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Mandela se va con la alegría de haber liberado a su pueblo

Una leyenda. “Se apagó apaciblemente”, anunció ayer el presidente sudafricano Jacob Zuma. El mundo lo llora



CARLOS MORALES Y AGENCIAS - EL DEBER

La muerte de Nelson Mandela no es parte de una triste canción, sino el epitafio de una historia de lucha y de amor por un pueblo que fue liberado. Como dice la canción del cubano Pablo Milanés, “qué feliz, que en una historia de amor, todo un pueblo encierre su libertad”. Y así fue. Ayer, cuando faltaban 10 minutos para las nueve de la noche en Johannesburgo, la vida de Mandela se apagó “apaciblemente”, rodeado de sus seres queridos, como un verdadero héroe de los derechos humanos y la liberación de los oprimidos. Tenía 95 años. 

Millones lloran la partida de Mandela, no solo en Sudáfrica la tierra que lo vio nacer el 18 de julio de 1918, sino en todo el mundo donde se lo reconoce como uno de los líderes más grandes de la lucha por los derechos humanos.

El presidente sudafricano Jacob Zuma fue el encargado de dar la noticia en directo por la televisión sudafricana. "Queridos compatriotas, nuestro bien amado Nelson Rolihlahla Mandela, el fundador de nuestra nación democrática, ha fallecido", declaró Zuma poco después de las 21:00 GMT (17:00 hora boliviana).

Tres horas antes del anuncio, los alrededores de la casa de Mandela se llenaron de ciudadanos y medios de comunicación que se anticiparon a la noticia.

Nelson Mandela "se apagó apaciblemente. Nuestro pueblo pierde a un padre", añadió, antes de un largo homenaje. 

"Nuestro querido Madiba tendrá funerales de Estado", indicó, anunciando que las banderas serán izadas a media asta a partir del viernes y hasta los funerales, cuya fecha no precisó 

"Comportémonos con la dignidad y el respeto que Madiba personificaba", añadió Zuma, quien utilizó el nombre del clan del héroe de la lucha contra el apartheid, un nombre utilizado familiarmente por todos los sudafricanos para designar a su ídolo.

Muy enfermo, pero lúcido

Mandela, quien festejó sus 95 años el 18 de julio, había sido hospitalizado cuatro veces desde diciembre de 2012, siempre a causa de infecciones pulmonares, lo que no lo privó de mantener un constante diálogo siempre lúcido con sus familiares, amigos y dirigentes políticos sudafricanos.

Mandela fue ingresado en estado grave el 8 de junio por una recaída de una infección pulmonar, y su estado pasó a ser crítico el 23 de junio. Pese a las mejoras comunicadas por la familia desde entonces, el pronóstico del mandatario no mejoró.

Esos problemas recurrentes eran probablemente ligados a las secuelas de una tuberculosis que contrajo durante su estadía en la isla-prisión de Robben Island, frente a Ciudad del Cabo, donde pasó 18  de sus 27 años de detención en las cárceles del régimen racista del apartheid.

Héroe del perdón

Mandela se convirtió en 1994 en el primer presidente negro de la historia de Sudáfrica y lideró, junto a su antecesor en el cargo y último líder del apartheid, Frederik De Klerk, una transición democrática que evitó una guerra civil entre blancos y negros en el país austral.

Había salido de prisión cuatro años antes, tras pasar encarcelado 27 años por sus actividades contra el régimen segregacionista. Mandela pasará a la historia por haber negociado pulso a pulso con el Gobierno del apartheid una transición pacífica hacia una democracia multirracial. Y por haber evitado a su pueblo una guerra civil racial que, a principios de los años 1990, parecía prácticamente inevitable. 

Antes de su liberación, aprendió a conocer a sus adversarios. Empezando por su lengua -el afrikaans y su poesía-, a perdonar y a trabajar con ellos. Una vez liberado, les sedujo con su gentileza, su elegancia y su carisma.

Bajo los colores del Congreso Nacional Africano (ANC), Mandela fue el primer presidente de consenso de la nueva nación del "arco iris", de 1994 a 1999. Un papel que fue magnificado en la película Invictus de Clint Eastwood, en el que se le puede ver conquistando el corazón de los blancos que vinieron a apoyar al equipo nacional de rugby en la Copa del Mundo de 1995, que ganó Sudáfrica.

Madiba, amado hasta el final

Ausente de la escena política desde hacía ya varios años, Madiba, como lo llamaban afectuosamente sus compatriotas, era objeto de un verdadero culto que sobrepasaba ampliamente las fronteras de su país.

Tras ser un militante antiapartheid obstinado, el preso político más célebre del mundo y el primer presidente negro de Sudáfrica, había sido calificado por el arzobispo Desmond Tutu, otro premio Nobel de la Paz por su compromiso contra el régimen sudafricano, de "ícono mundial de la reconciliación".

Invisible para el público desde 2010, se había convertido en una suerte de héroe mítico, intocable, a quien se referían tanto el Gobierno como la oposición. 

"Lo que hizo a Nelson Mandela grande fue precisamente lo que le hizo humano. Vimos en él lo que buscamos en nosotros mismos. Siempre te querremos Madiba. Que tu alma descanse en paz", se despidió el presidente de Sudáfrica. 

Mandela seguirá sonriendo durante mucho tiempo a sus compatriotas, en la vida cotidiana, con su imagen en los billetes.

Como dice la canción de Milanés, “Mandela, que encuentro tan fecundo poder cambiar tu mundo  y el modo tan hermoso de quererlo eternizar”. Así se fue Mandela, como una leyenda eterna

“Fue el padre de nuestra nación”

 Varios miles de personas se reunieron para una velada festiva improvisada frente al domicilio de Nelson Mandela en Johannesburgo, inmediatamente después del anuncio de su muerte.

La atmósfera era más bien de celebración que de recogimiento. Jóvenes y ancianos agitaban banderas, entonando el himno nacional y cánticos antiapartheid, gritando "¡Viva Mandela!", y encendiendo cirios. La Policía cerró el tráfico en el barrio.

La gente se aglomeró para dejar velas y fotografías en señal de agradecimiento.

Ashleigh Williams, quien vive cerca de la casa del héroe nacional, explicó que había acudido después de haberse enterado de la noticia por la televisión.

"Sabía que ese día llegaría, pero puedo decir que el combate de nuestro Madiba bien amado era justo, y que ahora es tiempo de que descanse", dijo.

"Mi corazón está lleno de alegría y tristeza a la vez. Deja una gran herencia (...) Creo que nadie podrá ocupar jamás su lugar", añadió.

"He venido aquí porque es el día más desastroso de mi vida en Sudáfrica. Acabamos de perder al padre de la nación. Oí la noticia y era necesario que viniera, justo para decirle un último adiós", dijo por su parte Ebrahim Omar. 

"Para el mundo, era un ícono. Para nosotros, era nuestro líder, nuestro héroe", dijo otro participante en esa velada, antes de ponerse a cantar.

Curó las heridas de una nación dividida

1  "Es tiempo de curar las heridas. Tiempo de superar los abismos que nos separan. Tiempo de construir", dijo Nelson Mandela durante su investidura, en mayo de 1994.

2  A lo largo de su presidencia, Mandela multiplicó los gestos de perdón, para inspirar a la mayoría negra y para tranquilizar a la minoría blanca temerosa de la venganza.

3  Visitó al ex jefe de Estado Pieter W. Botha y tomó el té en casa de Betsie Verwoerd, de 94 años, viuda del primer ministro arquitecto del apartheid, Hendrik Verwoerd.