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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 09, Enero de 2004  

>>    Obras mal calculadas

A ojo de buen cubero, temerosos de incurrir en falsas apreciaciones, nos atrevemos a pensar que las obras que se ejecutan en nuestro país están mal calculadas. ¿Será por ineptitud? ¿Será por irresponsabilidad? ¿Será por ahorrar unos pesos al siempre deficitario Tesoro General de la Nación?
También nos atrevemos a pensar que más de esto último, es decir lo de ahorrar unos pesos al Tesoro, prima en el diseño y en la ejecución de obras que son, por su naturaleza, del dominio público.
Más a la corta que a la larga queda demostrado que el pretendido ahorro que se trata de hacer con los fondos del Tesoro General de la Nación, termina resultando muy caro. Obras diseñadas y ejecutadas sobre cálculos que no garantizan un ciento por ciento de seguridad y de buen servicio, terminan, o bien deterioradas antes de tiempo o bien totalmente inutilizadas o destruidas.
Pensemos solamente en las obras viales que, por no resistir a las inclemencias no muy comunes del tiempo, fueron arrolladas por las aguas provocando una mortandad de seres humanos, de la que todavía no conseguimos curarnos. Tan grande fue el dolor, tan penosa la impotencia.
Y haciendo memoria sin mayor esfuerzo, recordamos bien que no hace muchos años, otra obra vial, un puente igual que el de hoy, se vino abajo arrollado por las aguas revueltas de uno de nuestros ríos que normalmente corren mansas y arrulladoras.
Y tal vez no sean estos dos los únicos casos. Tenemos la casi absoluta seguridad de que ha habido un tercero y posiblemente un cuarto y hasta un quinto. Verdaderos desastres que al Tesoro de la Nación le significaron pérdidas cuantiosas, y que también tuvieron su costo en vidas humanas de total inocencia.
A nuestro modo de neófitos para ver las cosas, nuestras obras se calculan, se diseñan y se ejecutan asumiendo que nuestros ríos siempre correrán mansos, que nuestros vientos jamás lograrán la intensidad de los huracanes, que el piso, de ninguna manera, temblará bajo nuestros pies a consecuencia de terremotos o de explosiones volcánicas. Como si fuese posible tener bajo control todos los fenómenos atmosféricos, nuestras obras son calculadas como para un país que más que país es un edén.
La realidad nos golpea cruelmente de vez en cuando. Se descontrola un río y caen puentes y se rompen las malas carreteras. Todo lo cual es equivalente a pérdida de vidas humanas y de dineros, de los que jamás estamos lo suficientemente provistos.
La tragedia, de la que no logramos recuperarnos aún, tendría que movernos para que tomemos en serio las cambiantes exigencias de nuestro medio ambiente.

Contáctese con nosotros: editorial@eldeber.com.bo

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