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| Registro.
Esta es una de las rocas, en las que se encontró la figura del hombre
ave transformado en dios o héroe solar. |
Chiquitos guarda tesoro de
6.500 años
Cultura. La arqueóloga y antropóloga italiana Gabriella Enrica Pía investiga
el arte rupestre de la zona desde hace 20 años
Pablo
Ortiz
Chiquitos, en la prehistoria, era el corazón de
América. En sus bosques, cerros y valles la cuenca del Plata se une con la
amazónica y desde allí se oxigena cultura para todo el cono sur. Zonas de
recolección interminables y ojos de agua que no se secaban durante todo el
año, servían como refugio para el hombre, que pobló esa región y dejó todo
un legado en forma de pintura rupestre, grabados y cerámica que aún es poco
valorado, pese a que ya se han realizado muchos estudios sobre su
significación.
Una de las personas que más tiempo le ha dedicado a esta investigación es la
arqueóloga y antropóloga italiana, Gabriella Enrica Pía. Desde 1983, año en
el que se estaban realizando los trabajos para abrir la carretera entre
Santa Cruz y Puerto Suárez, la doctora de la Universidad de Turín consiguió
que el Ministerio del Exterior italiano la enviara en misión oficial a
Bolivia para investigar su cultura. En todos estos años, ha logrado
encontrar casi un centenar de sitios que contienen pintura y grabados
prehistóricos, ubicados en una zona que cubre las provincias Ñuflo de Chávez
y Chiquitos; partiendo desde la Laguna Concepción hasta llegar a las
serranías de San José, Santiago y Mutún.
Hasta hace dos años, Pía había fijado el límite cronológico de estos
hallazgos en 5.000 años, pero descubrimientos recientes la facultan a
afirmar que los primeros vestigios de cultura material chiquitana-ayoréode
(es el territorio de ambas etnias), datan de hace al menos 6.500 años. En
esta última expedición, que se extendió por seis meses, descubrió dos
figuras que no había observado antes. Se trata de una represión del dios
solar, deidad prehispánica que se encuentra en las culturas de toda América,
desde California hasta Tierra del Fuego.
Encontrado en la zona de Laguna Concepción, ojo de agua que
inexplicablemente está casi seco, la representación chiquitana del dios
solar es muy similar a las realizadas en Nasca, Perú o en la zona de Piauí,
Brasil. Se trata de un hombre ave que lleva en una mano una escalera y en la
otra el símbolo del Sol. Según las leyendas, análogas en todo el continente,
el hijo del Sol bajó a la Tierra y al decepcionarse de los humanos volvió a
subir al cielo utilizando para ello una especie de escalera.
Estos dibujos también fueron encontrados por los jesuitas, que en un intento
de borrar todo vestigio de culto pagano en la región, pintaron cruces sobre
la representación del dios solar.
El otro descubrimiento fue el hallazgo de figuras cérvidas. En una cantera
de la serranía de San José se localizó la representación de un hombre ciervo
y la de algunas urinas.
Según Pía, estos dibujos están relacionados con el culto al dios de los
animales, parte de la cosmovisión chiquitana que ha llegado hasta el siglo
XXI sincretizada con la fiesta de San Pedro y San Pablo. En San Javier, los
Yarituses bailan cada 28 y 29 de junio en honor del señor de los animales y
de la constelación del piyo. La fiesta se prepara con semanas de
anticipación. Por lo menos 10 días antes de la celebración, el indígena se
interna en el monte buscando un animal para cazar. Previamente pide permiso
al señor de los animales para sacrificar una vida. Luego, con la piel del
animal encontrado, fabricará una máscara que le cubrirá el rostro y le
permitirá ingresar al templo cristiano para rendirle homenaje a los santos
patronos. Luego de la procesión y los cantos, los indígenas se retiran a sus
comunidades a continuar la fiesta.
Los hombres aves también forman parte de este rito. Son figuras de entre 10
y 20 centímetros dibujadas sobre arenisca roja que se ubican en las laderas
de los cerros. Son parte del rito más antiguo y se encuentran en la zona de
Roboré. Este período se caracteriza por el total movimiento de las figuras.
Los seres son pintados de perfil, con color rojo, con tendencia al morado,
llevan cabeza pequeña, cuello alargado, cuerpo oval, los brazos y las
piernas son representadas con simples rayas y dirigidas lateralmente. Las
figuritas, alrededor de los 7-10 centímetros, son dibujadas en grupo,
interactuando entre ellas.
Acompañan este período naturalista, representaciones de monos con sus crías
en las espaldas, y de algunos cérvidos.
En el momento central y final del rito del hombre ave es cuando aparece la
figura del hombre solar. Hay también figuras de hombres aves dibujados de
frente, tomados de la mano formando una fila, que hacia el final del período
se geometriza hasta formar una escalera. En un período más cercano aparece
la figura del hombre rana, que en otras partes del mundo ha sido definida
como "orante". Según Pía, estas representaciones están ligadas a
alucinaciones chamánicas inducidas por drogas. El uso de estimulantes era
parte de la espiritualidad de las etnias de las tierras bajas del oriente
boliviano. "La pintura tiene trazos gruesos, no muy bien definidos, con un
ángulo acentuado en el cual se nota aumento de las dimensiones. Las figuras
se presentan generalmente aisladas", explica, y añade que la figura frontal
permite representar al hombre sapo como un chamán en acto de adoración, con
los brazos levantados hacia el cielo, casi arrodillado, pero completamente
inmóvil.
