SÁBADO 1, NOVIEMBRE 2008
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
Santa Cruz | Seguridad | Nacional | Internacional | Economía | Deportes | Sociales | Escenas | Editorial | Clima
 Edición Impresa  
 
Colonización y colonos



imprimir enviar noticia a un amigo Texto pequeño Texto medio Texto grande

Apenas unas décadas atrás, el cálido y fecundo territorio cruceño ocupó, (cosa no muy corriente en ese tiempo en que de apenas destacaba su modestia aldeana), sobresalientes  espacios en la prensa especialmente de la sede del Gobierno.
Se había producido la dramática caída del precio del estaño en los mercados internacionales con motivo, entre otros, de la pérdida del valor estratégico de dicho mineral, a raíz de la conclusión de la Segunda Guerra Mundial y del consiguiente silenciamiento de las mortíferas armas, en cuya fabricación, con más las municiones, el estaño registraba urgente e insatisfecha demanda siempre.
Monoproductor, entonces, nuestro país, con el estaño como producto  estrella de sus colocaciones en los mercados externos, al declinar de manera abrupta la demanda de los países beligerantes, sufrió la seria y estremecedora reducción de la demanda prácticamente a cero acompañada como era de esperar, del quebrantamiento radical de su economía.
Resultó inevitable el cierre de minas y con ello la pérdida de fuentes de trabajo para miles y miles de sacrificados hombres del subsuelo que, en modo alguno, no habían mejorado un ápice sus condiciones de vida no obstante lo duro, lo agotador, lo sacrificado del oficio. Sin fuentes de trabajo y prácticamente agotados y muchos de ellos enfermos, no les quedó otra alternativa que  volcarse a las urbes, a las ciudades, con preferencia, directamente, a la sede del Gobierno. En ese punto alto de la vida social boliviana se generó delicado problema: qué hacer con los mineros desplazados por el cierre inevitable de las minas.
La marcha hacia el Oriente, que en los hechos no era otra cosa que la marcha hacia Santa Cruz de la Sierra, fue tomada del jopo y presentada como la gran solución para el problema de los mineros sin fuentes de trabajo. Y bajo este señuelo, sin cuando menos planificar el traslado previos exámenes médicos y de aptitudes que se imponían dados los cambios profundos ambientales y de medios de trabajo, miles y miles de exmineros descendieron hasta las llanuras cruceñas animando un éxodo nutrido de todos los días y durante largo tiempo. Así definida la marcha hacia el Oriente o más bien hacia Santa Cruz, los enfermos que por voluntad propia se involucraron, fueron portadores de sus graves enfermedades pulmonares, hasta antes desconocidas en nuestras llanuras, a la par que otros tantos se dieron a las tareas depredatorias de bosques, pampas, ríos, lagunas que determinaron la extinción de especies vegetales y animales de que tan maravillosamente dotado estaba nuestro hábitat. Y aunque sería injusto no reconocer que en los contingentes también vino gente buena, y no muy poca, libre de enfermedades, apta para el trabajo. con voluntad para generarse y generar bien, es preciso puntualizar que los colonizadores no colonizaron nada, pues por las buenas o las malas se posesionaron de tierras a la vera de vías transitables, en que ya los criollos habían sentado sus plantas y vivían, aunque en rancheríos, en paz y civilizadamente.


Desde el mojón de la esquina
Tertuliador ®® Desde el mojón de la esquina
Está en funciones desde hace años.
¿En funciones?... Bueno, es un decir.
Porque en los hechos nadie sabe dónde empiezan tales funciones.
Y menos aún hasta dónde llegan, si es que llegan a alguna parte.
Pero como de todas maneras, por esas calles de Dios figura moviendo la rabadilla con gracia e  ímpetu, por qué no pensar que ya está, a estas alturas del partido,  en trance de una plácida  jubilación que condiga con su viejo oficio.
Nos referimos al Defensor del Pueblo.
A quien, incluso el menos avisado, lo concibe atareado, sudoroso, desclinado hasta la coronilla, propiamente como un tigre suelto.
A medio resollar, a medio comer, a medio dormir, corriendo de aquí para allá y de allá para aquí, dando y recibiendo trancazos, pellizcando, mordiendo, aullando, bramando mejor,  para que a su defendido, el Pueblo nada menos, no le hagan cotazo al hombro, no le hagan foforofo, no le nieguen sus derechos, no lo hagan ver a su abuelita en bicicleta o quizás  en monopatín.
La concepción gráfica que se tiene del Defensor del Pueblo no coincide para nada con la que sugieren las notas en los medios de comunicación.
Según tales notas, el Defensor del Pueblo está arrollándose las mangas de la camisa para salir a liarse a pañuelazos,  a trompadas o a garrotazos o a bala con los que de alguna manera lastiman o dañan a su defendido.
Toma lecciones de karate por si le sale al paso un  grandulón insolente y atrevido. Y domina el lenguaje por si desde la cátedra tiene que cumplir sus roles.
Según los medios, en suma, el Defensor del Pueblo está a punto para decir presente donde hay Pueblo que defender.
De lo que no se tiene noticias es del lugar donde da sus batallas y de los resultados de ellas.


¿Qué medida tendría que tomarse con la directora del colegio Josefina Gotilla, por sacar de clases a estudiantes que no tenían el uniforme completo?

Ninguna, hizo lo correcto
Un llamado de atención
Debería ser destituida



Ver Resultados