DNI: 12 mil niños sobreviven en la calle
Labor. Aunque las mujercitas son menos que los varones que trabajan en la calle, el número cada vez aumenta
Alicia Bress Perrogón
Drama. Las cifras tienden a subir cada año por la crítica situación
económica que vive el país. Estos menores comienzan a trabajar entre los 4 y 8
años, siendo más numerosos los hombres que las mujeres
Era casi la medianoche del miércoles y eso no parecía preocuparle a un grupo
de niños que se encontraba en la rotonda de El Cristo, esperando recibir algunas
monedas por el oficio de malabaristas o limpiaparabrisas que realizan desde hace
tiempo.
Esta misma situación se repite en diversas zonas de la ciudad, como en las
plazuelas Ñuflo de Chávez, del Estudiante y Blacutt, ex terminal, rotonda del
Chiriguano, en las avenidas Melchor Pinto, Virgen de Cotoca y segundo anillo,
Cristo Redentor y tercer anillo y en los mercados Abasto y La Ramada, entre
otras.
El director de Defensa de Niños Internacional (DNI), Francisco Pifarré, estima
(todavía no hay un censo) que en Santa Cruz existen unos 12 mil menores que
salen a las calles a trabajar. El 7,5% de esta cifra vive y duerme en la calle,
pero no hay ninguna mujer.
No ostante, Hernán López Cairo, presidente del Colegio de Psicólogos de Santa
Cruz y autor de la investigación “Los niños de la calle”, señala que son mucho
más los que han hecho de la vía pública su vivienda. “El niño que está en la
calle trabajando es un alerta de que algo no marcha bien en su casa”, explicó.
DNI realizó un estudio en septiembre de 2001 sobre los niños y adolescentes
trabajadores en las calles y rotondas de Santa Cruz, a través del cual se
calculó que ese año había unos 8.000 en las arterias urbanas. Sin embargo, esa
cantidad va en aumento cada día, debido al desempleo y a la necesidad en los
hogares de mayores ingresos económicos, opinó la economista Ramona Aponte.
Son los infantes y adolescentes los que se ven obligados por las circunstancias,
y muchas veces por sus progenitores o por personas particulares, aunque ellos lo
niegan, a salir a las calles a buscar el autosustento y sus familias. La mayoría
(88,5%) son varones, sólo el 11,5% son mujeres.
“Los niños trabajadores son los más sanos que tenemos en Santa Cruz. Incluso son
más responsables que los hijitos de papá que van a buenos colegios, ya que el
84% utiliza su tiempo libre en actividades de calidad humana, social y cultural.
Pero el problema es que están en riesgo de que algún día no vuelvan a la casa y
pueden llegar a delinquir o hacerse adictos a la clefa”, sostuvo Pifarré.
Para la psicóloga de DNI, Neidé Ramiro de Asís, los menores que salen a las
calles a trabajar se encuentran en constante riesgo. El simple hecho de estar en
la vía pública ya representa un peligro.
Esto se puede evidenciar en el número de niños que ya viven en la calle y en los
accidentes sucedidos en 2003. Según el registro de la Defensoría de la Niñez y
Adolescencia, 18 chicos, entre limpiaparabrisas, vendedores ambulantes y
malabaristas, murieron atropellados cuando realizaban su trabajo. Pifarré
precisó que existe un promedio de 1,5 niños trabajadores que mueren por mes a
causa de los accidentes.
Otro aspecto que se destaca es que más del 75% de los niños, niñas y
adolescentes trabajan como vendedores ambulantes, limpiaparabrisas, cuida y lava
autos. Otros también son carretilleros en los mercados, lustrabotas, cantantes,
dialogadores y canillitas. La actividad más novedosa ahora es la de los
malabaristas.
Casi el 50% de los niños se inicia en el trabajo entre los 4 y 8 años. En el
caso de las niñas es el 60% que empieza a trabajar a esa edad. Por lo general,
estos chicos mantienen regulares y profundos vínculos con sus familias.
“Aunque digan que cuando los chicos están trabajando juegan y se divierten, no
es tan así, porque el proceso de desarrollo tiene una serie de etapas y lo que
hacen al salir a las calles es saltar algunas y asumir responsabilidades que son
de los adultos. Esto hace que crezcan carentes de afecto y a la larga cuando
forman familias esta conducta tiende a repetirse”, lamentó Ramiro de Asís.
La psicóloga Maricruz Urioste, asesora de una tesis sobre los niños que trabajan
en la calle, en la Upsa, señaló que el riesgo más grande de que los menores
salgan a las calles a trabajar, es que terminen viviendo en ella y se inclinen
por la delincuencia o la drogadicción, como ha sucedido en muchos casos.
Sin embargo, agregó, algunos niños de la calle tienen recursos personales para
sobreponerse a la adversidad y salir adelante.
“La mayoría de estos infantes en el futuro van a generar hogares más pobres,
porque ellos abandonan el estudio, las chicas se embarazan a temprana edad y lo
que hacen es buscar en la mendicidad su sustento”, expresó.
Otra dato que llama la atención en el estudio del DNI es que los niños que
trabajan en la calle generan un movimiento económico importante. El 76,5 gana
cada día entre Bs 11 y 20. El 13% percibe entre Bs 21 y 30 y el ingreso del
10,5% es de Bs 31 o más. Tomando en cuenta esto, cada uno podría ganar $us 714
al año y en total, los 12 mil, percibirían Bs 8,56 millones anuales.
