Instrucciones para leer a
CORTÁZAR
El jueves 12 de febrero se cumplieron 20 años del fallecimiento de Julio Cortázar. A modo de rendirle homenaje, Brújula invitó a escritores nacionales a que propongan su propia manera de abordar los textos del autor de Rayuela. Aquí les presentamos cinco propuestas y agregamos la del albacea del escritor Saúl Yurkievich
Como en Historias de Cronopios y Famas, donde
Cortázar nos propuso sus Instrucciones para llorar, cantar o dar cuerda a un
reloj. Aquí también cinco escritores nos indican los mecanismos para disfrutar
de sus textos.
Gustavo Cárdenas Ayad
Para leer a Julio Cortázar, se debe perseguir las siguientes instrucciones:
usted ya se habrá dado cuenta que la elección es sólo suya y que además posee un
solo ojo, es decir usted es un cíclope dispuesto a mirar más allá de lo que
cualquier medusa o nariz le permita.
Deberá estar dispuesto a soportar el peso de algunos vampiros que se le colarán
en algunas páginas, su corazón tendrá que estar preparado para golpetear
incesantemente al compás de un saxo que poco a poco y casi de repente, aprenderá
a amar sobre todas las cosas del mundo.
Después, usted tomará el camino que lo llevará a una autopista y por ahí, sin
que medie nada ni nadie, sin que le importe para nada el mal estado de las
aceras de Buenos Aires, habrá llegado de súbito al corazón de Capítulo Siete. De
ahí en más es difícil predecir lo que pueda pasar. Usted ya podrá saltar en un
pie, es decir en una pata.
A estas alturas, usted ya será experto en auscultar perdidas gotas de agua,
pequeñas y huérfanas gotas de agua, excluidas sin razón de las lluvias que
habitan el fondo marino. Quizás al final de leer compulsivamente todos los
libros de Julio Cortázar (una vez que usted empieza con uno, quiere seguir,
saltando a otro y a otro hasta acabar con su bibliografía, esto lo señalan las
estadísticas, esas señoras de tacones altos que se lo saben todo) usted ya no
tendrá más el ojo del cíclope.
Cuando sacuda las algas marinas que se le pegaron en la última página del último
libro, por fin habrá descubierto que la vida no es como se la contaron en el
cafecito de la esquina. Usted ya es un ser humano que puede atravesar muros.
Puede volverse invisible. Pero lo más importante : se convencerá, así de
milagro, de que para ser feliz hay que leer a Julio Cortázar mientras escucha a
Charlie Parker.
Emilio Martínez
(FÇLACO PARA ARMAR)
Un patito de hule y un estroboscopio de bolsillo son los instrumentos
imprescindibles para acometer la lectura de la obra de Jules Cogtazag, belga
accidental y argentino gangoso por convicción. Cierto que la empresa puede
parecerse más a una navegación agitada que a la plácida (y absurda) operación de
extraer el sentido de unos símbolos dibujados sobre una página. De ahí el ave
gomífera recomendada al principio, apta para aventuras náuticas. El
estroboscopio, en cambio, sirve para constatar que siempre, al fondo de las
cosas, está la muerte. Entiéndase por cosas a un pueblo de Escocia donde los
libros matan; un cuadro de Holbein que es en verdad un mapa de Rusia encriptado;
un reloj de cuerda que es un pequeño infierno florido; una tía en dificultades;
el espejo donde Salomón Lemos se vio renacer en la isla de Pascua; un mundo
pesadillesco donde todos se llaman Félix; una batalla que es tema de un tapiz y
donde un general es derrotado sin que vuele una sola bala; el laberinto de
palabras llamado Rayuela, donde la Maga nos acecha como el minotauro. Pero antes
que nada, recuérdese que para leer al Flaco es necesario botar toda la casa por
la ventana. Botar la ventana misma y a nosotros con ella.
Virginia Ayllón
He aprendido a leer a Cortázar releyéndolo porque me acerqué a él desde una mala
costumbre: leer en serio. Y a Cortázar hay que leerlo jugando porque el juego es
una de las principales marcas de su literatura. Jugar es comenzar una carrera
sin previo aviso, dar de saltos, dejarse golpear y arrimarse a vacíos y
precipicios. Es un ejercicio terriblemente apasionado a la vez que peligroso al
que no debería uno animarse si no está dispuesto a que le jueguen.
