Aaah, nada mejor que desconectarse del mundanal
ruido, y en pocos lugares se puede conseguirlo tan a plenitud como en
Santiago de Chiquitos. En este pueblito, apartado del resto del mundo, la
vida transcurre a otro ritmo gracias a la generosidad de la naturaleza:
clima templado, serranías, vegetación exuberante, aguas termales, ríos,
caídas de agua, pinturas rupestres, aventuras y noches agradables como para
lograr un sueño reparador.
Seducidos por este edén y conducidos por Alcornoke Tours, un grupo compuesto
por 28 personas decidió escaparse de la farándula carnavalera y refugiarse
en Santiago de Chiquitos, pueblo ubicado a 464 kilómetros al Este de Santa
Cruz.
El bocinazo del tren marcó, con puntualidad inglesa, la partida
de la terminal bimodal. Las nueve horas del viaje hasta Roboré se hicieron
más llevaderas gracias al servicio de comidas de a bordo y porque las
confortables temperaturas de la noche permitían al pasajero conciliar el
sueño, mecido por el vaivén de los vagones.
En la estación de Roboré tomamos un bus para cubrir los 22 kilómetros que
nos separaban hasta Santiago de Chiquitos. Atrás quedó el bullicio del
pueblo alborotado por la llegada del tren y, mientras trepábamos por las
colinas, nos contagiamos de inmediato de la paz y tranquilidad que emanaba
del paisaje ondulado.
Al amanecer, ni siquiera el cansancio del viaje pudo abstraernos del paraíso
santiagueño. Era una fresca mañana de cielos despejados. Los rayos del sol
comenzaban a ingresar por las puertas y ventanas abiertas de par en par
entibiando las gruesas paredes de adobe de las casitas del pueblo.
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| Panorama.
Luego de escalar las serranías, el valle de Tucavaca aparece a nuestros
pies hasta perderse en el horizonte. Mil bondades resultan de la
diferencia de altura entre Santiago y sus alrededores |
Uno levantaba la vista y descubría cómo los alrededores comenzaban a
teñirse de verde empezando a tres cuadras de la plaza y rematando en las
serranías que custodian este paraíso.
Quienes apuestan por el ecoturismo en esta región, saben que Santiago de
Chiquitos, además de acogedor, es el centro natural de una serie de
actividades para el espíritu aventurero.
En cinco minutos del centro, por ejemplo, llegamos a una hacienda cuyo
establo termina abruptamente en una especie de abismo a cuyos pies -cientos
de metros más abajo- nace el valle de Tucavaca que se extiende hasta
perderse en el horizonte.
Dimos media vuelta y frente a la hacienda
comenzamos a escalar las serranías que custodian el pueblo. La caminata
empezó en medio de un bosque espeso que se va raleando a medida que se gana
altura. Árboles robustos ceden su lugar a formaciones rocosas que parecen
desafiar a la fuerza de la gravedad. Son esculturas verticales labradas por
la mano del tiempo y dispersas en la pampa como si se tratara de un salón de
arte.
Qué sería de un paseo si no hubiera agua. Cerca de Santiago las
hay para todos los gustos: aguas calientes, tibias y frías; en lechos de
arena y de roca. El segundo día del programa fuimos a un lugar denominado
Mercedes, a unos 20 minutos del pueblo. Los vehículos llegaron hasta cierto
punto y fue necesario caminar una media hora hasta llegar al río. Mas no fue
una caminata cualquiera. El camino está alfombrado de gigantescas
formaciones rocosas y plantas que brotan de la tierra fértil sedimentaria.
La acción de los vientos y de las aguas, a través de miles de años, ha
logrado esculpir formas exquisitas de tal diversidad que la gente se las
ingenia para encontrarles un parecido: Por aquí una tortuga, más allá un
búho, y, cerca de la copa pétrea, un rostro cachetón.
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| Cosmético.
La damas rejuvenecen con la arcilla del río Aguas Calientes |
No fue fácil para nuestro grupo culminar esta caminata. Gruesas gotas de
sudor surcaban la frente de un camarógrafo de TV que cargaba con su equipo
de trabajo, de algunos padres que llevaban hijos pequeños y de algunas
señoras que lucían sandalias de taco. Pero al final, la recompensa fue
grande pues nos esperaba un río de límpidas aguas donde todo mundo se dio un
chapuzón.
Las mismas formaciones rocosas, esta vez convertidas en lecho de río,
ofrecen al turista la posibilidad de nadar en piscinas naturales o sentarse
a refrescar en pozas más pequeñas o dejar que una caída de agua libere de
tensión los hombros.
El siguiente día de excursión nos deparó una
experiencia sorprendente: los hervores del río Aguas Calientes.
