La Policía no logró frenar a los vándalos en Warnes; hubo pelea
Enfrentamientos. La puerta principal del edificio municipal no resistió los golpes y cohetazos de los agitadores
Roberto Navia/M. Fernández
Pugnas. La Alcaldía se convirtió en un campo
de batalla. El fiscal no pudo mediar
La Alcaldía de Warnes y sus alrededores ayer
volvió a convertirse en un campo de batalla. Los militantes del MIR y del MNR se
agarraron a tiros, pedradas y palazos. Todo por hacerse de la dirección del
Municipio.
El cura del pueblo, asustando ante el caos, sólo atinó a repicar las campanas.
Pero el enfrentamiento no paró hasta que los seguidores del mirista Samuel Vaca
Franco, ex alcalde, derrumbaron la puerta principal del Municipio y tomaron una
parte del inmueble público.
Diez policías, apostados a las puertas del edificio municipal, donde también
funciona el Concejo, vieron silenciosos a la turba que a la cabeza de cinco
concejales y de Oswaldo Rivero, quien también dice ser alcalde, se agolpó a las
puertas del inmueble. Fueron suficiente 15 minutos para que con palos, piedras y
una camioneta destruyeran puertas y ventanas.
La entrada principal de la Alcaldía se convirtió en una trinchera. El tumulto
entró, pese a que una pequeña ventana y una puerta de madera, les cerraba el
paso. Por el portón, ubicado en la parte lateral del inmueble, policías
resguardaban el paso.
En su interior, centenares de personas entre funcionarios y seguidores del
alcalde Víctor Álex Sánchez, lanzaban petardos y hondazos. También tenían palos
y estaban prestos a defenderse respondiendo a las balas y piedras que llegaban
desde la calle.
En su despacho, ubicado en la planta alta, Sánchez se encontraba munido de
varios frascos de vinagre, bicarbonato y trapos para evitar los efectos del gas
lacrimógeno que se extendía desde la calle y trataba de comunicarse con el
Prefecto de Santa Cruz. El jefe policial de Warnes, Rubén Suárez, con un pañuelo
blanco en el rostro y varios efectivos policiales, se comunicaba también
desesperado con sus superiores.
La llegada del comandante provincial, Amador Tolaba, que coincidía con el arribo
de 42 oficiales del GES, trajo un leve respiro. La gente cerró todos sus
negocios y a una cuadra a la redonda de la plaza, los vecinos miraban con miedo
lo que ocurría en los alrededores del edificio.
Minutos después llegó el fiscal Cristian Torrico, que está analizando el legajo
jurídico sobre el caso Warnes y pidió a ambas partes un cuarto intermedio
ofreciendo sus buenos oficios para firmar un compromiso que permita terminar con
el clima bélico que se vivía.
La reflexión que les dio el fiscal no encontró respuesta positiva. Sólo atinó a
declarar que no estaba en sus manos determinar la legalidad de ambos grupos,
sino observar y evitar más violencia. "Esto no es una oficina municipal, es una
trinchera", argumentó.
El prefecto Carlos Hugo Molina, dijo que lo que se vive en Warnes es un acto de
barbarie y que algunos políticos están destruyendo una de las provincias más
ricas del departamento.
Suerte del
Municipio se define el martes
El martes 13, al parecer la suerte será echada
para la Alcaldía de Warnes, ya que los concejales titulares que están
habilitados por la Corte Electoral sesionarán.
El presidente del Consejo, Luis Fernando Antelo (MNR) aseguró que la primera
sesión de este año está fijada, y que cualquier otro acto es nulo.
Sin embargo, ayer y en medio de actos vandálicos, otro grupo de concejales a la
cabeza de Samuel Vaca, ex alcalde de Warnes, sesionó adjudicándose titularidad y
legalidad e incluso, eligió una mesa directiva del Concejo para la presente
gestión.
Este conflicto política que tiene dividido a dos fracciones del MIR, una de la
línea de Hormando Vaca Díez, actual presidente del Senado Nacional y otra
encabezada por Pedro Zurita, asesor de Samuel Vaca en la que se encuentra el
alcalde emenerrista Víctor Álex Sánchez que ampara su legalidad en la sentencia
del Tribunal Constitucional y los cinco amparos que lo favorecen.
Desde su nombramiento como Alcalde, el pasado ocho de mayo y después de ser
concejal titular, apresuró su accionar en la política, mediante un pacto con el
sector de miristas contrarios a los hormandistas.
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