Con capacidad para ser protagonista de las mismas hazañas del varón, la mujer cualquiera sea su condición y el medio en que vive, da muestras incontrastables de todo lo que es capaz. No se arredra ni ante la demanda del esfuerzo con que debe manifestarse ni se mezquina a la hora de sacrificarse. En este mundo nuestro tan exigente y áspero, en esta vida que discurre siempre cuesta arriba, la mujer, sin desmedro alguno de sus gracias naturales, es todo talento, fortaleza y coraje, incluso frente a lo imposible.
A la mujer cruceña, en particular, más de una vez sin duda, en acto de estricta justicia, a tiempo de exaltar su natural belleza proverbial, le hemos reconocido desde aquí, desde estas mismas columnas, los demás atributos de que tan bien dotada está. Y ni cómo negárselos ni siquiera ponerlos en duda, siendo que a nuestro lado, al lado del varón, nunca falta una mujer de la buena tierra acompañando en el bregar de todos los días y hasta marcando el Norte, tomando la iniciativa a la hora de dar la cara a las tormentas y de enfrentar la adversidad en todas sus caprichosas y a la vez muy empecinadas formas.
En los tiempos que corren, tan inciertos, tan desapacibles y ensombrecidos por los malos presagios, hemos renovado nuestros fervorosos votos de admiración y de fe en nuestras infatigables mujeres, las autóctonas y tantas otras de diverso origen o procedencia que al echar raíces en la cálida y fecunda tierra grigotana, se nutrieron de nuestros credos, comulgaron con ellos y los hicieron suyos sin condición ni tiempo y con hondo amor y la más absoluta y convincente lealtad, conmovedora hasta para los más insensibles.
En una clara manifestación de sus cualidades siempre a flor de piel, hemos visto a las mujeres que dan vida al campanario, llenar las calles y colocarse frente a los insolentes que han pretendido festejar sus pírricas victorias, sus fementidas conquistas no sólo en nuestras benditas calles sino en pleno corazón de la ciudad, es decir, en la histórica Plaza Mayor “24 de Septiembre”. Jamás imaginaron, seguramente, los vanidosos y frustrados festejantes de marchitos y oprobiosos laureles que, a su paso, se iban a alzar las mujeres de nuestra urbe, tan bellas cuanto valerosas, para impedir la befa, la clara provocación de que intentaban ser protagonistas grupos que claramente responden a instructivas descomedidas y malévolas de los detentadores del poder político.
Gritaron su rechazo, expusieron su temple dando al país la real dimensión de su estirpe.
Todavía hay tiempo para la sensatez
El ‘decretazo’ del pasado jueves, que dispone una cuestionada convocatoria al referéndum dirimidor y al aprobatorio de la nueva Constitución Política del Estado, además de la selección de dos prefectos y la elección de subprefectos y consejeros departamentales, ha originado un nuevo pronunciamiento de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) en el que se reflexiona sobre lo que esta entidad interpreta como un renunciamiento de sectores políticos específicos a la democracia para ‘avanzar a paso firme por el camino del autoritarismo’.
Para la ANP, la señal más contundente de este deterioro peligroso de algunas bases del sistema democrático es la decisión de Evo Morales de pasar por sobre el primer poder del Estado, el Legislativo, y gobernar mediante decretos. Los riesgos de esta apuesta se encuentran en sus consecuencias, ya que son cada vez más visibles las enormes dificultades para intentar encontrar una convivencia cordial y pacífica entre los bolivianos.
De acuerdo a lo que siempre han proclamado los principales ‘ideólogos’ del actual Gobierno, los llamados movimientos sociales han demandado el paso de la llamada ‘democracia representativa’, de origen esencialmente ‘occidental y moderna’, a una ‘democracia participativa’, inspirada básicamente en el sistema de toma de decisiones del ‘comunitarismo andino’.
Los últimos resultados del referéndum revocatorio le han dado al actual Gobierno una fuerza que le lleva a concluir que a partir de ahora deberá aplicar los cambios que proclama a como dé lugar y sin tomar en cuenta el debate político que sustenta todo sistema democrático. Se ha eludido intencionalmente la discusión parlamentaria para destrabar por la fuerza el proyecto de concentración del poder que quiere ejecutar el Gobierno.
La controversia en torno a que si debe regir la ‘democracia representativa’ o la ‘participativa’ ha sido generada para anular el necesario diálogo y los acuerdos políticos entre las mayorías y minorías. La democracia alimenta precisamente ese presupuesto: el debate de posiciones de mayorías y de minorías. No puede haber una democracia sin minorías.
En este sentido, vale la exhortación a evitar toda acción que apunte a eliminar el espacio natural de debate, el parlamento, y a recuperar la sensatez en la práctica política. Aún estamos a tiempo.