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| EDITORIAL |
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 25, Enero de 2004
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Sobre los fondos reservados |
En Bolivia, salvando algunas excepciones, los denominados ‘gastos reservados’
tuvieron siempre poco o casi nada que ver con las tareas estatales de seguridad.
No existe, además, prueba alguna en contrario. Dentro del marco normativo creado
para dicho tipo de erogaciones, era simple y llanamente imposible una
fiscalización idónea respecto a la corrección y autenticidad de los mismos. El
Presidente de la República y su Ministro de Gobierno daban cuenta de las
erogaciones realizadas ante el Contralor General de la República, ateniéndose
únicamente a descargos documentales sobre cuya autenticidad nadie investigaba.
Esta posibilidad, finalmente, se hacía humo tras el ritual visto bueno de la
máxima autoridad del control fiscal en el país. La documentación era quemada
ante sus propios ojos por amanuenses del Jefe del Estado a fin de garantizar,
por ‘razones de seguridad’ un total efecto evanescente de los nombres de
funcionarios, dirigentes políticos, soplones, espías, personas particulares e
inclusive periodistas que habían sido beneficiados con dichos recursos a fin de
que hicieran o dejaran de hacer esto y aquello.
Epílogo como el mencionado anteriormente, aunque bajo un alero normativo
específico (decreto de excepción) que excluía de la rendición de cuentas de los
gastos reservados de ‘octubre negro’ al Contralor, tuvo lugar esos días trágicos
en el Palacio de Gobierno. Ante los ojos del entonces Jefe de Estado, del
Ministro de Gobierno y de algunos de sus colaboradores ardieron recibos y otros
documentos delatores de identidades y tipo de erogaciones hechas con los fondos
reservados en jornada tan crítica. Jamás sabremos, en consecuencia, a manos de
quienes y por qué motivos fueron a parar los varios millones de bolivianos que
para enfrentar la grave emergencia se le sacaron al Banco Central de Bolivia en
la forma en que ya todos sabemos. A menos que, naturalmente, el ex ministro
Kukoc se vaya de lengua y revele los nombres de los destinatarios. Aún así, será
su palabra contra la de los aludidos...
Reparemos en la manifiesta diferenciación conceptual entre ‘recursos para tareas
de seguridad nacional’ y ‘fondos reservados’. Los primeros se aplican en
situaciones de emergencia nacional, provocados por sucesos internos o externos
que pongan en riesgo al país o su democracia.
Sirven para financiar los gastos de movilización de tropas militares o
policiales desplegadas en función preventiva o defensiva respecto a los riesgos
mencionados. Son gastos públicos sujetos a total transparencia.
Los ‘gastos reservados’ son harina de otro costal, como su mismo nombre lo
sugiere.
Se realizan en medio de las sombras para fines que casi siempre nada tienen que
ver con los mencionados, sino con sobornos y pagos ilegales que buscan reforzar
el apoyo al gobierno, en algunos casos, y en otros, neutralizar la acción de
oposición o crítica de los que se hallan en trinchera antagónica a la del poder
político e inclusive en meros palcos de observación y análisis para fines
mediáticos.
Vamos a sugerir la conveniencia de acabar con los fondos reservados y el régimen
a prueba de fiscalización que favorece un gasto doloso, que no se da sólo ahora
sino que viene de todos los gobiernos que precedieron al actual desde mucho
antes del advenimiento de la democracia. Acaso las dictaduras militares hayan
sido las que mayormente se llevaron la flor en el uso delictivo de dichos
recursos estatales. En cuanto a los gobiernos civiles, recordemos los escándalos
sucesivos respecto a maletines llenos de plata que desde el Ministerio de
Gobierno emprendían un vuelo sin retorno.
Los denominados fondos reservados deben ser no sólo drásticamente reducidos, en
concordancia con las exigencias de austeridad fiscal que nos impone la actual y
crítica situación, sino destinados exclusivamente a tareas de seguridad
nacional. No implica perjuicio sino beneficio neto garantizar transparencia
plena de los gastos en este campo. La seguridad nacional no se verá de ninguna
manera comprometida sólo porque todos lleguemos a saber cuánto costó la
movilización de efectivos militares o civiles o las investigaciones de hechos
que la amenacen, eventualidades que, por cierto, no se dan todos los días.
Creemos que la rendición de cuentas de los fondos para fines de seguridad
nacional debe ser puesta en conocimiento del Poder Legislativo por la
Contraloría General de la República, para que constate la corrección de la
fiscalización sobre los descargos efectuados, acompañando la respectiva
documentación.
Que los fondos reservados pasen a convertirse en recursos para tareas de
seguridad nacional y que nunca más sean destinados a ‘pluses’ ilegales,
sobornos, operaciones encubiertas y muchas acciones más que, para colmo, ni
siquiera se realizan. Se las inventa con la sola finalidad de justificar el
desvío de los recursos al propio bolsillo.
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