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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 05, Marzo de 2004  

>>    Mucha labia

Vivimos saltando de seminarios a foros, de foros a talleres, de conferencias a simposios, de reuniones sectoriales y gremiales a congresos. Vivimos, en fin, enzarzados en encuentros con grandes discursos que, o son regionales, los tales encuentros, o son nacionales o lo son internacionales, pero siempre con nuestro asentimiento y nuestra muy puntual participación.
No nos damos abasto para asistir a tanto foro, para decir presente en tanto certamen. Y ojalá se tratasen este foro y ese otro certamen, de los organizadores simplemente o de los tantos que no tienen ninguna otra ocupación que la de asistir a cuanta sandunga le sale al paso. Ahí es donde está lo peor de la tanta labia de que hacemos gala. Involucramos en este ejercicio linguo-bucal, sin pizca de consideración, a gente de trabajo, a autoridades de todo rango, a representantes comprometidos activamente con el servicio o las funciones públicas o privadas y, por supuesto, a los que se mueven dentro de los medios de comunicación, cuya presencia resulta casi inexcusable.
Foros, simposios, certámenes, encuentros de cualquier índole se ajustan a moldes que pueden considerarse clásicos. Duración, no menos de tres días. Y obviamente previa ceremonia de inauguración que, señalada para determinada hora, empieza una o dos más tarde, con enorme y descarado regocijo de los que creen que aquello de la “hora boliviana”, es una viveza, es una gracia muy nuestra, muy criolla.
Nunca las inauguraciones se dan en marcos de sobriedad como sería de esperar en estos tiempos de agudas crisis económicas. Es obligatorio el derroche de bebidas nacionales y extranjeras, y en cuanto a comidas, pues si no se ofrece lo más fino, lo más exquisito, lo más sofisticado, nadie de los oficiosos promotores se libra de la maledicencia. Así que resulta menester tirar la casa por la ventana.
Y si la inauguración es sonada, la clausura no puede ser menos. De nuevo las interminables rondas de buenos tragos, de excelentes bebidas y en seguida, las comidas dignas de comensales de las realezas rancias. Y naturalmente, fijada la clausura para las 20.00 horas, se la tiene a las 21.00 o a las 22.00, porque primero están nuestras vivezas y al tacho con el tiempo que, para los bolivianos, nada vale por lo visto.
Bueno sería que de tanto ejercicio buco-labial sacásemos algún provecho, mejorásemos el país, sus instituciones, sus servicios. Seguimos después, igual o peor, sin alzar cabeza, pero sí con una montaña de papeles, único resultado de los encuentros, que no terminan en ser destruidos por las ratas o las termitas.
Mucha labia, siendo que lo que necesitamos es acción.

Contáctese con nosotros: editorial@eldeber.com.bo

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