Sensiblemente y pese a la inauguración de algunas importantes obras de infraestructura que han mejorado el ornato público y los espacios de recreación, Santa Cruz de la Sierra no pudo lucir un mejor semblante en la fecha de su efeméride departamental y es muy probable que tarde mucho tiempo en poder hacerlo, aunque es deseable que su imagen sea muy distinta de la actual cuando en 2010 toque celebrar el Bicentenario de la gesta libertaria departamental. A no ser que los cruceños tengamos que esperar otros 200 años para tener, por fin, y legar a las futuras generaciones una ciudad más limpia, ordenada, segura, acogedora y habitable, lo que no es una excesiva pretensión en tratándose de aspectos que conjugan y tienen que ver con la civilizada convivencia.
Lo anterior viene a propósito de lo sucio y maloliente que se observa y olfatea casi por doquier en la urbe ñuflense en el mes de su conmemoración, aunque de enero a diciembre, es decir el año redondo, el cuadro de situación es más o menos el mismo y que, en procura de su reversión, obliga a reiteradas consideraciones desde esta columna editorial. Y si es que se torna recurrente el abordaje del tema es porque, lisa y llanamente, preocupa y duele el desaliñado aspecto urbanístico de la ciudad de nuestros mayores y que a los cruceños dizque nos provoca unos encendidos fervores cívicos pero que, a la luz de conductas y actitudes ciudadanas a contramano de las normas del buen vivir, parecen sentirse y manifestarse de dientes para afuera.
Parecería perogrullada aquello de que una ciudad aseada no es la que se limpia más sino la que se ensucia menos. Pero se ajusta a la penosa realidad que experimenta Santa Cruz de la Sierra, donde la desaprensiva actitud de sus ciudadanos y la práctica permanente de unos muy malos hábitos, como el de arrojar desperdicios a la vía pública, aumenta o hace aparecer basurales por todas partes y contamina el medio ambiente, amén de afear el rostro del lugar que nos da cobijo. Un reporte obtenido en una repartición municipal, últimamente ha dado cuenta de 58 puntos urbanos convertidos en ‘microbasurales’ y de cuya formación se hace responsables a los vecinos que utilizan cualquier espacio abierto para arrojar desperdicios, aunque los aludidos echan el fardo de culpa a la comuna por la deficiente fiscalización de las empresas encargadas de recolectar los desechos.
La misma imagen de desorden y suciedad que se retrata de cuerpo entero en los alrededores también es posible observar en el ‘casco viejo’ o en el corazón mismo de la capital, donde abundan los espacios baldíos y en estado de abandono, donde como al descuido se acumulan escombros de obras en construcción, donde las aceras han desaparecido y donde, por si fuera poco, las inmundicias y los malos olores tornan irrespirable el ambiente a cada paso.
Y así, entre inconductas ciudadanas e ineficiencias operativas como las antes apuntadas, ya no sorprende pero lastima la mala cara que desde hacer rato muestra la Santa Cruz de la Sierra de nuestros amores.
Verde y blanco
Oso Mier * ®® Sonría ‘plis’
Estuve tentado de enviar mi columna totalmente en blanco. Es que estoy en blanco, como en blanco deben estar los que bebieron anoche vino tinto, cerveza color oro y otras bebidas de diferentes o similares colores y sabores.
Paralelamente, pensé que la gente no va a leer hoy la prensa, porque tiene una resaca del demonio, o leyendo no va a entender nada, porque la banda seguirá tronando en sus respetables oídos y su vista estará nublada de ver tantas mujeres bellas que, cual palmeras con piernas seductoras, seguirán haciendo pasarela con sus románticas fantasías.
Pero también dije: está verde que me lean, a no ser muy llegada la noche, cuando las columnas se resfrían o se mueren.
Pero también surgió mi verde esperanza, convencido de que mis fieles lectores sí me leerán temprano. Entre ellos, dos tíos, una tía solterona medio virgen y dos amigos del alma que, si encuentran sus lentes, podrán leer esta mi presencia periodística. No incluyo a mi suegra porque ésa si que bebió conmigo toda la noche y está yema, calidad que me encanta porque duerme y cuando duerme no habla. Hasta parece un ángel, roncando como hipopótamo, pero como ángel.
Pese a todas estas consideraciones, tengo que decir que este pueblo celebra su cumpleaños a lo grande, porque simple y llanamente es grande. Si lo comparamos con un ser humano, es un gigante que sigue creciendo y que son sus extremidades superiores las que se extienden más para recibir a más y más gente, que viene a vivir y trabajar por este pueblo.
Un pueblo que amaneció maquillado, con parques nuevos, paseos agradables, pero tan solitarios que, de momento, sólo se pueden ver desde el auto, hasta que termine la ‘perse’ que todo estante y habitante tiene, cuando camina solo, de día y de noche, por una ciudad acosada por los delincuentes, que te meten un balazo en la panza a cambio de llevarse tus chinelas.
Sin embargo, hay que celebrar lo que se hizo en beneficio del progreso urbano, pero cada 24 tengo un pedido existencial. Vivo en una calle que no tiene un letrero que diga su nombre y en una casa que no tiene numeración. O sea que no sé dónde vivo; aunque sé el nombre, no está registrado en ninguna parte, por lo tanto ni el taxista ni la Policía, si fuese necesario, llegarían con facilidad.
Hay obras grandes. Hay obras pequeñas. Entre las pequeñas está la de nominar, señalar y numerar calles y viviendas de nuestro pueblo, para que realmente seamos parte del siglo XXI y estar seguro, en mi caso, que si sé dónde vivo, sé que vivo.
Por lo demás, ¡viva Santa Cruz!
* Cruceño de Oruro que se vino desde Cochabamba