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| EDITORIAL |
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 06, Marzo de 2004
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El que no llora no mama |
Un viejo dicho popular, que como todos los que conocemos tiene extraordinaria
contundencia, destaca que el que no llora no mama. (En realidad, la expresión
correcta es “guagua que no llora, no mama”). Mas, cualesquiera sea la forma
correcta del dicho popular, el sentido será siempre el mismo. Hay que llorar,
hay que desgañitarse gritando si es que se pretende ser escuchado y lograr, en
este país nuestro, prenderse de las rebosantes ubres públicas.
Santa Cruz, su gente, no lloran, no se desgañitan gritando. Muy otro, muy
diferente ha sido siempre el comportamiento cruceño. Problemas, los hemos tenido
como cualquier otra región de la república, e incluso mucho más duros y grandes,
pero en lugar de empezar con los lloriqueos, en lugar de desgañitarnos gritando
con desesperación, les damos la cara, los afrontamos y, por regla general,
salimos del paso aun cuando sea a los tropezones.
En esta parte oriental del país se trabaja y muchos lo hacemos de sol a sol, a
conciencia, poniendo en nuestros oficios, en nuestras ocupaciones, todo el
esfuerzo de que somos capaces. Sin desconocer que nos inquietan como a
cualquiera los avatares de la política, resulta innegable que ésta, para la
mayoría, ocupa un plano secundario. Aquí no nos movemos al son que nos tocan los
políticos, aquí no nos alucinamos con la posibilidad de escalar los peldaños del
éxito guareciéndonos bajo los triunfales estandartes de los partidos o de los
grupos de poder. Lo fundamental para esta comunidad cruceña es el trabajo que,
eso sí, exigimos que siempre esté plenamente garantizado. Lo demás, -y la
política en primer término-, es para nosotros secundario.
Comportamiento que, de todas maneras, es ejemplar, poco nos compensa y, peor que
eso, pocos nos reconocen. Comportamiento que ha dejado, por el contrario, margen
para que se acuñe la idea de que aquí lo tenemos todo, de que aquí no
necesitamos nada y de que, si algo nos falta, si algo precisamos, tenemos
recursos económicos y fuerza para valernos por nosotros mismos y poner al día
nuestras urgencias grandes y pequeñas.
No es justo, sin embargo, que por no practicar el recurso del lloriqueo, del
grito exacerbado de demanda, nos den a la región y a su gente, un tratamiento
nada equitativo a la hora de echarse sobre las espaldas las cargas de la
república. No es justo que las políticas económicas del gobierno –que están
generando un legítimo rechazo regional a estas alturas, afecten de manera grave
a uno de nuestros sectores, y en cambio sean benignas para el mismo sector, pero
de otras regiones del vasto territorio patrio.
Si es incuestionable aquello de que “guagua que no llora no mama” no es menos
rotundo y terminante lo de “cuando la ley es pareja, nadie se queja”. |
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