Metido en el río con el agua hasta debajo de la rodilla, uno ya puede sentir
el cosquilleo del hervor, y cuando uno pisa en lo que parece ser una
emanación de agua y arena, el cuerpo se hunde hasta por encima de la
cintura. Al principio uno piensa: ¡arenas movedizas!, pero luego cesa el
hundimiento y empieza a funcionar un hidromasaje de lujo, con arena limpia y
agua burbujeante.
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| Cultura.
El carnaval de Santiago exalta el espíritu festivo de su gente.
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Río abajo, las aguas ya se van enfriando y el turista hasta se da el lujo
de elegir el lugar con la temperatura de su agrado. Fue así que llegamos a
El Burriño, un tramo donde el río corre sin prisa formando una tibia poza,
ideal para nadar y pasar el día entero. En una de sus orillas existe un
barro arcilloso que, aplicado al rostro, libra la piel de impurezas. A falta
de estudios científicos que respalden estas bondades, la piel se siente
tersa y suave luego de quitarse el barro. Al menos así lo confirmaron las
damas que fueron entrevistadas en medio del río por una periodista de
televisión, todas ellas con sus caras embadurnadas con la pasta grisácea.
El último día de carnaval regresamos al pueblo, donde algunos santiagueños
se guasqueaban simbólicamente castigando los 'excesos' de la fiesta, aunque
el espíritu festivo era el mismo que cuando se inició la farándula en las
mismas puertas de la iglesia misional. Los niños aún se agarraban a
vejigazos pero sin recurrir a tintas ni porquerías que pudieran causar daños
a las personas o a las fachadas de las casas.
El crepúsculo invitaba a los vecinos a sentarse en los banquillos que
adornan los aleros de las casas para entablar una animada tertulia con los
visitantes. Así terminamos nuestra estadía en Santiago de Chiquitos,
respirando ese aire fraterno y recordando las aventuras vividas.
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Bienvenida.
La familia Whittaker en pleno recibió a nuestro grupo turístico,
compuesto por 28 personas, para el desayuno campestre en
la Finca Panorama. |
Se quedaron para
siempre
La familia Whittaker no pasa dasapercibida en
Santiago de Chiquitos: Milton, el padre, es alto y luce una barba tupida, y
su esposa Katherine es rubia, al igual que sus cinco hijos. ¿Extranjeros? Ni
soñarlo, nada podría ser tan santiagueño como la familia Whittaker.
Milton llegó a la zona hace más de 35 años desde Indiana, Estados Unidos, en
circunstancia de la guerra de Vietnam. Su país estaba reclutando jóvenes
para enviar los a la contienda, pero Milton se negó a ingresar al ejército
aduciendo que aquello vulneraba sus principios morales y religiosos; a
cambio, eligió la opción que le daba el gobierno de servir a su patria fuera
de sus fronteras.
Así, Milton Whittaker llegó a Santiago de Chiquitos. Comenzó como profesor
en el internado evangélico del pueblo enseñando inglés, francés y técnicas
agropecuarias. Con el correr del tiempo, Milton se fue identificando con las
aspiraciones regionales hasta convertirse en impulsor de la asociación local
de ganaderos y en gestor del servicio de agua potable.
En este pedazo de paraíso escondido que es Santiago, Milton se encontró y se
casó con Katherine, también oriunda de Indiana, con quien tuvo cinco
gringuitos, todos ellos santiagueños.
Ahora la familia es un ícono del lugar, a tal punto que el paquete turístico
comprende una ambrosía y desayuno campestre en la finca Panorama de los
Whittaker. Esperan al turista con leche fresca, queso, yogures de guayaba,
totaí, frambuesa y otras frutas, producidos y elaborados por ellos mismos.
Milton sintetiza el sentir de quienes visitan Santiago con estas palabras:
"Esta zona aún no ha sido perturbada por grandes intereses económicos que
afectan otras regiones turísticas".
Alojamiento.
Hay posadas con baño y agua
caliente. Un moderno hotel está por concluirse.
Educación.
El
internado Jorge Haight marcó época. Ahora los ex alumnos apuntalan el
turismo.
Comidas.
Hay agua
potable. Abunda la carne pero escacean las frutas y verduras.
Eventos.
El Festival
de Música Barroca llegará por primera vez este año.
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| ALIVIO.
Las caminatas, además de entretenidas por sus vistas fabulosas, tuvieron
una recompensa final: ríos y caídas de aguas cristalinas |
Riquezas
Biodiversidad, única en el
planeta
Se han identificado 823 especies de plantas y 931 especies de animales
vertebrados. Algunas especies son endémicas, sólo se encuentran en esta
región.
Chiquitanos y ayoreodes que aún perduran
La región chiquitana tiene gran valor étnico y cultural. Se mantienen los
descendientes de numerosas etnias.
Bosques semihúmedos en estado casi virgen
Este bosque tropical, único en el mundo por su biodiversidad, ha sido muy
poco estudiado. Se mantiene en buen estado.
La Misión que dará que hablar
La iglesia jesuítica misional luce la misma infraestructura que cuando fue
construida, en 1754.