Hay ternura, hay sensibilidad, hay pasión, hay tanteo, mas siempre hay golpe: un
espejo grande y límpido que suele enceguecer y conozco algunos que abandonan a
Cortázar en el justo instante en que aparecen las profundidades.
Varias veces he creído que hay que leer a Cortázar sin considerar su imagen de
revolucionario del Mayo del 68, su paso por el Tribunal Rusell, su estadía en
Solentiname y su apego a la revolución nicaragüense. Pero varias otras he creído
que habría que leer a Cortázar considerando su imagen de revolucionario de Mayo
del 68, su paso por el Tribunal Rusell, su estadía en Solentiname y su apego a
la revolución nicaragüense.
Rubén Vargas
Ignore que está frente a una novela o a una antinovela como en algún momento se
la llamó para tener, así sea por la negativa, alguna certeza. En este caso, como
en pocos, las etiquetas están demás, como las certezas. Digamos, entonces, que
está frente a un artefacto. Un artefacto verbal. Arrolle las mangas de la
camisa, frótese las manos con energía y dispóngase a manipular el mentado
artefacto.
Rayuela es un texto sin centro 'sin comienzo ni final'. Entonces, usted está
obligado a tomar decisiones, a elegir la puerta por la cual quiere entrar.
Cortázar postula para Rayuela un lector activo, un lector que construye el texto
a medida que lo lee, a medida que lo recorre. Un lector cómplice. El autor
propone un par de derroteros para recorrer el laberinto, uno lineal y otro según
una 'tabla de dirección'. El autor propone, pero es el lector quien finalmente
dispone.
Rayuela es una ciudad. Cortázar inventa una ciudad, París, como Joyce Dublein o
Sáenz La Paz. La particularidad de su ciudad, sin embargo, no es la fidelidad o
no a su referente, ni siquiera los grados de invención que impone a su criatura.
Lo particular es la lógica que propone para entrar y recorrer esa ciudad: el
extravío, la renuncia de principio a que la búsqueda, cualquier búsqueda, tiene
una finalidad. Caminar esa ciudad, entonces, como leer ese texto, es perderse,
perderse siempre.
La escritura de Rayuela complota todo el tiempo contra las certezas de la
escritura. Es un texto que se cuestiona permanentemente a sí mismo. En esa
medida es, simultáneamente, un acto de creación y un acto de reflexión. Una
novela, digamos, y un cuestionamiento de la novela. Una forma o cualquier forma
y una negación de esa forma. Esté atento. Rayuela es una aventura, radical como
pocas pero también entrañable. Entraña riesgos y sorpresas. Y como a toda
aventura que vale la pena, hay que cerrar los ojos y embarcarse en ella sin más.
Se trata, simplemente, de abrir la primera página, o la última o cualquiera, y
patear el tejo, a ver si le emboca al cielo o al infierno.
Saúl Yurkievich
Literaria: La primera y primordial, aunque Julio Cortázar subordine a veces lo
literario a la transmisión de un conocimiento vivencial. La suya es literatura
en su plenitud, o sea, producto de una imaginación en libre vuelo que moldea el
lenguaje para lograr completa adecuación entre forma artística y mundo
representado. Bella es su lengua y rico es su mundo.
Estética: Cortázar es un consumado artífice de la palabra, un maestro del arte
verbal. Su arte está en relación permanente e interactiva con las otras artes.
En Rayuela, el texto está mechado de referencias a pintores y a músicos.
Cortázar persigue el swing ("Swing, ergo existo") en tanto que cadencia de su
prosa; su escritura es jazzística porque el jazz comunica con el fuego central.
Fábula: El escritor pone en juego los poderes de la imaginación fabuladora para
concebir sus 80 mundos. Propone otro orden o desorden de lo real admitido para
sobrepasarlo, para sacarnos de las casillas, para abrirnos a lo inesperado, para
abrir brechas que permitan vislumbrar lo intersticial, otros modos de ser, otras
posibilidades de existencia.
Existencial: La obra de Cortázar propone una fusión en caliente de la
novela-poema con la novela existencial. Su persona, el sujeto atribulado con
toda su carga psíquica (su conciencia febril, su fantasía, sus pasiones y sus
pulsiones), ocupa todas las instancias del texto donde el existente se expresa
viéndose vivir.
