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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 10, Enero de 2004

Reconocido. El conjunto del trabajo del artista cochabambino Fernando Casas, residente en Estados Unidos, recibió una mención. Arriba, la obra Spine (espinazo), realizada en técnica mixta. 142x233

Arte dispar en la Bienal de

Florencia

La Cuarta Bienal Internacional de Arte Contemporáneo fue un impresionante despliegue del que participaron 891 creadores, entre ellos cuatro bolivianos: Mirta Cwirko, Fernando Casas, Rosario Ostria y Orlando Arias Morales. Hablan de los niveles de calidad en el evento plástico internacional


Liliana Colanzi

La Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Florencia es todavía un evento joven en el mundo de la plástica -va por la cuarta versión, mientras que la Bienal de Venecia, por ejemplo, cumple 51 años en 2004- pero a su corta edad tiene una dimensión impresionante.
Florencia, una de las capitales culturales más importantes del mundo, se permitió el lujo de reunir la obra de 891 artistas de 74 países, en un acontecimiento que se llevó a cabo del 6 al 14 de diciembre de 2003. El jurado calificador estuvo integrado por destacados críticos de arte de varias nacionalidades. Esta gigantesca muestra posee un espíritu pluralista que pretende representar todas las expresiones artísticas posibles, hecho que ha sido un tanto cuestionado por la falta de rigor que puede devenir como consecuencia.
Uno de los puntos más altos fue la conferencia del famoso pintor británico David Hockney sobre su polémica tesis del uso de la cámara oscura por los pintores del Renacimiento.

CUATRO PALETAS DISTINTAS
PARA NOMBRAR A BOLIVIA

Bolivia tuvo en la Bienal a cuatro representantes, cuyos estilos tienen poco en común: Rosario Ostria, Fernando Casas, Mirta Cwirko y Orlando Arias. Cada uno se postuló de manera individual y los cuatro se encontraron en la ciudad italiana, algunos de ellos sin saber de la presencia de los otros en el evento.
De todos ellos, el cochabambino Fernando Casas, que reside en Estados Unidos, recibió una mención del jurado por la totalidad de su obra. En el voluminoso catálogo del encuentro aparece la obra Spine (espinazo), de 1,42 x 2,33 metros (derecha). “Tuve la suerte de que fuera colgada en un muy buen lugar de la exposición; era el primer trabajo que se podía ver entrando a la muestra”, expresó. Casas, nacido en Cochabamba en 1946, es doctor en filosofía por la Rice University.
Mirta Cwirko llevó una obra que compendia su trabajo de 20 años en las artes plásticas. Intimidades es el conjunto de 88 cuadritos que conforman el imaginario de esta creadora, asentado en la placidez de la feminidad. “Hice una síntesis de todas mis obras, que siempre han estado relacionadas con el mundo femenino: tomé el trabajo de los niños, las mujeres embarazadas, las niñas en su soledad, las españolas... Todo se fue armando como un rompecabezas”, afirmó Cwirko, que utilizó madera, muñecos, lona, acrílico y una lupa en su creación de 2,10 x 2,60 metros. Una de las particularidades de Intimidades es su tridimensionalidad, que se puede apreciar colocándose a cierta distancia de la obra. La artista de nacionalidad argentina se siente orgullosa de haber competido a nombre de Bolivia, aunque lamentó la escasa protección de los derechos de autor que existe en el país.
La paceña Rosario Ostria (43) viajó con tres cuadros que pasaron por la crítica del estadounidense John T. Spike, director de la Bienal de Florencia, y de la mexicana Matty Roca, miembro del jurado.
Los acrílicos de Ostria son Ángel protector, Vientos de libertad y Guardián de la naturaleza. Spike ponderó en ellos los colores intensos y los contrastes, que sin embargo no estuvieron reñidos con la suavidad y la ternura. Matty Roca, por su parte, opinó: “Con colores fuertes y vibrantes y en ocasiones con una paleta restringida, nos cambia no sólo de estado de ánimo, donde podemos encontrar disfrute y alegría, y a un tiempo dar un salto y encontrarnos con obras religiosas que podrían ser bizantinas”.
El potosino Orlando Arias Morales (49), que radica en Colombia, mostró el óleo Anunciación, en el que se representa la clásica escena bíblica pero a través de figuras geométricas.
Ninguno de los artistas que integra la Bienal puede vender sus obras en Italia, sólo realizar contactos. Cwirko relató que en un aeropuerto debió dejar garantías de que su trabajo iba a salir del país sin ser comprado.
 

