Un foro en la universidad Jorge Tadeo Lozano, de Bogotá, desnudó esta semana la triste realidad de la situación de la prensa en los países andinos. El denominador común es que en la subregión, los derechos fundamentales de libre expresión y acceso a la información, están gravemente limitados.
Quedó demostrado que Perú es el que menos restricciones tiene. Pero en los otros cuatro, incluyendo a Colombia, los ataques y agresiones de los gobiernos y de los sectores oficialistas contra la prensa, no varían mucho.
Los principales protagonistas de esos ataques verbales son los presidentes: Hugo Chávez, en Venezuela; Rafael Correa en Ecuador; Evo Morales, en Bolivia y Álvaro Uribe, en Colombia. Los tres primeros, con una misma línea política, contraria a la del mandatario colombiano, pero unidos los cuatro, por su carácter populista y, según los resultados del foro, por la misma estrategia de desprestigiar a los medios independientes para hacerles perder credibilidad.
Los cuatro presidentes tienen apoyo masivo en sus países. Son altamente populares y carecen de adversarios que les hagan sombra.
Según el relator para la Libertad de Expresión y Opinión de la Organización de las Naciones Unidas, el guatemalteco Frank La Rue, los gobernantes populistas tienen un “concepto mesiánico de sí mismos”, se consideran absolutamente necesarios y, por ello, no admiten críticas que empañen su imagen.
A la primera crítica salen al frente para descalificar a los medios y a los periodistas y los ridiculizan públicamente, como sucedió recientemente cuando Chávez increpó, en Cochabamba, a una periodista que le preguntó si apoyaría económicamente la campaña de Morales o como cuando Morales acusó a otra periodista de estar defendiendo a los terroristas y el separatismo por el simple hecho de que la pregunta que le formuló, no le gustó.
Correa no hace menos. Quizá se estrella más que Morales contra los periodistas, mientras que Uribe hace lo propio, pero del otro lado ideológico del que están sus tres colegas andinos.
También quedó claro que el periodismo no está para caer bien a los gobiernos. Está para decir la verdad y para fiscalizar a los poderes del Estado y de esa manera servir a la sociedad en su necesidad de tener información que, muchas veces, los gobernantes quieren ocultar.
En muchos casos y con bastante frecuencia utilizan el pretexto de la seguridad nacional como argumentos para generar censura, cuando la misión de los verdaderos demócratas es no sólo garantizar, sino promover la libertad de expresión y el acceso a la información, el otro derecho fundamental tan venido a menos en nuestros países.
A pesar de la obligatoriedad que tienen los estados, por compromiso con las convenciones internacionales ratificadas, de contar con una ley de acceso a la información pública, en muchos países de la región, esa norma no existe y, donde existe, se la cumple muy poco o no se la cumple, haciendo inútil su existencia.
El acceso a la información es una herramienta muy importante para combatir la corrupción, pero ¿quién quiere combatirla?