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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 19, Enero de 2004  

>>    Otros asuntos, además del mar

En los últimos días, como si de pronto todos nos hubiéramos puesto de acuerdo, ha sonado con fuerza la justa demanda de Bolivia para recuperar su costa marítima usurpada en una guerra injusta en 1879. El asunto, como se sabe, resonó en el mundo pero muy especialmente en América ya que fue expuesto con elocuencia por el presidente Mesa en la Cumbre de Monterrey, México.
Ya comentamos el tema y hoy agregaremos que nunca se agotará en tanto subsista el enclaustramiento al que la patria está sometida, de ahí que el gobierno -y más exactamente el Ministerio de Relaciones Exteriores-, deberá tenerlo sobre el tapete para exigir en forma permanente la reivindicación de un derecho al que los bolivianos jamás podremos renunciar.
Pero que la sacrosanta causa no se convierta en bandera para enarbolar como un trapo, sobre todo cuando la toman los demagogos y politiqueros que infestan el país para hacer propaganda y para dárselas de patriotas. Que tampoco sea usada por los poderes del Estado para emborrachar la perdiz, igualmente para aparentar amor a la patria, finalmente para distraer la atención y hacer que pasen inadvertidas o decididamente ignoradas cuestiones que son de fondo, incluso para prolongar la solución de problemas que venimos arrastrando desde el nacimiento de la república. Varios de estos problemas los sufrimos a cada paso, siendo sin duda el peor la corrupción porque origina dificultades, carencias, clima de desconfianza y otras cosas negativas que desembocan en la desmoralización, cundiendo el pesimismo.
Evidentemente, por culpa de la corrupción que se paseó con descaro por la administración pública (estatal, departamental y municipal) y por instituciones -tal el caso de las cooperativas-, que deben servir al pueblo, no se concretaron infinidad de obras y trabajos que mejorarían sustancialmente las condiciones de vida de la ciudadanía, con el consiguiente efecto multiplicador, destacando en este aspecto la creación de fuentes de empleo. Otras veces fueron los negociados en inversiones descabelladas, quedando por uno y otro lado, como mudos testigos, los elefantes blancos subastados a precio de gallina muerta. Lugar relevante en esto de la corrupción ocupa la construcción de carreteras. ¿Y los negociados en las licitaciones y adjudicaciones? ¿Y los manejos arbitrarios de los bienes muebles e inmuebles del Estado? ¿Y los sobreprecios? ¿Y el uso festinatorio de los gastos reservados?
Interminable sería el recuento de los hechos de corrupción que se dieron y continúan dándose, al amparo de la política y de las influencias de los poderosos. Por eso es que ahora, con un gobierno que dice no estar comprometido con nadie y que no admite recomendaciones, el pueblo espera con justificada expectativa que se den los pasos, de una vez por todas, para detener el carro de la corrupción en todos los ámbitos, obligando a la devolución de los millonarios dineros que se llevaron los inescrupulosos y poniendo a éstos tras las rejas, tal cual lo establece la ley, a modo de advertencia para quienes tengan intenciones de incurrir en el delito y para dar satisfacción a la población boliviana.
Estamos persuadidos de que arrancando este cáncer que es la corrupción, por generación espontánea surgirán esas soluciones -que también son problemas pendientes-, vinculadas a la salud, la educación, las vías camineras y tantos otros servicios de beneficio colectivo.
Volvemos al principio para subrayar que siempre será justo y oportuno llevar en la mente y el corazón la causa marítima, además de exponerla en los foros internacionales. Pero no por ello hemos de olvidar los acuciantes asuntos que nos afectan y que podemos atender si hay voluntad y patriotismo, para avanzar hacia el progreso, tengamos o no acceso soberano al mar.

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