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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 17, Febrero de 2004  

>>    Migraciones masivas

Forma parte de los planes del gobierno nacional lograr una producción máxima de las tierras agrícolas del oriente, en especial, como siempre, de las de Santa Cruz. Y como parte, a la vez, de esos planes, dar la orden de partida de nuevos y numerosos contingentes humanos, desde la región alta de la república, con destino final en nuestras feraces llanuras, en nuestros promisorios campos de labranza.
Es cierto, lo hemos reconocido en diversas circunstancias, que en Bolivia, país relativamente grande, tenemos tierras de sobra, pues nuestra población es realmente pequeña. De manera que no habría problema en lo tocante a desplazar contingentes humanos de una región a otra de características muy diferentes.
El problema está en que esos desplazamientos –ya se dieron varios en los últimos treinta o cuarenta años- se consuman librados al azar, sin planificación alguna, sin señalar requisitos ni condiciones. Sin negar que han aportado beneficios, también los desplazamientos al libre albedrío de cada cual, han redundado en males irreversibles.
Para empezar, se ha incluido en las migraciones a gente no apta para el trabajo en un medio cálido, de muchas enfermedades tropicales y de una naturaleza agresiva en la que no se puede disimular la presencia de insectos desde microscópicos hasta de gran tamaño, de picaduras ponzoñosas particularmente para personas extrañas al medio y a sus criaturas.
El resultado de estas migraciones que no son selectivas en el buen sentido del concepto, es el fracaso de sus objetivos. Movidas presuntamente con la intención de desarrollar actividades agrícolas, de lograr mayores rendimientos de la tierra, termina buena parte de dichas migraciones absorbida por la ciudad capital, dedicada a pequeños y diversos trabajos, cuando no a la mendicidad o bien a la delincuencia.
Para que las migraciones orientadas hacia Santa Cruz alcancen su objetivo que no es otro que el de hacer más intenso el cultivo de las buenas tierras, forzosamente tiene que escogerse a los que están física y mentalmente aptos para faenas de suyo muy duras y en ambientes enfermizos. No practicar una selección viene a ser quitarse problemas de un lado para vaciarlos en otro, vale decir, quedar en las mismas.
Por otro lado, las migraciones que supuestamente van a trabajar la tierra agrícola no pueden instalarse donde mejor les acomode, con frecuencia en predios que tienen dueños legítimos y que, incluso, están afectados al régimen de la productividad. Las migraciones, a las que se da nombre de colonos cuando nada colonizan, tienen que desencantar la tierra, sin que ello signifique enviarlos al infierno y olvidarse de por vida de ellos. Hagamos las cosas bien y con sentido patriótico o aguantemos nuestros viejos moldes.

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