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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 10, Febrero de 2004

../20040210/images/ec3.jpgFirma paceña más grande de plásticos se vino a Santa Cruz


Cambios. En El Alto, Plasmar dejó de brillar. La planta ya no luce la gigantografía con su nombre, aunque mantiene parte de sus operaciones


La Prensa

Decisión. La “guerra del gas” que vivió El Alto en octubre motivó el cambio

Plasmar S.A., la primera industria nacional para la producción de tubos de plástico e insumos para el sector eléctrico, desistió de una inversión de 10 millones de dólares para expandir mercados de exportación a Estados Unidos, armar una planta modelo y convertir a la ciudad de El Alto en un emporio. Además, trasladó su sede de operaciones a Santa Cruz, a donde se llevaron las máquinas más grandes y de última tecnología. Su planta ejecutiva opera en la capital oriental desde hace un par de meses.
¿Qué razones tuvo la empresa para alejar esta inversión millonaria de sus planes?
Aunque no lo quiso admitir, Reynaldo Morales, gerente general de Plasmar, sintetizó su respuesta en un solo término, “riesgo de mercado”.
“No se puede invertir 10 millones de dólares con el riesgo de no acomodar la producción”, declaró a La Prensa desde Santa Cruz vía teléfono.
Lo evidente, sin embargo, es que los acontecimientos sociales y políticos que se precipitaron el 12 y 13 de febrero y aquellos que derivaron, tiempo después, en la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, el 17 de octubre, ambos en 2003, precipitaron las decisiones.
La ciudad de El Alto, donde se encuentran las instalaciones de la fábrica Plasmar, fue sitio de guerra civil en febrero y octubre.
Perdió El Alto, pero también Bolivia, dice Morales, quien puso énfasis en el hecho de que la inversión era para el país, no para una región determinada. Aclaró también que la inversión estaba programada para ejecutarse a partir de 2005.
Empleados de Plasmar comentaron a La Prensa que los ejecutivos también optaron por migrar las decisiones corporativas a Santa Cruz luego de la crisis de octubre, cuando una turba estuvo a punto de tomar la planta de El Alto.
De hecho, las oficinas centrales se encuentran en Santa Cruz desde hace algunos meses y el contacto telefónico que este medio tuvo con Morales confirmó este hecho. La gerencia general está en Santa Cruz. La Paz y El Alto, no manejan ni deciden nada.
¿Plasmar se fue a Santa Cruz y dejó El Alto?, se le preguntó a Morales para aclarar la situación y los trascendidos.
“No es así, Plasmar tiene dos fábricas, la de El Alto y Santa Cruz”, afirmó Morales.
Sin embargo, el ejecutivo admitió que “trasladaron” parte de su maquinaria a Santa Cruz para aumentar la producción y satisfacer proyectos de expansión que lograron consolidar en esa ciudad.
“Una o dos máquinas fueron traídas desde la planta de El Alto, pero nada más, esto no quiere decir que vamos a cerrar la planta en esa ciudad o que hemos decidido trasladarnos”, dijo Morales.
La Prensa conoció en El Alto que Plasmar no sólo trasladó la maquinaria más grande y de última tecnología sino que se llevó una primera partida de 18 trabajadores a Santa Cruz para emprender actividades de producción.

La empresa en cifras y producción

Plasmar S.A. maneja el 70 por ciento del mercado nacional para la comercialización de tubería de plástico e insumos eléctricos, informó Reynaldo Morales, gerente general de la empresa.
La producción mensual de la fábrica que opera en El Alto y Santa Cruz llega a las 1.000 toneladas.
Entre ejecutivos y empleados de planta, Plasmar cuenta actualmente con 120 trabajadores en las ciudades de El Alto y Santa Cruz.
La planta, ubicada en la Avenida Juan Pablo II, en la zona Río Seco, aproximadamente a 7 kilómetros de la ciudad de La Paz, lucía, hasta el 2003, una gigantografía en plástico iluminado que identificaba el nombre de Plasmar S.A. Hoy la planta ya no tiene el letrero y el personal de seguridad y responsables sólo atinan a decir: “Todo está en Santa Cruz, Plasmar es una sociedad anónima. Los accionistas mayoritarios se encuentran en Brasil.
Por años la empresa era de propiedad de Fernando Illanes, quien hace poco vendió el negocio a la brasileña Tigre.

 

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