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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 10, Febrero de 2004  

>>    Evasión de impuestos

Como más de una vez lo hemos dicho, la evasión de impuestos en nuestro país no es un delito tal como se lo cataloga y se lo pena en cualquier parte del mundo. La evasión de impuestos, por el contrario, es un hecho, corriente. Todo el mundo busca como conseguirla y cuando la logra se jacta públicamente cual si se hubiese consumado una hazaña, cual si se hubiese llenado de gloria.
Quién no se ha aprovechado de la rueda de amigos para vanagloriarse de no haber pagado impuestos. Quién no ha hablado, henchido de orgullo, de los medios, ilícitos generalmente, de los que se valió, para defraudar al fisco, para escamotearle lo que legítimamente le corresponde. Lo que en cualquier otra parte da lugar a penas corporales severas y por lo tanto se lo esconde, en Bolivia es sinónimo de hazaña o en el menor de los casos, de sutil viveza criolla.
Aún admitiendo que pueden darse excepciones, los propios colectores de impuestos o los que manejan las colectorías facilitan la operación del fraude. Bastan unos pocos pesos que se hacen pasar por bajo de la mesa para que los impuestos sean burlados o reducidos a su mínima expresión. Espantan, no pocas veces, los montos de las tasas impositivas por no corresponder a nuestras difíciles circunstancias económicas. Mas no tardamos en curarnos del espanto pues no faltan los gestores oficiosos que conocen como la palma de la mano los caminos para conseguir que se pague sólo la mitad de lo que debe ser o simplemente para que no se pague nada.
Y no alentamos temor alguno porque la evasión fraudulenta de impuestos no acarrea, como en otros países, sanción penal ni chica ni grande. Siempre se tendrá expedita, al alcance de la mano, una fórmula para conciliar y consumar el fraude con serio detrimento del interés público.
No poseemos una conciencia tributaria, solemos decir a manera de justificativo. Mas nadie hace nada por introducirnos esta conciencia, por meterla en la cabeza así sea con sangre, nadie hace nada por cambiar nuestro modo de ser y de actuar que, lisa y llanamente es delincuencial. Seguimos pues, con nuestros vicios, o mejor dicho, con nuestros delitos impunes y el resultado de ello es el país con la postrada hacienda pública que tenemos.
Asimismo, y siempre a manera de justificativo, nos escudamos en aquello de que no pagamos nuestros impuestos porque sólo sirven para engrosar las cuentas de los políticos, de los parásitos de la administración pública. Aunque mucho de verdad hay en esta posición, nuestra actitud nunca dejará de ser negativa. El país, por muchos reparos que nos merezca en diversos órdenes de cosas, no es tan malo como para desahuciarlo de manera absoluta negándole los medios que necesita para sobrevivir.
¿Estamos de acuerdo?

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