Programa con ‘toque rectal’
Gustavo Maldonado Medina
Son economistas y proctólogos, pues ‘nos meten el dedo al culo’. Parece que
la economía, que es la ciencia social más avanzada matemáticamente, es la
ciencia social y humana más atrasada. Ello tiene que ver con que frecuentemente
se abstrae de las condiciones históricas, sociales, políticas, que son
inseparables de las actividades económicas. Obediente al cálculo, ella ignora lo
que no es ni calculable ni medible, como la vida, el hambre, el sufrimiento, el
bien y el mal. Su sola medida de satisfacción es el crecimiento (de la
producción, de la productividad, de los ingresos monetarios). Cuando esta
economía toma el comando de la política, la hegemonía de lo cuantitativo ignora
las cualidades de la existencia, de la solidaridad, de la equidad, de las
riquezas humanas que no son calculables ni monetarizables.
Nuestros economistas dedicados a la política egresaron de universidades
nacionales o extranjeras con buenas notas y luego absorbieron más conocimientos
en importantes posgrados. Sin embargo, en cuanto tuvieron una sartén ministerial
por el mango y debieron hacer frente a problemas de insuficiencia fiscal,
aplicaron los recursos más chapuceros para salir del paso: recortaron haberes de
la clase trabajadora, a sabiendas de que es la más indefensa; cercenaron los
presupuestos que enaltecen la condición humana, los de educación y salud;
usurparon con la desdolarización el ahorro, una propiedad privada; auspiciaron,
en fin, la privatización y capitalización de las empresas estatales, y así
promovieron la vorágine del desempleo.
La errática fauna de economistas políticos tiene razones de sobra para
justificar su versatilidad: por un lado, la ciencia económica es un atolladero
de teorías contrapuestas; por otro, rara vez sus conspicuos profesantes han
mirado a los ojos a un chico pobre y hambriento. Estos economistas tienden a
aferrarse a sus propuestas para identificarse políticamente; no invitan al
examen crítico de sus intervenciones en la economía y evitan si es posible el
ensayo y el error que descubre la verdad independientemente de nuestras
expectativas. No es de extrañar, entonces, que en las discusiones entre ellos,
la irracionalidad ocupe el espacio que abandona la racionalidad.
Los economistas dedicados a la política dominan el arte de sembrar confusión y
siempre encuentran excusas para virar del blanco al negro, de la desdolarización
a la capitalización, y para despachar paquetes de ajustes como el Programa
Económico de Carlos Mesa, bajo la promesa blasfema de que imponen a la
ciudadanía un último sacrificio. La experiencia advierte de que los sacrificios
son recurrentes desde 1982 y se suceden a cada relevo de un Presidente de la
República. Se diría que estos licenciados y doctores hacen todo lo posible por
demostrar que la ciencia económica es la más imperfecta de las ciencias. Pero la
economía política es una técnica social que busca resultados que beneficien a la
sociedad conjugando el saber y la tecnología de las ciencias económicas y
sociales con la realidad y la política.
|