LUNES 7, JULIO 2008
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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El lenguaje presidencial


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En el caso del Presidente de la República, podemos decir que el hábito (dirigente sindical) hizo al monje (sigue y parece que seguirá comportándose como un mandamás gremial y no como jefe de Estado que gobierna a todo un país, obligado a someterse a las normas de conducta que impone tan alta investidura). Así lo demuestra su incontinencia verbal, propia del gremio del cual saltara al poder político y de otros sectores popular-corporativos. Inflamada, aquélla, de extrema agresividad respecto al adversario. Expone tan criticable defecto en sus recurrentes apariciones públicas frente a las masas de sus partidarios.
Lo malo es que tan lamentable exceso retórico da lugar a serios problemas en la relación bilateral con gobiernos de países extranjeros. A las arremetidas contra los Estados Unidos, se agregó el ataque de Evo Morales al Gobierno peruano, en una proyección de injerencia en asuntos internos que Lima la consideró inadmisible, al punto que inmediatamente convocó al Embajador de Perú en La Paz para que explicara los alcances del enredo y luego presentó ante la OEA la denuncia por la ‘intromisión’ de Bolivia.
Resultado: el embajador de Estados Unidos convocado a Washington. Después de dos semanas. regresa a La Paz, pero la Cuenta del Milenio le cierra, temporalmente, suponemos, las puertas a Bolivia mientras que la incertidumbre se cierne sobre la ratificación del acuerdo bilateral por el cual el país del norte nos concede liberaciones arancelarias a exportaciones que garantizan empleo e ingresos para miles de miles de bolivianos dedicados a la micro y mediana empresa en El Alto de La Paz y en diferentes lugares del país.
Igual incertidumbre cae sobre el futuro de nuestras relaciones diplomáticas con ambos países. Estamos seguros de que no habrá rompimiento oficial de nexos, pero sí una marcada prolongación de los entuertos, en términos que igualmente nos acarrearán perjuicios. Lo peor, sin duda, se registrará en lo que hace a la imagen, el prestigio y la seriedad que el Gobierno de Bolivia debe acreditar ante todos los países miembros de la comunidad internacional.
¿Existen en el Gobierno órganos específicamente encargados de asesorar al Presidente en materia de preservación de imagen y prestigio? Parece que no, y si cuenta con ellos no debe hacerles caso alguno, puesto que, día que pasa, incurre en nuevos y más graves errores.
Se ha llegado a un punto en que se torna absolutamente necesario que alguien o algunos, en el Gobierno, aconsejen al Presidente una mesura total en su discurso. Aquélla debe ser particularmente rigurosa en todo cuanto se refiere a gobiernos de países extranjeros, a los que no cabe agredir por lo que hagan o dejen de hacer en el marco de su soberanía nacional. Están expeditas las vías diplomáticas que establecen el derecho internacional para que un país le haga saber a otro su preocupación en torno a hechos que perjudiquen o agravien sus intereses nacionales. Esa vía no es el discurso de plazuela, inflamado de imprecaciones, al estilo sindicatero. Lo mejor que podría hacer el jefe del Estado es restringir, a partir de ahora, sus apariciones públicas o, en todo caso, ser extremadamente cuidadoso con sus expresiones.
“A boca cerrada no entran moscas”, reza la monserga popular. No pretendemos que el presidente Morales cierre la suya, pero sí que morigere su lenguaje, ajustando el mismo a la racionalidad y la prudencia.


Así que volvió el desorden
Marcelo Rivero
No dejó de causarme gracia la información periodística de la semana pasada dando cuenta de que el desorden había vuelto al segundo anillo de circunvalación, debido principalmente al mal aparcamiento de camiones y a la invasión de aceras y calzadas por parte de los vendedores callejeros. También, por supuesto, porque los colectivos y otros vehículos de uso público y privado, los grandes comerciantes (los que negocian con motorizados, por ejemplo) y millares de gremiales copan los espacios sin importarles nada ni nadie.
Ningún volvió el desorden porque jamás hubo orden, no al menos desde hace unos 40 años, cuando en Santa Cruz de la Sierra la actividad comercial comenzó a ser intensa, llegando a los extremos que hoy debemos sufrir: vías congestionadas por gente que compra y que vende, por automotores de todo tamaño y condición, por niños, jóvenes y adultos oficiando de alguna cosa, incluidas la delincuencia y la mendicidad. Y no sólo que no hubo ni hay orden sino que el problema desde aquellos entonces fue complicado por la falta de autoridades municipales y policiales que hiciesen cumplir las reglas, leyes y ordenanzas, y si aparecieron fue en forma esporádica y tras que dieron la espalda tornó el desacato. Más aún, el asunto no es únicamente en ese segundo anillo y en una determinada calle, sino que se extiende por el casco viejo, avanza incontenible por las zonas intermedias y arrasa en los barrios periféricos (de los que se puede decir sin exagerar que son 'tierra de nadie'), con el lógico corolario: el pandemónium es en toda la capital cruceña.
Como 'complemento' de este pandemónium el servicio semafórico es escaso y deficiente, tanto así que por ello a diario se producen accidentes, frecuentemente graves, sin contar que millares de conductores (e igualmente muchísimos peatones), con motivo de que no existe vigilancia policial, no respetan las luces, arriesgando el pellejo propio y el ajeno al sumar peores percances. ¿Otro 'complemento'? Como no, siempre aprovechando que en la Alcaldía deben ser contados con los dedos de una mano los que se empeñan en que las normas se cumplan, infinidad de vecinos no construyen aceras en sus viviendas, convirtiéndose los respectivos espacios en sitios donde se tiran desperdicios, en talleres y 'llanterías', en más puestos de venta, en lugares de parqueo, en matorrales o charcos, todo lo cual obliga a que los caminantes bajen a la calzada con el consiguiente peligro.
Caramba, cuánto más podría agregarse como 'complemento' del despelote que origina el desorden del tráfico vehicular, el parqueo abusivo de motorizados y el caprichoso asentamiento de vendedores. Dolorosa verdad pero hay que reconocerla, vivimos poco menos que en el infierno y en el colmo de las desgracias no se percibe ni una llovizna que mitigue un poco las llamas.


 
El domingo 28 se juega el clásico cruceño, ¿quién ganará ese partido?

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