El estadio de Real no es apto para partidos de alta convocatoria. No hay otra alternativa
Problema. El domingo hubo una nueva agresión en el estadio Juan Carlos Durán. Dicen que no reúne las condiciones
Mauricio Cambará F.
Agresión. El
botellazo que recibió Limberg Gutiérrez el domingo, le costó $us 1.000 de multa
a Oriente.
Otra vez el tema de la seguridad en el tapete. La
agresión que sufrió Limberg Gutiérrez el domingo pasado, al impactarle una
botella de vidrio en la cabeza durante el encuentro Oriente-Bolívar, volvió a
desnudar las pocas garantías de seguridad que existen en el estadio Juan Carlos
Durán para los partidos que convocan a una gran cantidad de espectadores.
La cercanía entre las tribunas y la cancha, el bajo enmallado que rodea el
gramado, además de la poca cantidad de efectivos policiales y el pobre control
que éstos realizan, dejó en claro de que los partidos de la Liga en Santa Cruz
se juegan con las mínimas condiciones de seguridad. Para la Liga, el club local
es dueño del espectáculo y es el principal responsable.
¿Qué hacer ante esta situación? Ni la Liga, ni los clubes, ni la policía tienen
un plan definido ya que tampoco hay un trabajo coordinado para evitar
contratiempos. Según John Larraín, presidente de la comisión técnica, el club
anfitrión tiene que encargarse de todo ya que existe un artículo (56) en el
reglamento que sanciona al local. Fue por eso que le aplicaron $us 1.000 de
multa a Oriente.
Hasta abril, los partidos de la Liga se tienen que jugar en el estadio Juan
Carlos Durán porque el gramado del Tahuichi está siendo cambiado. “Lo mejor
sería jugar en otro escenario”, dijo Freddy Soruco, comandante departamental de
la Policía, ya que así, según él, se evitarían muchos contratiempos. El domingo
fueron 100 efectivos al estadio, ya que otro grupo estaba en el corso infantil.
Soruco agregó que se hace un control con anticipación a los partidos para evitar
que entren botellas. Sin embargo, se quejó porque los propietarios de los
escenarios permiten que se vendan gaseosas en botellas de plásticos y no en
vasos como debería ser. La que le lanzaron a Limberg el domingo, la metió un
‘barrabrava’ ya que era de vidrio. “Desde la próxima fecha vamos a revisar a
cada hincha antes de entrar”, aseguró el jefe policial.
Similar posición tuvo Jaime Soliz, fiscal de tránsito y encargado de la
seguridad ciudadana. Hace poco y cuando los hinchas de Oriente hicieron desmanes
en las graderías del Tahuichi, él se encargó de hacer construir una carceleta en
el estadio y de gestionar un control más riguroso.
Ante la situación del estadio albo, Soliz prefirió hacerse a un lado porque
consideró “que si en el Tahuichi es difícil, imagínese en este escenario donde
todo es más peligroso”.
Hasta que se culmine el trabajo en el gramado del estadio, Blooming y Oriente
tienen que jugar en el Juan Carlos Durán. Blooming ya se contactó con una
empresa privada para que ayude al control, aunque reconocen que no es lo óptimo.
“La única solución inmediata es que las obras en el Tahuichi se culminen lo
antes posible, porque esto tiende a agravarse”, declaró Carlos Bendeck, titular
de Blooming.
Bendeck agregó que ésta fue una de las razones por las que postergó el clásico
cruceño. “Imagínate un Blooming-Oriente en el estadio de Real. No sólo es por el
tema de la capacidad, sino por la seguridad”.
Pimpo dijo que la Prefectura no tomó en cuenta esta situación cuando optó por
cerrar el Tahuichi y que ellos tienen que ingeniárselas para evitar que los
protagonistas y el público salgan agredidos. “Los principales responsables somos
nosotros si algo llega a pasar”. Hasta ahora no hubo una reunión entre las
partes para unificar criterios sobre el tema de la seguridad.
Las fallas
El estadio:
La cancha del Juan Carlos Durán está demasiado cerca a las graderías y pone en
riesgo la integridad de árbitros y jugadores. El enmallado es muy bajo y fácil
de superar de parte de los hinchas. Además, y al igual que en el Tahuichi, se
deja vender gaseosas en botellas de plástico que son fáciles de lanzar a los
jugadores.
La Policía:
No controla a los aficionados antes de ingresar al estadio. Se debería revisar
uno a uno a los hinchas para evitar que metan petardos, botellas o cualquier
objeto de peso. Además, casi todos se ocupan de ver el encuentro y no de
controlar a los espectadores. El domingo, los hinchas no se ubicaron entre los
hinchas, como lo hicieron hace un tiempo.
Clubes y la LIga:
No se tomaron las previsiones sabiendo con anticipación el cierre del Tahuichi.
La Liga no tiene un plan para evitar que sucedan actos vandálicos en cualquier
escenario del país. Se basan en un artículo donde el club que auspicia de local
es el principal responsable de cualquier acto antideportivo.
Algo más
Queja. El
pasado 25 de enero y cuando se jugó el primer clásico cruceño del año por la
Copa AeroSur, Fabio Giménez se negó a patear un tiro de esquina porque le
llovieron botellas y piedras desde la tribuna. Luego del reclamo ante el árbitro
el incidente no pasó a mayores.
Botellas. El problema de las botellas no se da sólo en el estadio Juan
Carlos Durán, sino también en el Tahuichi. El pasado año, cuando Racing vino a
jugar con Oriente por la Copa Libertadores, una botella de dos litros estuvo a
punto de impactar en la cabeza del DT argentino, Oswaldo ‘Pitón’ Ardiles. No se
detuvo a quien la lanzó.
Sanciones. El artículo 56 del reglamento general de campeonato, establece
que en caso de una agresión al árbitro, jugadores o dirigentes, el estadio será
inhabilitado de inmediato y el anfitrión debe buscarse un escenario alternativo.
Si la agresión parte de la tribuna y dependiendo de la gravedad, se aplicará una
multa que va desde los $us 500 hasta los 5.000.
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