente, nos ocuparemos en el futuro.

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