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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 08, Enero de 2004  

>>    Problemas de todos

Todos son problemas en nuestro país. Todos son problemas en nuestra ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Comentábamos hace poco en rueda de amigos que tan problemáticos somos que hasta para ejecutar obras de incuestionable bien común, con recursos propios, se tiene que enfrentar problemas y no siempre por efecto de los burócratas, que son uno de los grandes problemas, sino de nuestra propia idiosincrasia.
En carne propia lo hemos experimentado. No estamos hablando pues, de memoria. Más de una vez, en el afán de ejercitar nuestra pequeña vocación de servicio, hemos querido beneficiar a la comunidad con el liso y llano fin de servirla. Sensiblemente, las cortapisas no han tardado en salirnos al través.
¡Dios mío!, hemos exclamado en tales circunstancias. Si nos ponen trabas a la hora en que queremos dar espontáneamente, cómo será a la hora de pedir lo que nos corresponde según ley y de manera irreprochablemente limpia y transparente.
Quizás por el trámite burocrático a que está reatada la determinación de dar, mucha gente se abstiene de hacerlo. ¿Porqué amargarse la sangre cuando la intención es hacer bien al prójimo?
Pero al margen de esta observación, tenemos otro extremo que corresponde a los que nada quieren hacer aún en tratándose de cosas que son de su estricta y exclusiva responsabilidad. Abundan, son mayoría abrumadora incluso, los que piensan que las cosas les tienen que llegar “de arriba” para disfrutarlas de manera plena, libres de toda preocupación y exentos de responsabilidades.
Los que excusan sus deberes asegurando que quien tiene que obrar en caso de necesidades públicas, o es el Estado nacional o es el municipio, son una verdadera casta signada con el matiz de la intransigencia. En derredor de problemas comunales que, infelizmente no son pocos y que además son viejos, no hay quien no escuche aquello de “ah, yo no tengo nada que ver, es problema del Estado o bien, es problemas del municipio”.
Y puede venirse el cielo abajo en pedazos habiendo gente con capacidad para evitar el desastre, sin que nadie consiga sacar a los empecinados del convencimiento de que quien tiene que actuar es el municipio o es el Estado nacional, por lo general ambos sin recursos o comprometidos en otras misiones prioritarias.
Pobres son nuestros sentimientos de solidaridad pues incluso hay cosas que juntos podríamos llevar adelante sin necesidad de incurrir en erogaciones, Nos abroquelamos sólo en lo nuestro y el saldo que se vaya al demonio. Tal vez sea por eso que a este nuestro país y a esta nuestra región, les cuesta tanto dar pasos hacia adelante y madurar como realidad humana.

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