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| EDITORIAL |
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 01, Marzo de 2004
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Atentados contra la salud y la vida |
En los últimos tiempos, mucho más que en los pasados, se han venido dando
hechos que constituyen verdaderos atentados contra la salud y la vida de los
habitantes de esta nuestra urbe, especialmente de los más pobres, de los más
desamparados de la fortuna.
Los tales hechos están relacionados con la mala praxis médica, con el deficiente
ejercicio del arte de curar. Y si de por sí estos hechos revisten una gravedad
singular, peor catalogación merecen todavía si se tiene en cuenta que son
consumados en clínicas, en centros médicos, en consultorios que tienen todos los
visos de la legalidad y, supuestamente, cuentan con el respaldo profesional.
En corto tiempo, la opinión pública ha tomado conocimiento de más de un caso de
mala práctica médica, algunos de ellos mortal y otros de irreversible invalidez.
Y por supuesto, dichos casos consumados no por empíricos, no por brujos ni por
curanderos de dudosa idoneidad, y en sitios tenebrosos al amparo de las sombras
de la noche y entre el graznido de las lechuzas.
Los casos a que hacemos referencia se dieron, por el contrario, en
establecimientos en cuyos frontis, y en caracteres destacados, se lee claramente
la palabra ‘Clínica’ u otra equivalente.
Y nos estamos refiriendo naturalmente a casos que han llegado a ser del dominio
público a través de las voces doloridas y angustiadas de los padres o los
parientes de las víctimas. Vaya a saberse cuántos otros casos hay que no
alcanzaron trascendencia por corresponder a personas que, abrumadas por la
miseria, dominadas por la timidez, se consideran sin posibilidades para llegar
hasta los medios de difusión y contar sus dramas y sus tragedias.
Hemos podido apreciar, recorriendo nuestra extendida ciudad capital más allá del
segundo anillo de circunvalación, una insólita proliferación de clínicas,
centros de salud, consultorios y postas. ¿Será que dichos establecimientos que
están brotando como hongos llenan todos los requisitos exigidos para prestar
atención médica, para cuidar de la salud del pueblo? ¿Será que cuentan con
profesionales de probada idoneidad y experiencia? ¿Será que disponen de equipos,
medicamentos, instrumental y otros para desenvolverse dentro de un marco mediano
siquiera, de seguridad? ¿Será que disponen de personal paramédico lo
suficientemente confiable? ¿Será que tienen incorporados medios de
transportación para ocuparse oportunamente de los tantos casos de emergencia que
se presentan?
Respecto de estos cuestionamientos, las autoridades del sector salud, las más
altas autoridades de este sector, deben inexcusablemente hacer las
comprobaciones a fondo. Lo que está en juego es la salud de la gente, en
especial de los pobres. Y el cuidado de la salud de quienes sean no debe estar
en manos de los ineptos o de los irresponsables.
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