El corazón de Chapare está dividido, pero sólo
por un torrente. La bravura de dos ríos, que al unirse forman uno solo, fue
el afluente que el pasado 23 de diciembre destruyó el puente Alfonso Gumucio
e interrumpió la ruta troncal que conecta el occidente con el oriente
boliviano, dejando un saldo trágico de 54 muertos, 2 desaparecidos, 4
vehículos perdidos y cientos de miles de dólares perdidos en infraestructura
vial, hotelería y producción agrícola.
A casi un mes de la fatídica madrugada, vísperas de Navidad, el ajetreo
vehicular en el tramo Shinaota-Villa Tunari, municipios unidos por el río
Chapare (donde convergen los ríos Espíritu Santo y San Mateo), cambió por un
inusual movimiento peatonal y naviero.
Casi un centenar de pequeñas canoas, que trabajan en dos turnos, transportan
pasajeros que hacen trasbordo de buses en el tramo interrumpido por la caída
del puente; y dos pontones embarcan vehículos livianos y pesados que van y
vienen en el tramo Cochabamba-Santa Cruz.
Un promedio diario de 400 personas cruzan el río Chapare en un trayecto
paralelo al puente derrumbado. En tanto que unos 150 vehículos, entre
pesados y livianos, hacen el mismo tránsito.
Cada pasajero deber pagar Bs 3 para ser trasladado en canoa, de un extremo
al otro del río cuyas aguas todavía están caudalosas. Mientras que los
vehículos pagan a los pontoneros entre Bs 20 y 160, dependiendo del peso y
tamaño del motorizado. Las tarifas fueron determinadas por una ordenanza
municipal emitida por el Municipio de Villa Tunari.
El trajín de pasajeros y motorizados generó actividades alternativas para
los habitantes de los municipios vecinos. En el lado de Shinaota, medio
centenar de comunitarios salieron a la vera de la carretera e instalaron
improvisados puestos de venta de alimentos. Mientras que en el lado de Villa
Tunari, los comerciantes se bajaron hasta la playa del río y ahí acomodaron
sus puestos.
La situación también generó empleo para 120 cargadores y un centenar de
pescadores dueños de las embarcaciones. Ambos grupos se organizaron e
incluso están realizando inversiones. Los propietarios de canoas y pontones
están invirtiendo hasta $us 1.600 por cada pontón para transportar carga
pesada y esperan recuperar los gastos y tener réditos en aproximadamente un
año de actividad, tiempo en que demoraría la construcción de un nuevo
puente.
Todo indica que el transporte pesado y de omnibuses insistirá en utilizar
esa ruta para llegar más rápido al occidente del país. No es por nada que
los navieros apuestan al negocio con mayores inversiones.
“Queremos que la gente se sienta cómoda, que no espere mucho para ser
transportado, por eso estamos construyendo más pontones”, explicó Rolando
Ayala, del Sindicato de canoeros.
El martes pasado, una flota, con capacidad para 40 pasajeros, hizo la prueba
de cruzar el río en un pontón. El ensayo fue exitoso, por lo que los
transportistas consideraron la posibilidad de habilitar ese trayecto para
llevar pasajeros. Sin embargo, el deterioro de otros puentes de la zona,
está limitando el tránsito de vehículos de alto tonelaje y por ese motivo se
postergó la posibilidad de que transiten buses de pasajeros por esa vía.
Los dueños de ómnibuses consideran que están sufriendo pérdidas económicas
cuantiosas al hacer el trayecto hacia el interior del país a través de la
antigua ruta, que demanda unos 350 kilómetros más de recorrido, entre 50 a
70 litros más de combustible y un deterioro mayor de los motorizados
considerando el mal estado del tramo.
Otro sector que está sufriendo los efectos de la interrupción de la ruta
troncal es el que se dedica a la siembra de productos alternativos. Sobre
todo los bananeros que están ubicados en Villa Tunari, se ven
imposibilitados de transportar sus productos hacia Santa Cruz para luego
exportarlos a Argentina. Coyunturalmente están llevando la fruta a
Cochabamba y La Paz, pero se corre el riesgo de que se genere una
sobreoferta de banana en el país.
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Restos.
Así quedó el bus de Trans Cotoca que cayó al río la madrugada del 23 de
diciembre pasado, lleno de pasajeros. La mayoría pereció en las aguas
del Chapare |
Puentes peligrosos y turismo caído
Un informe técnico del Servicio Nacional de Caminos, estableció que tres
puentes de Chapare, ubicados entre Villa Tunari y Chimoré, están a punto de
colapsar, debido al deterioro en que se encuentran.
La información la proporcionó Karlos Hoffmann, responsable de
infraestructura y fortalecimiento municipal del Programa de Apoyo a la
Estrategia de Desarrollo Alternativo en Chapare (Praedac).
Hoffmann dio cuenta de que el puente más dañado es el que está sobre el río
Espíritu Santo y su reparación demandará $us 240.000. Los trabajos ya
comenzaron en dicha infraestructura, donde se ha limitado el cruce de
vehículo con un peso máximo de 200 toneladas.
“En realidad todos los puentes del trópico de Cochabamba tienen alerta roja
y hay tres de ellos que están a punto de colapsar”, advirtió el funcionario.
