El deterioro de nuestra democracia es algo que hoy se hace patente en la interacción política Gobierno-oposición. La intolerancia alcanza límites extremos. El diálogo y el consenso como medios civilizados de superación de desacuerdos para consolidar la paz social y política son ya cosa del pasado. Hoy un bando le enseña al otro el puño con furor creciente y ambos no vacilan en momento alguno en avivar aún más el fuego de una crisis que amenaza, según no pocos alarmistas, derivar a todo un incendio nacional.
Qué lejanos nos parecen aquellos tiempos en que los políticos bolivianos aprendieron a sentarse frente a frente para discutir en paz los términos que permitieran resolver desavenencias y congregarse, inclusive, en comunes esquemas de gobierno. Naturalmente que la denominada ‘democracia pactada’ no escapa a críticas tan justas como severas, como la del ‘loteo’ político-partidario de los poderes públicos, bajo cuyo alero florecerían la corrupción y otros males.
Males censurables, por cierto, los referidos que, sin embargo, no descalifican del todo al pacto político-partidario como método de organización de regímenes compuestos de dos o más partidos que logran reducir sus diferencias programáticas e ideológicas en un acuerdo de coincidencias programáticas mínimas que garanticen gobernabilidad , paz social y política.
El Gobierno actual no entiende hasta ahora que Bolivia no ofrece las mínimas condiciones objetivas y subjetivas para gobernar en una proyección de hegemonía política, insuflada de indigenismo.
Entre nosotros no existen clases sociales con la fortaleza suficiente para que sus expresiones político-partidarias gobiernen por sí solas.
Debemos esta especificidad a nuestra economía subdesarrollada y altamente dependiente, que hace imposible una radical concentración de la riqueza y el poder político en determinados segmentos sociales. Tales las razones por las cuales ningún partido político se alzara con la mayoría absoluta hasta las elecciones presidenciales de 2005.
Si Evo Morales marcó la excepción fue porque un buen porcentaje de la masa urbana de votantes (mestizos e inclusive criollos de la clase media para arriba) votó por él. Este sector de la ciudadanía quería así castigar con su voto a los partidos tradicionales que, en su criterio, le defraudaron. Gracias a este voto, junto al de los campesinos de provincias y zonas rurales del país, particularmente del occidente, el jefe del MAS y todavía dirigente máximo de los cocaleros de Chapare, obtuvo en aquellas urnas la cifra récord del 53.4% del total de sufragios.
Totalmente accidental fue tal epílogo electoral, como lo demuestra el hecho de que actualmente en la mayoría de los departamentos del país (La Paz, Oruro y Potosí podrían ser la excepción), al gobierno, en lo que hace a preferencias ciudadanas se refiere, se le dio la vuelta la tortilla. Debe tomarse en cuenta, además, que el voto rural no es tan gravitante como el urbano en los resultados electorales. Igualmente conviene considerar el progresivo deterioro político que para cualquier partido entraña el ejercicio del Gobierno, sobre todo en condiciones de crisis permanente.
O sea, que en el momento actual, el gobierno de Evo Morales debe tener en contra, a mucho más de la mitad del pueblo boliviano. Nos parece que debiera tener en cuenta este crucial rasgo de la actual correlación de fuerzas, antes de continuar en una línea de confrontación que más le apunta al descalabro que a la victoria.
Transgresiones y abusos en las calles
Marcelo Rivero
A pie o en vehículo estuve recorriendo varios puntos de la ciudad y, aunque a través del periodismo uno se entera de los tantos desacatos a las leyes y a las reglas, de los atropellos a las personas y de la destrucción del ornato, otra cosa es ver en ‘vivo y directo’ y padecer algunas de las tantas anormalidades que han convertido a Santa Cruz de la Sierra en la capital de la anarquía.
En materia de tráfico y aparcamiento de vehículos se ha llegado a los extremos, puesto que casi no hay conductores que no cometan infracciones porque están desesperados por llegar a un determinado lugar, porque deben realizar alguna diligencia urgente, ¡porque se les acaba el combustible! Capitanean esta zafacoca los choferes de micros y así los vemos en las de siempre: cruzando las intersecciones sin que les corresponda, peor aún, en luz roja donde hay semáforos (haciendo frenar apuradamente al que viene del otro lado o directamente chocándolo), desviándose de la ruta para ganar tiempo, no deteniéndose para que suban pasajeros, invadiendo carriles paralelos o contrarios, obligando a los viajeros a un transbordo abusivo, haciendo paradas morosas para después, cuando el reloj avanza, disparar en quinta, no les da la gana de ir a una marcha regular... Buena parte de la culpa de tantas irregularidades la tienen los dueños de los colectivos y los organismos en los que están aglutinados, asimismo las autoridades policiales y municipales que no aparecen sino escasamente para imponer las normas y aplicar sanciones. (En este punto me permito contar una anécdota que pinta de cuerpo entero la situación: en una vía de intenso tráfico, lado poniente de la Plaza del Estudiante y en hora pico, una mujer aparcó su motorizado en doble fila y con una criatura en brazos hablaba por celular; pasó un paco en su moto, la miró y siguió su camino, cuando correspondía amonestarla y llevarla a Tránsito para que la multen y le retiren su licencia de conducir por semejante falta).
Pero sea quien sea el culpable, las demostraciones de barbarie se dan a cada paso, siendo otra la de parquearse sobre las áreas verdes y aceras. Esto también sucede en el centro y en la periferia, principalmente en los alrededores de los boliches de la ‘movida’ nocturna. Por ejemplo es impresionante lo que ocurre desde hace algún tiempo en el tercer anillo desde la rotonda donde termina el zoológico hasta cerca de la avenida Cristo Redentor. Ventas de trago y locales para consumirlo y escuchar bulla (no música) por montones y los corredores y esas áreas verdes copados por vehículos ¿Y los peatones y la naturaleza? Muerte con ellos dirán esos infractores y más propiamente depredadores.
Para colmo de las desgracias en lugar de ir mejorando la cosa empeora, de manera que no queda sino decir como en los velorios: resignación cristiana.