Erótica: El amor, con su carga voluptuosa, con todas las proyecciones del deseo,
impulsa y libera de tabús la palabra de Cortázar, la vuelve carnal y erógena.
Mancomuna imaginación sexuada con imaginación verbal para llevar a su plenitud
pánica la lengua afrodisíaca que todo osa, para acariciar y poseer por la
palabra el cuerpo apetecido.
Lúdica: También el amor se liga a los juegos iniciáticos o preliminares, como el
juego del cíclope o el de las peceras. Para Cortázar la literatura es juego que
exime de todas las restricciones sociales, vitales y mentales. Es intermedio
festivo, transporta a una zona de excepción donde se puede recuperar el
albedrío.
Humorística: El juego se confabula en Cortázar con el humor para amplificar lo
nimio y minimizar lo magno, para revertir, subvertir y remodelar lo prefijado,
preconcebido, convencional. El humor permite salirse divertidamente de sí mismo,
reflota lo patético, torna pedestre lo sublime, restablece la admisibilidad, la
ductilidad, comporta desapego inteligente. El humor vacuna contra toda opresión.
Cultural: Su obra ofrece un abanico cultural de amplitud equivalente al de
Borges, pero implica un catálogo, una biblioteca y una problemática más
contemporáneos, y por ende puede que menos perennes. Está inmerso en la cultura
de su tiempo, es su más activo partícipe. Instalado en el centro de la
creatividad moderna, todo lo asimila y lo transforma en su propia substancia.
Cognoscitiva: Cortázar dice que su literatura es un excipiente para hacer pasar
una gnosis o conocimiento absoluto e intuitivo. Cuando no transmite, como en sus
novelas, directamente, a través de un discurso disquisitivo, una lección moral,
lo hace alegóricamente a través de los personajes en acción, o mediante sus
imágenes y metáforas cargadas de conocimiento alegórico-simbólico.
Humana: Cortázar escribe su literatura para desplegar todo lo que el hombre es,
puede ser y debe ser. Concibe lo literario como potenciación de lo humano,
puesta en juego de facultades y disponibilidades adormecidas, de todos los
posibles e imposibles humanos.
Paz Padilla
Existen muchas maneras de leer a Cortázar, una de ellas es cortar los textos en
párrafos, mezclarlos todos y escoger, al azar. Esa lectura aleatoria es la que
proponía el propio escritor para quienes querían leer su afamada novela Rayuela.
En su momento, esa fue una técnica novedosa que cautivó a más de uno y terminó
formando un club de lectores de Cortázar que, hasta hoy, admiran su obra. Esa
forma novedosa de escribir buscaba demostrar la infinitud del mensaje y quería
mostrar que el lector tiene la capacidad de organizar el texto y que, para ello,
no se necesitaba un escritor que organice el texto.
En sus cuentos, especialmente La casa tomada, apela a otros recursos narrativos
que provocan otro tipo de efectos en el lector ya que juega con el misterio sin
poner en evidencia al sujeto de la narración y juega con los espacios
interiores, de la mente, en busca de despertar las emociones que despliegan la
sensación de que todos los espacios están copados -ocupados- y se van reduciendo
provocando sensaciones claustrofóbicas muy fuertes.
Tiene también literatura 'ligth' con títulos como Queremos tanto a Glenda en
donde se regodea con lo ‘frívolo’ y lo superfluo, como queriendo mostrar la
inmensa capacidad que tiene el lenguaje para expresar 'mundos' en donde lo
esencial es la palabra, no la vida misma, no el contenido.
A Cortázar se lo puede catalogar con a un escritor experimental, que siempre
estuvo buscando formas nuevas para renovar el lenguaje, intentaba explorar las
posibilidades infinitas de la palabra, antes que de la narración pues ese era un
detalle que cuidaba muy poco. Es parte de la generación de escritores que quiso
mostrar que en el nuevo mundo el lenguaje se había revitalizado y adquirido
otros sentidos y, por ello, escribía este tipo de literatura. Cortázar fue capaz
de dar la vuelta al día en 80 mundos o correr a grandes velocidades por una
autopista, en ese tiempo real, que luego se convertiría en la autopista de la
información por donde, en cada segundo, circulan millones de mundos, vidas
paralelas, historias frívolas, temas científicos, rebeldías, encuentros,
desencuentros, amores, desamores y un sinfín de historias que no se las podría
enumerar.
Creo que Cortázar era eso y más...
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