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| EDITORIAL |
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 30, Enero de 2004
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¿Hasta cuándo? |
Los actuales gobernantes incurren en la figura delictiva de omisión de
deberes, tanto como sus predecesores. Esta observación rige para las autoridades
departamentales respecto a la condenable acción delictiva cometida por un grupo
de ex trabajadores de la empresa de limpieza Clisa. Reclamando el pago de
haberes y beneficios devengados, los ex dependientes bloquearon durante tres
días el acceso al vertedero de Normandía. No dejaron pasar a uno solo de los
vehículos de recolección de desechos para el correspondiente vaciado. En dicho
periodo de tiempo, según datos de última difusión, en los diferentes barrios de
la ciudad la basura acumulada llegó a una cantidad total de más de 2.500
toneladas.
Como no podía ser de otra manera, las autoridades sanitarias alertaron a Santa
Cruz sobre los riesgos de semejante situación. Bajo el sol canicular de estos
días, los desechos al aire libre entran rápidamente en estado de putrefacción,
favoreciendo la proliferación de vectores como moscas y mosquitos que provocan
enfermedades graves como la salmonellosis y la diarrea, cuyas víctimas más
habituales son los niños y ancianos. Lo peor es que fueron los mercados y ferias
los lugares de mayor atiborramiento de basura, circunstancia que expuso a
contaminación extrema a la carne, leche y otros productos alimenticios que allí
se expenden sin mayor control sanitario. El reporte sobre el caso destaca
también que de esta manera se han potenciado los riesgos del dengue en nuestra
capital.
De ninguna manera podemos estar contra los trabajadores que reclaman o protestan
porque se les conceda cuanto legalmente les corresponda, pero siempre y cuando
ellos no atropellen a los demás o cometan hechos delictivos que crean
situaciones de riesgo para la población. Al bloquear el acceso al vertedero de
Normandía, los ex trabajadores de Clisa no sólo han infringido el Art. 213 del
Código Penal que sanciona con reclusión de uno a cuatro años toda acción que
atente contra la seguridad y regularidad de los transportes. También violaron el
inciso 9) del Art. 216 del mismo cuerpo legal que tipifica y sanciona con cárcel
de uno a diez años cualquier acto “que de una u otra manera afecte a la salud de
la población”.
A fin de hacer valer sus derechos, los ex trabajadores de Clisa pudieron haber
salido en forma pacífica y ordenada a la calle, exhibiendo pancartas alusivas a
su causa, sin bloquear calles ni acceso a lugar alguno o crear situaciones de
riesgo para la población. Si no lo hicieron así fue porque igual que otros
sectores sociales del país creen que el ejercicio violento y delictivo de los
derechos de manifestación y protesta es algo legítimo que nadie les puede
cuestionar. El relajamiento extremo del principio de autoridad corre a favor de
tan censurable como errática convicción.
La gente sensata pensó que con el actual gobierno la situación cambiaría y que
con la ley en la mano éste haría respetar los derechos de los más contra los
excesos de los menos. Falsa expectativa, toda vez que son ya varios los
episodios que nos demuestran que las cosas seguirán igual o peor que antes. Si
hoy fueron los ex trabajadores de Clisa, mañana serán otros los del relevo en el
estropicio de los derechos ajenos. Como no hay precedente que en materia
procesal penal les intimide y sirva inclusive de valor didáctico respecto a lo
que es dable y no dable hacer en materia de protesta social, corremos el riesgo
de que ésta, el rato menos pensado, nos deje sin agua, luz o gas. Ni el gobierno
central ni el regional parece que no harán otra cosa que no sea negociar la ley
con tal de salir del paso...
¿Hasta cuándo?
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