Como consecuencia de la visita de una delegación de alto nivel de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) al presidente Evo Morales se ha desatado un intenso debate sobre el papel de la prensa y del periodismo en general. Ese debate, análisis o evaluación partió de los propios medios, de las instituciones periodísticas y de los periodistas en diversos escenarios, que incluyeron a la Feria Internacional del Libro recientemente realizada en Santa Cruz.
Lo que más llamó la atención es la crítica vertida desde medios del oficialismo, llámense Canal 7 o Red Patria Nueva, que intentaron ver una serie de defectos en los medios privados o independientes a los que pusieron al frente del Gobierno alineándolos con los políticos opositores, sin hacer ellos mismos una autocrítica sobre el papel que desempeñan.
De hecho, es verdad que algunos de los medios parece que estuvieran haciendo oposición o destacando más las noticias de la oposición que las del oficialismo; o remarcando más las noticias opositoras que las generadas por el Gobierno. Pero desde donde se los mire, están en total libertad de hacerlo. Ésta es parte de la libertad de expresión que el propio Presidente se compromete a promover y respetar mediante un reciente spot de televisión en el que aparece con el máximo representante de la SIP.
Lo curioso es que el Gobierno sostiene, a través del aviso televisivo, que hubo una alianza entre el Presidente de Bolivia y la SIP para defender la libertad de prensa, cuando en otro, divulgado por Canal 7 al día siguiente de la reunión, acusó a la Sociedad Interamericana de Prensa de haber sido creada por la CIA (Central de Inteligencia Americana) con oscuros propósitos de penetración ideológica estadounidense, haciéndola aparecer como enemiga.
Si para algo valió ese encuentro fue para conocer que se puede hacer muchas acusaciones juntas en corto tiempo y para saber hasta dónde llega la habilidad de los expertos del Gobierno para manipular los hechos, sacándolos de contexto o diciendo verdades a media. También hubo verdades que deben generar una reflexión en algunos medios y periodistas, sobre el modo de usar o abusar de la libertad de prensa.
En todo caso, debe quedar claro que hay una división entre lo que es la libertad de expresión y la libertad de prensa. La primera no admite límites. En cambio, la libertad de prensa está limitada por los principios éticos que adoptan los medios que quieren hacer y hacen periodismo. Esto significa que los que no respetan esos límites están haciendo otra cosa, pero no periodismo, aunque se disfracen de éste.
De ahí la necesidad de continuar el debate, pero con honestidad y sin tratar de ver solamente la paja en el ojo ajeno, si no viendo también que los medios estatales se han convertido en canales de propaganda política a veces destructiva. Es también aquí donde el Observatorio Nacional de Medios (Onadem) debería poner los ojos y obrar con aquella imparcialidad que pregona, pero no cumple.