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| EDITORIAL |
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 14, Febrero de 2004
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El estigma de las logias |
EL DEBER, su director especialmente, todos sus leales colaboradores, fueron
gravemente vilipendiados por las logias y los logieros cuando desde nuestros
ámbitos periodísticos criticamos su autoritarismo, su menosprecio absoluto por
todo, instituciones o personas, que se atrevieran a desafiarlos, a salirles de
frente o a pedirles cuentas por sus actos que, de manera muy clara, afectaban al
interés colectivo, a los derechos de las gentes, o los ponían definitivamente en
riesgo.
Tuvimos la entereza de exigir con cabal sentido de la responsabilidad,
explicaciones en términos muy civilizados y pacíficos sobre inversiones y gastos
efectuados por entidades cruceñas, creadas esforzadamente en la región para
satisfacer nuestras necesidades de servicios básicos. Pero en lugar de abrir
curso a nuestras preocupaciones, desde las entidades cruceñas que habían sido
tomadas por las logias y los logieros, nos abrieron un fuego graneado con
munición de altísimo calibre. Y más que eso todavía, azuzaron en nuestra contra
a jaurías feroces y descalificadas con el encargo expreso de que nos desgarrasen
sin piedad y nos comiesen el pecho en ruidosos festines.
Luego de algunos años, los que corren desde que nos agredieron despiadada y
brutalmente, hasta la fecha, se ha hecho manifiesto, ¡gracias a Dios!, el afán,
el propósito de sacudir el estigma de las logias de nuestras instituciones de
servicios, de las cívicas, de no pocas sociales. Y por supuesto que no puede ser
de otra manera tomando en cuenta que las malas acciones que a su tiempo
combatimos y que sensiblemente no se logró frenar del todo, han terminado
generando quebrantos económicos serios, amén de una pèrdida de prestigio y de
confiabilidad.
Denunciamos en términos civilizados, hay que remarcarlo, los malos negocios, las
inversiones nada convenientes, el uso de nuestras instituciones a manera de
instrumentos de poder. Lo que está sucediendo hoy -estado deficitario y crítico
de las empresas que fueron objeto de esos malos negocios y de las inversiones
inconvenientes, además de un prestigio que se ha resentido y que inspira dudas-,
es el mejor testimonio de que nuestra posición, de que nuestra lucha, fueron
correctas.
Pero avala la justeza de nuestras posiciones, más que todo lo que aquí
apuntamos, el confesado propósito de romper el estigma logiero. Eso y nada más,
un estigma, y muy grande, fueron las logias y los logieros. Nunca será tardío el
propósito de romperlo, de destruirlo.
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