La caída del puente Alfonso Gumucio y el deterioro de los demás, información
que ha sido ampliamente difundida por los medios de comunicación, contribuyó
a la abismal caída de la actividad turística, ocasionando millonarias
pérdidas en ese sector.
Arturo Murillo, presidente de la Asociación de Hoteleros del Trópico de
Cochabamba, estimó que el sector perdió, sólo entre el 20 de diciembre de
2003 y el 5 de enero de 2004, más de medio millón de dólares. Ese monto fue
la ganancia que lograron durante las fiestas de fin de año de 2002.
En los últimos cinco años, Chapare se benefició con una inversión de $us 12
millones en turismo. En la región hay un centenar de hoteles y alojamientos,
además de parques, restaurantes y otros espacios.
El 20% de buses está “guardado”
Hasta antes de la caída del puente Alfonso Gumucio en Chapare,
diariamente salía un promedio de 60 flotas por día desde la Terminal Bimodal
de Santa Cruz de la Sierra hacia Cochabamba y La Paz. Desde el pasado 24 de
diciembre, están partiendo entre 35 a 40 buses por la antigua carretera al
occidente.
Según explicó Víctor Poma, administrador de la flota Unificado, un 20% de
buses está varado. “Los dueños que no deben al banco han decidido guardar
sus flotas, pero los que tienen compromisos económicos no pueden dejar de
trabajar”, sostuvo.
En la oficina de Tránsito de la Terminal Bimodal, informaron de la salida de
un promedio de 1.800 pasajeros por día hacia Cochabamba y La Paz. Antes de
la caída del puente, unas 2.400 personas salían con ese rumbo.
De todas maneras, Víctor Poma informó que los efectos no han sido muy
considerables, porque todavía tienen demanda alta de pasajeros, considerando
que muchos ciudadanos están retornando de vacaciones a sus lugares de
origen.
También dijo que la oferta de pasajes aéreos más baratos hacia Cochabamba no
afectó al transporte terrestre.
Un sobreviviente y un rescatista no olvidan la
turbulencia del río
Luis Fernando Delgado (18) tuvo un presentimiento negativo esa madrugada,
pero faltó un trabajador en la panadería de sus padres y se levantó para
distribuir el pan a poblaciones vecinas a Shinaota, donde vive. El mal
tincazo del muchacho terminó en una terrible pesadilla.
“Estaba durmiendo en la movilidad en que llevábamos el pan y el chofer
conducía. Desperté con el impacto de la camioneta contra el agua y creo que
quedé bajo el tablero”, relata el joven, como si estuviera contando una
película de suspenso.
La pierna izquierda de Luis Fernando quedó atrapada en el carro. “Cuando la
camioneta llegó al fondo del río explotaron los vidrios y con el golpe quedó
liberada mi pierna”, prosiguió. Nadando, logró salir de la profundidad del
caudaloso río.
El muchacho tuvo suerte y fue inteligente, por eso se salvó. Lo primero que
hizo fue quitarse la ropa para nadar mejor. “Era muy oscuro, pero miré a
ambos lados y las orillas del río estaban muy lejos. Quise nadar pero mi
pierna izquierda no respondía. Vi una balsita que pasaba y logré agarrarla
mientras el río me arrastraba. Apareció otra balsa más grande y solté la
pequeña. Con esa logré llegar a la orilla”, contó.
Luis Fernando fue rescatado a las 16:00 del mismo 23 de diciembre y ahora se
recupera de las heridas y está con la pierna fracturada.
Edgar Montenegro, un pescador cuya fama de buen nadador trasciende, fue uno
de los lugareños que más aportó en el rescate de las víctimas fatales de la
caída del puente Alfonso Gumucio. “Fui a buscar los cuerpos que desde el
helicóptero no pudieron divisar. Cuando me metí en el río ya habían sacado
el 50% de los muertos”, relató.
“Trabajé 11 días en un bote y rescaté 9 cadáveres. No me pregunten cómo
estaban los cuerpos. La mayoría eran bebecitos y eso me impresionó mucho”,
dijo y explicó que para encontrar los restos se dejó guiar por las palizadas
que había. “Los cuerpos de las personas hacen el mismo papel que las
palizadas, por eso nos guiamos, y por los buitres”, explicó.
Río se come de a poco a Villa Tunari
Si no se implementa un plan de manejo de cuencas en tiempo breve, Villa
Tunari corre el riesgo de quedar como una isla e incluso de desaparecer. El
concejal municipal, David Herrera, advirtió que ese municipio pierde entre
25 y 30 metros de terreno por año, debido a que el río cada vez se acerca
más al pueblo.
“La población se va achicando de a poco cada año en época de lluvias. A la
altura de un surtidor había unos 150 metros de distancia y ahora sólo son 50
metros”, argumentó en su advertencia.
Según explicó, el caudal de agua baja desde 4.000 metros sobre el nivel del
mar y Villa Tunari está a 300 metros sobre el nivel. “Esa fuerza con la que
descienden las aguas es la que nos azota”, dijo.
Todo el municipio de Villa Tunari tiene casi 54.000 habitantes, de los
cuales 2.700 viven en la capital, sobre la carretera troncal a Cochabamba.