La Justicia no llegó
a ‘febrero negro’
Jornadas. Un grupo de soldados ingresa de forma apresurada al Palacio de Gobierno. Las balas se hacían escuchar y mataban. Fue el año pasado
Hernán Cabrera M.
Proceso. No hay detenidos ni sentencia. Cuatro militares son procesados
por el Tribunal Militar. Derechos Humanos advierte que llevará el caso a una
Corte Internacional. A un año del ‘impuestazo’.
Fiscalía acusa a poderes y Policía de no cooperar
Policía y FFAA con heridas que no cierran
Los sectores y los partidos temen otras jornadas
trágicas
La banca dice que soportaría otra crisis social
En Santa Cruz no hay quién responda por los
saqueos
Ni un preso, ni una sentencia, sólo un ex ministro y un ex viceministro
declararon ante los fiscales del caso. Ni un solo militar fue amonestado o
procesado, tampoco los jefes policiales asumieron sus responsabilidades. Y
varias dificultades en todo el proceso que se inició el año pasado, además de un
informe de la Organización de Estados Americanos, que culpaba a la Policía de
esta revuelta popular. Se trata de las investigaciones sobre los sucesos
trágicos del 12 y 13 de febrero de 2003.
365 días. 8.760 horas y 12 meses. Es el tiempo que transcurrió desde el 12 de
febrero de 2003, día en que explotó la bronca de los sectores sociales y se
reabrió la vieja herida que persiste entre los integrantes de las Fuerzas
Armadas y de la Policía Nacional. Una herida que se arrastra desde 1952. Esa
herida volvió a sangrar: 32 muertos, 10 policías, 4 militares y 18 civiles.
¿Qué pasó en todo este tiempo? Hoy, el país recordará con dolor y tristeza las
trágicas jornadas del 12 y 13 de febrero del año pasado, que tuvo su origen en
la intención del gobierno de Sánchez de Lozada de gravar un impuesto a los
salarios.
"Esos días no se olvidarán, están marcados en la historia como las jornadas en
que se puso en peligro la democracia y el propio país", señaló Sonia Soto,
representante de la Defensoría del Pueblo.
Desde que se empezaron con las investigaciones judiciales hubo una serie de
problemas. Desde aquellos que la Fiscalía no contaba con los instrumentos
necesarios, como ser las pruebas documentadas, las cuales tuvo que pedir a los
medios de comunicación. ¿Cuáles eran? Fotografías, filmaciones, recortes de
periódicos, grabaciones y otras. La Asamblea de Derechos Humanos proporcionó al
Ministerio Público un vídeo sobre los hechos de violencia en el que se observa a
militares que disparan armas de guerra contra civiles.
En estos momentos los fiscales paceños William Alave y Milton Mendoza levantaron
cargos criminales contra 16 personas, entre militares, policías y un civil, por
las muertes y heridos registrados el 12 y 13 de febrero. Los militares son el
coronel Gróver Monroy, los tenientes José Enrique Costas y Rafael Enrique
Mendieta y el subteniente Yamil Rocabado.
Los cuatro están sindicados de disparar el 13 de febrero con dirección al
edificio San Francisco, situado en la esquina de las calles Jenaro Sanjinés y
Mercado del centro paceño, donde murieron la enfermera Ana Colque y el conserje
Ronald Collanqui y cayó herida la médica Carla Espinoza. Y los cuatro están
siendo procesados por un Tribunal Militar, lo que llevó al enojo a la Asamblea
de Derechos Humanos, cuyo presidente, Sacha Llorenti, dijo que si en caso el
Tribunal Constitucional no revierte la decisión, este proceso será elevado a la
Corte Internacional de DDHH. "Hemos tomado contacto con organismos de derechos
humanos de los Estados Unidos y se determinó presentar una denuncia en contra
del Estado ante la Comisión Interamericana que depende de la Organización de los
Estados Americanos por violación de la convención de derechos humanos", adelantó
Llorenti.
Las FFAA aseguraron que ellos llevarán adelante este singular caso.
¿Quiénes fueron los protagonistas? Desde el
Estado el que ejercía la presidencia de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada; los
ministros de Defensa, Freddy Teodovich; de Gobierno, Alberto Gasser y de la
Presidencia, Carlos Sánchez Berzaín, sobre quien pesan graves denuncias de
presiones y de uso de los gastos reservados.
Freddy Morales, secretario ejecutivo de la Confederación de Trabajadores de la
Prensa de Bolivia, reveló que Sánchez Berzaín ese mismo 12 de febrero de 2003 se
aprestaba a tener una reunión con los directores de medios de comunicación en el
Palacio de Gobierno, cuando empezaron los tiroteos y los gases lacrimógenos.
“Ahorita lo arrreglo todo, no se preocupen”, dijo en ese momento uno de los
hombres fuertes del entorno de Goni.
Después del mediodía de ese fatídico 12 de febrero, Sánchez Berzaín era quien
conducía las operaciones de la guardia militar que custodiaba el Palacio de
Gobierno. El presidente estaba ahí y hacía lo imposible por salir del Palacio
Quemado, que tres días después, su vocero se empecinaba en demostrar que lo que
hubo era un movimiento terrorista que buscaba matar a Sánchez de Lozada y
mostraba algunas señales, como los huecos que produce una bala.
Nada de eso. Hubo muertos, heridos, una rabia popular y una herida que se
profundizó entre dos instituciones fundamentales para la estabilidad de la
democracia, como lo son la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas de la Nación.
El mayor David Vargas, uno de los líderes del motín policial, que rechazó el
‘impuestazo’, fue destituido de la institución verde olivo, además de ser
procesado.
Hace algunos días el ex ministro de Defensa, Freddy Teodovich, declaró ante los
fiscales y dijo que Goni era el que ordenaba todos los operativos. De igual
manera, el ex viceministro de Gobierno, José Luis Harb, deslindó todas sus
responsabilidades. Así, nadie es responsable y un proceso judicial que avanza
muy lento y con muchos obstáculos en todo el camino.
El fiscal adscrito al caso, Milton Mendoza, indicó que pese a la falta de
recursos económicos, la comisión encargada de esta investigación espera dar con
los autores materiales e intelectuales de las muertes y los destrozos, que
quedaron en la historia. Dijo que habrá nuevas imputaciones.
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