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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 05, Enero de 2004  

>>    Caminos: inseguridad y atraso
Como se sabe, el pasado 23 de diciembre un puente sobre el río Chapare en la carretera Santa Cruz-Cochabamba, se derrumbó cuando pasaban sobre él algunos vehículos, pereciendo cincuenta personas (algunos cuerpos todavía no fueron recuperados) y salvándose de milagro otras varias decenas, más daños materiales calculados ya en millones de dólares por la pérdida de objetos personales, por los perjuicios que están sufriendo las actividades agropecuarias, comerciales, turísticas, de exportación e importación y por lo que le costará al Estado la reconstrucción de tan importante viaducto. Es una de las tantas características de las vías de comunicación terrestre en Bolivia, las malas condiciones en que se encuentran. Unas veces son los puentes que, no obstante que fueron construidos hace decenios, no se les ha hecho el debido mantenimiento siendo éste el caso del mencionado líneas arriba levantado en 1969 y por el que han cruzado cientos de miles de vehículos a través de los años, muchísimos con sobrepeso. Algo similar ocurre con el puente sobre el río Piraí en el trayecto Montero-Portachuelo, ligeramente reparado tiempo atrás pero que no ofrece garantías totales a los viajeros. ¿Qué decir del que conecta Puerto Paila y Pailón sobre el Río Grande? Que siendo para uso ferroviario se le hizo un entablado para que vayan y vengan por él todo tipo de vehículos motorizados, que es amenazado por la falta de buenos defensivos, donde a veces hay que aguardar horas para que pasen los trenes o los vehículos desde la otra banda, y que Dios no permita que colapse un día de esos porque la tragedia sería gigantesca. He ahí un resumen muy breve en cuanto a puentes, porque los caminos en sí mismos, pavimentados o de tierra, con una que otra excepción, están que dan pena porque la mano dañina del hombre -tal el caso de los cocaleros de Chapare-, el negociado por el cual no los hicieron llenando todos los requisitos de calidad, y la sempiterna dejadez estatal en cuanto al ya citado mantenimiento, determinaron que ahora estén llenos de baches, sin señalización, con derrumbes, fáciles de ser presas de las riadas como la carretera Chimoré-Yapacaní, quizá la más importante de Bolivia, y la de la zona de Ipitá (provincia Cordillera), que hace unos días también causó luto cuando las aguas de un río se desbordaron arrastrando dos automotores y muriendo cinco de sus ocupantes. Para colmo de males los defensivos destinados a impedir que las aguas socaven las infraestructuras de los caminos con frecuencia se hicieron tarde, mal y nunca, no tardando en verse las consecuencias como por ejemplo en la vieja vía al interior, que no por haber perdido importancia con la construcción de la carretera Yapacaní-Chimoré, dejaba de ser vital. Dicha ruta, que conecta con los valles cruceños, con Chuquisaca y Cochabamba -que aparte de hacérsele mantenimiento ya tendría que estar pavimentada en su desvío a Vallegrande-, sin embargo está punto menos que en el abandono y ahí vemos la derivación: es antieconómica como ruta alternativa para viajar al interior porque las malas condiciones en que se encuentra hacen caro e interminable el viaje, fuera de riesgoso justamente por su pésimo estado de conservación. Como para completar el cuadro negro en este tema, tenemos otra realidad que molesta y que no es otra que la centralización de los fondos que se recaudan por peaje -que según ley son para refaccionar los caminos-, que en un 70 por ciento van a parar a La Paz. Hay entonces inseguridad en las carreteras, ocurren desgracias, que después todos lamentamos pero de las que nadie se responsabiliza, y la gente que trabaja y el propio Estado sufren las consecuencias. ¿Cuándo se entenderá que sin vías camineras cualquier esfuerzo por alcanzar el progreso será vano?
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