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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 20, Enero de 2004  

>>    Reforestar las riberas del Río Grande

En cada estación lluviosa asumen gravedad creciente los desbordes del Río Grande sobre las tierras bajas del Este. No hace mucho, las inundaciones mantuvieron en vilo a pobladores y productores de Nueva Aurora, Nuevos Horizontes, Moscú y zonas adyacentes. Las aguas cubrieron más de 2.000 hectáreas de sembradíos, amenazando igualmente al municipio de Okinawa, al cual pertenecen las tres mencionadas poblaciones.
Lo grave del caso es que conforme a estimaciones idóneas, de repetirse las lluvias en superior intensidad, eventualidad que podría darse en los próximos sesenta días, los desbordes del río Grande podrían anegar más de 70.000 hectáreas, poniendo en duros aprietos a productores de soja, maíz, arroz y caña de azúcar, circunstancia que provocaría serios perjuicios a la economía regional, en buen porcentaje dependiente de la producción y exportación de algunos de estos productos.
Ajustando a un criterio de integridad la indagación de las causas de estas riadas, se llega a la conclusión de que el origen de las mismas no se halla tanto en las lluvias cuanto en la despiadada deforestación que en ambos y espaciosos costados del río ha producido la agropecuaria de tipo extensivo. Sobre todo en su recorrido por el noreste cruceño, tan ancha corriente carece ya de los defensivos naturales que para cursos fluviales en territorios llanos representan florestas más o menos compactas. Cada vez que llueve intensamente las aguas salen de su cauce sin que nada las contenga, con los resultados que ahora se lamentan y seguirán lamentándose en las zonas mencionadas. Lo peor es que las aguas arrastran, a velocidad extraordinaria, troncos y otros materiales, cuyo impacto en las bases de los puentes comprometen seriamente la estabilidad de estos pasos, tal como lo demostró el de “Alfonso Gumucio”, sobre el río Chapare.
El asunto debe ser encarado con proyección de futuro. Es decir, con políticas que apunten a la reposición de la floresta a ambos costados del río Grande, en densidad y anchura suficientes para la protección de las zonas productoras contra los desbordes fluviales que en el futuro mediato podrían alcanzar proporciones catastróficas. De nada serviría la reposición de puentes caídos o refacción de los dañados si desde ahora no se trabaja en dicha línea, en el marco de un plan idóneo.

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