Gigantismo deforma a 4 adolescentes cruceños
Gestiones. Una junta médica hizo una primera evaluación de Talita Añez, en el hospital Japonés, donde probablemente sea operada para frenarle el desarrollo
Guísela López R.
Casos. Dos serán operados en Santa Cruz, los otros están en tratamiento.
Hay poca experiencia médica en el mundo
Talita Añez, la adolescente gigante que mostraron los medios de comunicación,
no es un fenómeno único en Bolivia. Aunque no hay estadísticas oficiales, es
probable que en el país existan unos 30 casos similares, tomando en cuenta los
parámetros internacionales sobre la incidencia de este trastorno metabólico
crónico (tres casos por cada millón de habitantes).
El gigantismo es producido por una secreción excesiva de la hormona del
crecimiento que se presenta durante la niñez, antes del cierre de la epífisis
del hueso, y que provoca exceso de crecimiento de los huesos largos y estatura
muy elevada.
EL DEBER encontró cuatro casos de gigantismo en Santa Cruz, y el testimonio de
varios médicos endocrinólogos y neurocirujanos que dan cuenta de una cifra
superior.
Según la explicación médica, el exceso de hormona del crecimiento es a menudo
causado por un tumor de la glándula pituitaria. El crecimiento vertical (en
estatura), que caracteriza esta condición, está también acompañado por el
crecimiento de músculos y de órganos. Además hay retraso en la pubertad,
situación que hace que el niño afectado se vea extremadamente grande para su
edad.
Tratándose de una enfermedad tan rara y con baja incidencia, la experiencia
médica no es muy amplia en ninguna parte del mundo.
Dos de los cuatro casos descubiertos en Santa Cruz serán sometidos a próximas
cirugías para extirpar los tumores. Las operaciones se van a realizar en dos
hospitales cruceños y, por tratarse de intervenciones quirúrgicas demasiado
costosas económicamente, han sido asumidas como casos de interés científico.
El neurocirujano Germán Antelo, que tiene la experiencia de haber operado a un
joven con gigantismo el año pasado, podría ser el responsable de la cirugía de
Talita Añez, la muchacha que recientemente pidió ayuda para frenar su acelerado
desarrollo. La operación se realizaría en el hospital Japonés, donde un equipo
multidisciplinario de médicos está preparando a la menor.
Otro caso que ingresará al quirófano, del hospital de la Caja Petrolera, es el
de un adolescente de 14 años, que todavía no ha sufrido deformaciones físicas
pero posee el tumor. Según informó la madre del menor, el neurocirujano Ramiro
Villavicencio sería el responsable de la operación.
Los otros dos casos son de personas a las que se les presentó el mal al filo del
término de la adolescencia; en esas situaciones se denominan “acrogigantismo”.
Ambos fueron operados pero requieren de tratamientos especiales. Uno de ellos
(23) no recibió la radioterapia después de la cirugía y el turmor volvió a
aparecer. El otro (21) fue operado el año pasado por Germán Antelo; la cirugía
frenó el desarrollo acelerado.
Acromegalia, el mismo mal que deforma a los adultos
La misma enfermedad del gigantismo (trastorno metabólico crónico), en adultos
se denomina acromegalia. El crecimiento exagerado de manos, pies y cara
caracterizan este mal.
En Santa Cruz encontramos un caso que fue corregido mediante una cirugía
practicada en el extranjero, donde al paciente le extirparon el tumor
hipofisario.
Según el endocrinólogo Douglas Villarroel, la microcirugía para extirpar el
tumor hipofisiario que causa esta enfermedad corrige la secreción anormal de la
hormona del crecimiento en algunos de los pacientes.
Explicó que para las personas que no responden al tratamiento quirúrgico, se
utiliza la irradiación de la glándula pituitaria. Sin embargo, la reducción de
los niveles de hormona del crecimiento después de la radiación es muy lenta.
Cirugía y tratamiento de miles de dólares
Andrés (nombre ficticio), un ingeniero agrónomo cruceño, fue víctima de la
acromegalia que comenzó a deformarle el rostro y agrandarle las manos. Hace
cuatro años, se sometió a una primera cirugía, en Estados Unidos, que a su
seguro le costó más de $us 60.000. La operación no resultó y un año después
volvió al quirófano de otro hospital estadounidense.
Según el testimonio de Andrés, esa segunda cirugía se la practicó uno de los
únicos tres neurocirujanos especializados en este tipo de extirpación de tumores
que hay en Estados Unidos. En esa segunda intervención tuvo que pagar $us
24.000, ya que el seguro no hizo la cobertura.
Contó que en el intervalo entre una y otra cirugía, los médicos estadounidenses
le recomendaron un tratamiento en base a inyecciones cuyo costo era de $us 2.500
la unidad y se debía utilizar una por mes.
Los tres tipos de tratamiento que existen para corregir este mal (cirugía,
radioterapias y medicamentos) tienen costos demasiado elevados. En Santa Cruz,
una cirugía particular cuesta entre $us 5.000 y 10.000.
Un cálculo aproximado, según el endocrinólogo Douglas Villarroel, que atiende un
caso de gigantismo y dos de acromegalia, señala un costo mensual de más de $us
1.500, es decir, más de $us 50 por día. Es el precio del Octretide, el más caro
que hay para estos casos, pero el de mayor efecto, ya que tiene una respuesta de
hasta el 66% (normaliza la hormona) y disminuye el tamaño del tumor hasta un
30%.
Según información de la Sociedad de Endocrinología de Cochabamba, en esa ciudad
se registra un promedio de 4 casos de gigantismo por año. En tanto que en La
Paz, solamente en el hospital Obrero, registraron un caso en los últimos 10
años.
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