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| EDITORIAL |
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 13, Octubre de 2003
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Ciudad con muchas deficiencias
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En días recientes, como es la característica en nuestra ciudad, las
informaciones del periodismo han mostrado cuán deficientes son muchos de los
básicos servicios que requiere una comunidad civilizada que se aproxima al
millón y medio de habitantes, una urbe catapultada a la condición de capital
económica de Bolivia y centro de reuniones tanto en el contexto nacional como
internacional.
Bastó que cayeran dos chaparrones para que Santa Cruz de la Sierra se viera
inundada en muy numerosos barrios, señal inequívoca de que los canales de
drenaje y el alcantarillado son insuficientes. Pero no sólo son insuficientes
sino que lucen deteriorados y en estado de abandono, puesto que esas mismas
informaciones y las quejas de los vecinos han marchado parejas y coincidentes.
Los desagües están llenos de malezas y desperdicios que obstaculizan el flujo de
las aguas y que disminuyen ampliamente su capacidad, peor aún, la erosión ha
provocado el derrumbe de losetas y de otros materiales de los que están
construidos. Si esto ocurre en una época que no es de lluvias intensas, ya
podemos imaginar lo que puede pasar en los próximos meses cuando los aguaceros
se dan copiosamente.
En aseo urbano no se aprecia mejoría ni en el barrido de calles, ni en la
recolección de basura, ni en la obligación de cuidar la salud de los empleados
que manipulan los desperdicios. Éstos siguen trabajando de manera primitiva, sin
atuendos que los protejan de las bacterias y otros elementos dañinos que pueden
provocarles enfermedades mortales. Nos encaminamos a los cuatro años de labor
improvisada en este campo (el convenio temporal era de tres meses) y la
alcaldía, por no hacer las cosas con la transparencia que se requiere, no ha
podido firmar el contrato definitivo. ¡Increíble y condenable!
Para quienes sólo circulan por el casco viejo y hasta el segundo anillo de
circunvalación, la iluminación pública puede que sea buena. Pero pasando estos
límites, o sea penetrando a las zonas donde vive la gran mayoría de la
población, el servicio de alumbrado es pésimo, hasta las pequeñas plazas están a
oscuras constituyendo uno de los motivos para que prolifere la delincuencia.
¿Qué decir del ornato? Ahí está la comuna, con su iliquidez a cuestas y agobiada
por su multimillonaria deuda, buscando entre la empresa privada padrinos que se
encarguen de tener presentables los jardines de las avenidas a cambio de una
publicidad que, precisamente, le hace un flaco servicio al ornato. Asimismo es
de no creer que ni las rotondas tengan un buen césped, algunas flores y dos o
tres árboles. Y si las rotondas no cuentan con un buen mantenimiento, habrá que
pensar cómo les va a las plazas y parques de dimensiones más o menos
considerables: son pajonales o arenales.
En cuanto a la seguridad ciudadana, que es fundamental para el normal desarrollo
de cualquier actividad, pues continuamos asediados por los delincuentes de
distinta índole al punto de que no disponemos de sosiego ni en el hogar, ni en
la vía pública, ni en el trabajo, ni a pie, ni en vehículo, porque el rato menos
pensado un atracador puede ponernos el arma sobre nuestra humanidad. Imposible
vivir sin un mínimo de garantías ciudadanas.
Santa Cruz de la Sierra ya no es la aldea olvidada de hace unas décadas, es la
ciudad boliviana, lo reiteramos, hacia la que convergen millares de personas en
procura de forjar un mejor destino para el país, para el distrito y para sí
misma. Por consiguiente, no se puede estar haciendo arreglitos improvisados cada
vez que hay una cita más o menos importante, necesariamente tiene que estar
lista los 365 días del año, siempre, bajo el lema que inmortalizó el poeta: Es
ley del cruceño la hospitalidad.
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