Este 24 de septiembre, los cruceños celebraremos 199 años del grito libertario de 1810, lo que significa que en 2010 tendremos nuestro Bicentenario y ahí los festejos serán espectaculares: desfiles llenos de civismo, calles embanderadas, feriados, entre otras tantas actividades. Sin embargo, es necesario autoanalizarnos.
Santa Cruz se convirtió en la capital económica de Bolivia, lo cual no significa que todos sus habitantes vivan dignamente, ya que miles de hombres y mujeres trabajan para sobrevivir; y el salario mínimo mensual departamental, que debía ser de Bs 1.000, fue simple promesa electoral.
La ciudad es un caos hablando de temas tan específicos como transporte, reordenamiento de mercados, alcantarillado, seguridad ciudadana, salud y educación. No se respetan las paradas de transporte público; las aceras y las calles son cada día invadidas por personas que se dedican a comerciar, lo que da un aspecto de ‘mercado persa’ a la ciudad; cada vez que llueve, las calles son verdaderos ríos; nadie puede salir de su casa por temor a la delincuencia; las escuelas periurbanas se caen a pedazos y los hospitales no tienen el equipo suficiente para atender a los pacientes, menos la cantidad necesaria de personal acorde con las exigencias, en tanto que la juventud no encuentra espacios laborales, pues los puestos ya están ocupados.
A nivel político, Santa Cruz se encuentra dividida entre quienes apoyan al Gobierno y quienes se le oponen; ambos bandos han roto la unidad cruceña al extremo que tenemos dos COD, dos Seduca, dos juntas vecinales, entre otras instituciones, donde una es oficialista y la otra opositora. Esto no es más que el fiel reflejo del grado de división política reinante entre cruceños, y cruceño es aquél que sin importar su origen, color de piel o condición social, vive, trabaja y lucha por Santa Cruz.
Es necesario establecer un verdadero pacto social entre cruceños que permita la convivencia pacífica entre sus habitantes, donde las partes en conflicto cedan sus pretensiones sectoriales y personalistas en beneficio de la colectividad.
Tal pacto social debe reflejarse en la Carta Orgánica Municipal, que debe redactarse, y en la que otros municipios, tanto de nuestro departamento como del país, ya están trabajando con antelación; empero, nosotros estamos con retraso, en vista de que ni siquiera el debate previo empezó, lo cual es irrisorio.
La Carta Orgánica de Santa Cruz de la Sierra debe limar asperezas, crear un verdadero espíritu de cumplimiento de las normas, además de establecer los aspectos que regirán nuestro municipio en los próximos 50 años, enmarcados en la ley. La Carta Orgánica Municipal puede entenderse como una especie de Constitución ‘en pequeño’. Al ser aprobada, deberá ser cumplida por todos y esto dependerá del grado de aceptación que tenga y pacificación que otorgue al cruceño.
Hay mucho por hacer en tan poco tiempo. El desprendimiento es la base de todo y, sinceramente, celebraremos en 2010 nuestro Bicentenario. Tendremos una que otra obra o remodelación de alguna plaza o parque, pero ello no traerá la ansiada paz social a nuestra región. Recordemos que si no hacemos algo hoy, nadie lo hará por nosotros y mañana seguiremos peor que ayer. Las elecciones van y vienen; los conflictos quedan. Es necesario volver a la Santa Cruz pacífica de antes, donde su lema histórico siga intacto: “Es ley del cruceño la hospitalidad”.
* Abogado y docente universitario, abog.paulcoca@gmail.com