En este período, que precede una geometrización de las representaciones, se
encuentran también figuras en forma de lagartijas dibujadas "a vuelo de
pájaro".
Los grabados también se encuentran presentes en esta zona. La canaleta,
sitio ubicado en la Laguna Concepción, es un grabado que comunica a dos
pequeños ojos de agua de 10 centímetros de diámetro a través de una línea en
forma de serpiente. Al rededor de ella se ha dibujado la imagen de un hombre
sapo, representado de frente. En la zona de Mutún, las lagunas se tiñen de
un color rojizo por la acción del hierro sobre el agua. Esto fue aprovechado
para realizar grabados sobre las rocas que, en épocas de lluvia, sirven como
canales en miniatura a través de los cuales se colorea el dibujo. Según Pía,
este tipo de representaciones tenían fines rituales que hasta ahora se han
guardado en la tradición oral de los ayoreos.
En la zona de la serranía de San José existe una pared que está ubicada a
escasos 40 metros de la carretera. Este sitio es único, ya que mezcla
grabados con pinturas.
El trabajo de este año se completó con excavaciones arqueológicas entre San
José y Roboré. Allí se encontró abundante material cerámico correspondientes
a períodos que varían entre el año cero de nuestra era y el siglo XI. Entre
las piezas rescatadas se evidencia una multiplicidad de formas, que van
desde bases redondas hasta trípodes.
Pía está afiliada a la Dirección Nacional de Arqueología y Antropología y
cuenta con los permisos necesarios para realizar investigaciones y rescates
arqueológicos en el país. En cada visita, que se prolonga entre tres y seis
meses, deja un informe detallado ante el Viceministerio de Cultura y la
Prefectura del departamento. El mayor temor de la investigadora es que un
manejo inapropiado, destinado a atraer turistas deteriore este tesoro
rupestre, es por ello que recomienda que no se publiquen los sitios exactos
en los cuales se encuentran los hallazgos. "No importa si se trata de una
publicación científica. Siempre hay alguien que la encuentra, la fotocopia y
se la lleva para practicar la arqueología en sus vacaciones o fines de
semanas libres. Este tipo de personas son las que más daños causan al
patrimonio histórico", explicó la arqueóloga y antropóloga. Pía ya tiene la
autorización de la Universidad de Turín, aunque aún gestiona la ayuda del
Ministerio del Exterior italiano para proseguir con sus pesquisas. Considera
que sólo una investigación más profunda podrá explicarle a los cruceños qué
era lo que atraía a las diferentes culturas del cono Sur a la Chiquitania.
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| Superposición.
Los hombres sapos corresponden a un período anterior al de los monos y
las figuras geométricas |
Una zona de encuentro de culturas del llano
Uno de los aspectos más notables de las pinturas
rupestres de la zona de Chiquitos es la superposición de elementos
culturales encontrados también en otros lugares. Actualmente el territorio
ubicado en tres provincias del Oriente boliviano se encuentra habitado por
las etnias ayoreas y chiquitanas, pero este último grupo linguístico fue el
resultado de la reducción de varias familias en la época de la colonia. La
lengua chiquitana fue la amalgama de una docena de dialectos encontrados por
los jesuitas cuando se asentaron en la región. Para una mejor comunicación
con los aborígenes, unificaron el idioma. Es por eso que hoy se pueden
encontrar variantes de chiquitano en la zona paikoneca (San Javier), como en
la mokox (San Antonio de Lomerío).
Chiquitos era un lugar privilegiado. No sólo es un punto en el que confluyen
ríos pertenecientes a la cuenca del Plata y del Amazonas, sino que es una
especie de crisol de culturas. Las máscaras de tigre encontradas en la cueva
de los chamanes, por ejemplo, son similares a las que se hallan en la
Patagonia argentina y en la región de Piauí, ubicado al noreste de Brasil.
Este último también comparte las iconografías del dios piyo, así como la
representación del hombre ave, en las que se grafica de manera pronunciada
los genitales masculinos. Además, comparten la coloración de la pintura,
sobre todo con las ubicadas en el Parque Cerro de la Capivara.
Una de las explicaciones para tal superposición de iconografía, que abarca
una producción de más de 5.700 años (entre 4.500 antes de Cristo y el 1.200
de nuestra era), son los recursos naturales. La zona de Chiquitos nunca se
quedaba con agua. Al sur limita con el Chaco (una parte del parque Ka’a Iya
se encuentra dentro de la provincia Chiquitos y limita con el Parque Santa
Cruz la vieja) y al noreste con el Pantanal. Esto la convertía, según lo
evidencian las pinturas y tallados, en una zona de encuentros de distintas
culturas, que finalmente formaron asentamientos hace 2.000 años.
Para cuidarlos mejor
No ubicarlos. Mantener su ubicación
exacta en secreto hasta que se garantice un manejo sostenible que asegure su
preservación.
Educar. Instruir a los habitantes de la zona en el valor histórico y
cultural de estas pinturas. Enseñarles que no tienen mucho valor fuera de su
contexto geográfico para evitar que las depreden o las vendan.
No intervenir. No guiar a aficionados hasta ellas, para que no las
dañen al tratar de relevarlas. No rayar ni remarcar los dibujos con ningún
material.
Aficionados. Uno de los mayores errores que cometen es remarcar con
tiza. Está demostrado que esta técnica daña para siempre el monumento y es
imposible sacarla de la estructura de la roca. Tampoco se debe apoyar papel
plástico para calcarlo. |