MARTES 1, ABRIL 2008
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Tensión al máximo


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Una nueva semana se inició ayer abriendo, o más propiamente dicho, remarcando acápites de la turbulenta historia nacional que, aunque tradicionalmente áspera, hoy se escribe con caracteres poquito menos que de espanto.
Y no puede ser de otra manera considerando que hemos llegado, con tantas disidencias nacionales acumuladas, a un estado general de tensión al máximo. De uno y del otro extremo, la tensión está a punto de rebasar los límites de la integridad y de precipitar, vaya a saberse qué tipo de desastre, en cualquier caso, total y desde luego irreparable.
Pero a pesar de la extrema gravedad de la situación, quienes tienen el deber inexcusable de buscarle una salida no dan un solo paso en este sentido. Pagados de sí mismos, como persuadidos de que sus providencias son de divina inspiración, no dejan de darle duro al yunque en que se machaca el desentendimiento y la discordia. A la sombra de esta falta de voluntad para viabilizar el regreso a la racionalidad, es que se inició ayer una nueva semana sin que en el horizonte aparezca la tan ansiada luz de la esperanza.
El diálogo, que en todo tiempo y lugar es el instrumento que permite a los seres humanos entenderse sin las lastimaduras que causa el empleo de la fuerza, no se da en este tiempo anormal en que está viviendo nuestro poco o nada afortunado país. Si se llega al diálogo, -así se lo ha visto-, es después de que se han producido fricciones violentas con saldos de heridos graves o leves y con una sobrecogedora nómina de víctimas fatales. De qué sirve la plática después de que la Parca se ha cobrado su tributo en vidas humanas, casi todas ellas sin culpa alguna.
Pero ni siquiera el hecho de arribar al diálogo tras la espantosa experiencia de pérdida de vidas humanas inocentes ablanda los corazones, despeja las entendederas de quienes se creen infalibles y todopoderosos a la sombra del poder político. Dialogan, aceptan cruzar la pierna y conversar, mas no transigen, no ceden un ápice de sus posiciones y tampoco ofrecen soluciones alternativas más o menos razonables, medianamente justas.
Bajo estas características, el diálogo se convierte en una pérdida de tiempo o como gráficamente lo expresa el pueblo, en un intrascendente saludo a la bandera.
La verdad es que no acertamos, en las presentes circunstancias, a imaginar qué será lo que quede de Bolivia, qué rastro dejaremos los bolivianos si como consecuencia de la falta de un diálogo leal, patriótico y honrado y de  tanta obstinación la tensión desborda todos los cauces, suelta todos los cabos y el desastre nos inunda desde los cuatro costados.


  Tres en Uno  

Si Yacimientos no fuera un ‘pasanaku’...
De repente el tema de la ‘refundación’ de YPFB, entre otros, no se hubiera convertido en el principal detonante del grave conflicto en Camiri, con bloqueos y enfrentamientos que el viernes pasado registraron decenas de heridos. De repente, otra fuera la historia si el Gobierno de Evo Morales no hubiera convertido la empresa en una suerte de ‘pasanaku’ entre sus adherentes y, en cambio, el proceso de reflotar y conducir Yacimientos fuera encomendado a los más capaces y mejor preparados que los había y los hay en el país.
Pero no. La apuesta gubernamental fue otra y ahí está la estatal petrolera zamarroneada y convertida en botín político, como lo era en otras gestiones tan duramente criticadas por su desatroso manejo.
O ¿de qué modo se explica que en tan solamente dos años la presidencia de YPFB mudara a cuatro políticos masistas sin la más peregrina idea de lo que en realidad se trataba la función y no durara mucho en el cargo el único técnico que fue tomado en cuenta?

Paulovich y un premio
No es aventurado señalar que en Bolivia una generación se ha deleitado y lo sigue haciendo con la lectura de la columna La noticia de perfil que firma desde hace cincuenta años Paulovich en varios de los principales diarios del país.
Se trata de Alfonso Prudencio Claure, un paceño de 81 años que mantiene vigente la calidad de su pluma y un estilo único para referirse cotidianamente con humor del bueno a los temas serios y no tanto que nos ocupan y desvelan a los bolivianos. “Yo sigo escribiendo porque el día que lo deje de hacer estoy seguro que no tendré razón para vivir”, dijo últimamente en una entrevista luego que se conociera que la Asociación Nacional de la Prensa le concederá el próximo mes de mayo el Premio Libertad. Se trata de un merecidísimo reconocimiento al experimentado y destacado periodista.

A merced de las pandillas
En materia de seguridad ciudadana, seguimos siendo un pueblo librado de la mano de Dios y no en balde la criminalidad tiene registrados los más alarmantes índices. No hay día sin que se registre un hecho de violencia contra vecinos inermes que además de ser despojados de sus pertenencias, resultan heridos y hasta pagan con su vida por una cartera o un celular.
En cualquier lugar y a cualquier hora, a plena luz del día inclusive, se dan los robos y atracos. Hasta en las propias narices de los policías.
Últimamente ha proliferado la acción de temibles pandillas integradas por mozalbetes que actúan en diferentes zonas de la ciudad. Varios de esos grupos delictivos están claramente identificados, lo mismo que los lugares donde operan. Pero no hay cuándo las fuerzas del orden les echen el guante para desmentalarlos y devolverle la tranquilidad a la gente.

 


 
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