De acuerdo a un sondeo realizado por EL DEBER a 30 muchachos de entre 5 y 15
años, la mayoría indica que gana unos Bs 20 por día y asegura que casi en su
totalidad se lo entrega a sus padres, aunque guardan algo para sus necesidades.
Para reunir esta cantidad, casi todos trabajan desde las 8:00 hasta las 23:00,
según comentaron. Sólo algunos comienzan su jornada laboral a media mañana o por
la tarde.
Estos datos hacen pensar que los niños y adolescentes trabajadores de las calles
de la ciudad, en su mayoría dan un uso responsable al dinero que ganan. Pifarré
remarcó que estos chicos tienen un ingreso significativo. “Si no fuera por ese
dinero, serían unas 12 mil familias de mendigos”, advirtió.
No obstante, para Ramiro de Asís el problema es que existe una mezcla entre
trabajo y mendicidad, razón por la que los infantes y adolescentes están
aprendiendo que más fácil es pedir que ganarse la vida trabajando. “El día de
mañana pueden convertirse en delincuentes”, alertó”.
Por otro lado, el nivel de asistencia regular a la escuela entre los niños que
trabajan en la calle es similar al que hay entre todos los niños de Santa Cruz,
que es de 70%. Sin embargo, lo que no se midió en la encuesta fue el nivel de
rendimiento.
Respecto a los niños y adolescentes con problemas de drogadicción, López Cairo
propone implementar en los centros que se encargan de este asunto una terapia
psicoanalítica de rehabilitación real, con profesionales competentes, y no sólo
asistencial como se hace actualmente.
“En los albergues hacen un diagnóstico de los niños. Se les da alimento, techo y
educación inicial, pero la parte terapéutica no se la toca. Es importante
trabajar el inconsciente del menor porque se trata de infantes que tienen un
cierto grado de enfermedad mental”, aseveró López.
Añadió que muchos chicos provienen de hogares hostiles. Cuando pasan a la calle,
también se encuentran con hostilidad de parte de sus compañeros y de la misma
sociedad. En los hogares o centros de acogida suelen ser tratados de la misma
forma.
En este sentido, López plantea crear un equipo terapéutico para trabajar con los
niños que tienen problemas de adicción. “Sé que no se podrá rehabilitar a todos,
pero lograr por lo menos un 10 ó 20% es un gran avance, ya que salvar un chico
es salvar una generación”, puntualizó.
Chicos, pero grandes para aguantar daños
Daniel (10) decidió escapar de su casa para no seguir soportando el maltrato
de que era objeto. Hoy vive en la calle y tiene en Techo Pinardi una opción.
“Mucho sufría en mi casa, mi papá se emborrachaba y me pegaba, peor si no
llevaba plata. En la calle me siento un poco mejor, aunque triste, porque
extraño a mi mamá, pero no pienso volver. Estudiaba pero dejé el colegio por la
necesidad de trabajar”, relató.
Según testimonia, el dinero que gana (Bs 15 al día) lo gasta en el almuerzo y
para comprarse ropa. Sin embargo, sus compañeros dicen que se va a los juegos
electrónicos.
Ericka (11), es una de las pocas niñas que trabaja en la rotonda de El Cristo.
Ella ayuda a su madre, que es vendedora ambulante, con los gastos del hogar,
porque su padre hace tiempo que las abandonó. Todos los días sale a las 7:00 de
su casa, en el barrio Los Lotes y vuelve por la noche. “A veces me da miedo
estar en la calle hasta tarde, pero me gusta trabajar”, aseguró.
Aunque no es la misma historia, el drama de María Eugenia (11) es similar. Desde
que tenía 7 años comenzó a trabajar, primero pidiendo limosna, después cantando,
luego limpiando parabrisas y ahora haciendo malabares. Sale de su casa, en el
barrio Los Pinos, en la mañana, con su hermana María Cecilia (8) y dos primos de
5 y 6 años. Retorna a las 23:00.
“El dinero que ganamos (Bs 15 al día) se lo damos a mi mamá, aunque también
ahorramos en nuestra alcancía”, señalaron las hermanas, cuya madre lava ropa y
hace limpieza y su padre trabaja de albañil.
Néstor (14) hace 10 años que trabaja en la calle limpiando parabrisas, ahora
hace malabares con limones. Sus padres son separados, pero él vive con su madre
y dos hermanos. Los otros tres están con su papá. El dinero que logra reunir a
diario (entre Bs 10 y 15) se lo entrega a su mamá para ayudar con la comida. “Es
que no alcanza lo que ella gana y yo tengo que ayudarla. Cuesta la vida,
quisiera ser rico para no tener que salir a la calle a trabajar”, lamentó.
No es diferente el caso de Marco (11) que trabaja para ‘parar la olla’ y aunque
no le gusta estar todo el día en la calle, debe hacerlo por necesidad, ya que
tiene seis hermanos y su madre se queda en la casa a cuidarlos, mientras su
padre ejerce su función como guardia de seguridad.
A Richard (10), le gusta trabajar. Vive con su cuñado y él le ha dicho que tiene
que ayudar en la casa. Su mamá está en el campo y su padre en Argentina.
Las historias de Juan (8), Fabiola (13), Juan Carlos (12), María (15) y Luis
(15) no son diferentes a las de los otros. Ellos también se ven obligados a
trabajar para llevar el sustento diario para sus familias.
|