Reciclaje. Personal topography, de Andrea Henkels Heidinger

LO BUENO Y LO KITSCH
Un laberinto. Así definió Cwirko a la inmensa sala de la histórica Fortezza de Basso en la que se instalaron las obras de arte. Creaciones en pintura, escultura, gráfica, mixed media, instalación, fotografía y arte digital compiten por acaparar la atención del visitante, que tiene acceso a ese vasto abanico de expresiones culturales del mundo entero por un precio de 10 euros.
Esta bienal, más que conectarse con lo último de la vanguardia, pretende ser la exposición “más comprensiva”, a decir de Spike, del arte contemporáneo.
No es al azar que uno de sus objetivos sea promover el diálogo y la diversidad, y por tanto abra los brazos a todos los estilos, “del tradicional al digital, y comprenda todos los géneros, del conceptual al retrato”.
Su naturaleza conciliadora ayudó a que las Naciones Unidas eligiera a la Bienal de Florencia como compañera en el programa Diálogo entre culturas. Una de las señales de la diversidad que la Bienal quiere mostrar es la inclusión de algunos países que generalmente quedan marginados de los circuitos artísticos internacionales, como Afganistán, Malasia, Egipto y Turquía.
“Se trata de una bienal más tradicional y conservadora, se ve mucha pintura en caballete. Aquí en Bolivia tendemos a pensar que los que hacemos pintura somos más anticuados que los que hacen instalación, pero allá te das cuenta que no es así. Son diferentes géneros, no se puede clasificarlos por igual”, explicó Rosario Ostria.
Fernando Casas resaltó el ‘intencional mal gusto’ de muchas de las creaciones: “En general esta bienal tan enorme me pareció muy dispar: había mucho en mi opinión que no merecía estar allá. Los juicios artísticos son notoriamente falibles, pero confieso que estuve muy sorprendido por mucho de lo que vi. Un estilo de apropiación posmodernista ‘kitsch’ parece haberse esparcido por todo el mundo. No puedo más que pensar que esta repetición de fórmula refleja una pobreza en el espíritu creativo de nuestro momento histórico”, confesó.
Cwirko y Ostria percibieron, dentro de la variedad de las propuestas, un énfasis en la expresión de la violencia, como protesta y como reflejo de la situación actual del mundo. “Encontré mucho morbo y manejo de la sangre”, manifestó Mirta Cwirko. Ostria sostiene que varias de las obras, pese a explicitar la violencia, eran un llamado a la paz.
El arte latinoamericano dejó su sabor en el encuentro. “Los latinoamericanos nos arriesgamos más, somos más expresivos y no consideramos tantas reglas. Trabajamos con el concepto de hacer lo que sentimos, somos más naif en eso”, sostuvo Cwirko, a la vez que Ostria consideró que la pintura latinoamericana tiene mayor contenido social y es más pasional que racional.

LA FERRARI Y LOS MUSEOS
VATICANOS GALARDONADOS

Aparte de la exhibición de obras de arte, la muestra contó con pabellones de exposición de los Laboratorios de Restauración de los Museos Vaticanos, a los que se otorgó el máximo reconocimiento de la Bienal, el premio Lorenzo il Magnifico. Los complejos trabajos de restauración de los tapices de Rafael y de los frescos del ‘cuattrocento’ y de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina fueron representados para el público. Pero éste no es todo el trabajo de los laboratorios: también están en sus manos las obras de civilizaciones antiguas del Mediterráneo (egipcios, griegos y etruscos), las estatuas grecorromanas, las platerías y los abalorios antiguos, los esmaltes y relicarios medievales y los bocetos en terracota de Bernini, por citar sólo algunos.
Otro de los homenajeados, menos solemne por cierto, fue la firma italiana Ferrari, que ha deleitado a generaciones con obras maestras del diseño automovilístico. La elección de dos instituciones tan dispares como los museos vaticanos y la Ferrari es, quizás, el símbolo de ese abigarrado tejido que es nuestra época, y del que la Bienal de Florencia es una nueva prueba.

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