MIÉRCOLES 26, MARZO 2008
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Un arma de doble filo


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Al parecer, en las altas esferas del gobierno nada hay que mitigue la sensación urticante que les provocan las oligarquías cruceñas. Como muy bien se recordará, sin que agua vaya ni agua venga, desde esas altas esferas se abrió fuego graneado y gratuito al comienzo nomás del “tiempo del cambio” que se había manifestado en medio de muy encendidas esperanzas.
No vamos a negar el derecho a recelar de las oligarquías cruceñas o de otras cualesquiera sean, pero nos vamos a permitir dejar sentado nuestro punto de vista sobre el tema en razón de que lo que será expuesto en este resumido espacio de opinión afecta a altos intereses que, al margen de lo material, lastiman a lo humano, y muy profundamente desde luego.
El asunto gira en torno de esa disposición gubernamental que está levantando roncha al prohibir la exportación de aceite comestible con la intención aparente de obligar a la rebaja del precio de ese producto, sin considerar que la causa del alza es el incremento del precio internacional de la materia prima, una variable difícil de manejar en el país. Y si está levantando roncha, corresponde observar de modo inevitable que esas ronchas no sólo las padece la oligarquía productora que, dicho sea de paso, no sólo es cruceña sino también procedente de otras regiones de nuestro tan diverso país.
Bueno pues, la roncha causada por la prohibición que comentamos, ya es una auténtica pandemia que afecta a un mundo de gente. En primer lugar a los cultivadores de las oleaginosas, la soya específicamente.
Por lo que ha trascendido, superan las dieciseis mil familias, predominantemente pequeños agricultores, oriundos del interior del país casi todos ellos, que cultivan la soya y que obviamente es su medio de subsistencia este rubro.
Ahora bien, si a esta cifra de por sí tan significativa se le añaden las que corresponden a los jornaleros del campo, a los transportistas, a los que tienen que ver en fin con los procesos administrativos y económicos, además de otros menores e imponderables, pues redondearemos en trescientas mil familias las afectadas por el resquebrajamiento que tiene severamente amenazada a una industria emergente que logró hitos de consolidación sin los soportes ni los padrinazgos estatales.
No deja de ser interesante el hecho de que buen número de los cultivadores de soya, gente de respetables antecedentes por cierto, que vino desde el interior a ganarse leal y honradamente la vida y la de los suyos se identifica con el partido político en función de gobierno, es decir con el MAS. Desde este punto de vista, la prohibición de la exportación de aceite se constituye en una especie de arma de doble filo. Presuntamente hiere a la oligarquía cruceña y tiene, según los gremios productivos de Santa Cruz, una motivación específicamente política de frenar la lucha contra la autonomía. Pero de manera incuestionable acomete a la vez, contra bolivianos esforzados que aman a su patria y creen en ella y, en fin, contra el propio ‘masismo’, del que los gobernantes han hecho caso omiso al menos en esta ocasión.


Desagües, una gran prioridad
Marcelo Rivero
Decía en mi comentario del pasado lunes que la Alcaldía debe refaccionar las calles y avenidas con mayor responsabilidad y en época seca o de pocas lluvias que está próxima, para hacerlo sin interrupciones, condiciones ambas -responsabilidad y continuidad-, imprescindibles si se quiere durabilidad y economía, fuera de rapidez para que en la temporada lluviosa no suframos con tantos baches asesinos. Por otro lado condené el hecho de que el ayuntamiento no ponga en 'vereda' a los propietarios de inmuebles y lotes obligándolos a construir aceras, que si las hay, más allá del primer anillo, o del segundo, están en pésimo estado o hechas al capricho. Reitero que el no adoptar medidas en este sentido, en las cuales la comuna sólo gastará cuatro reales, o a lo mejor saldrá ganando con las multas, es señal de ineptitud. 
Pero así como hay que llevar a cabo esas tareas que requieren más diligencia que plata, hay otras que es preciso encarar al costo que sea, siendo una de ellas la construcción de canales y de alcantarillado, y la adopción de medidas para evitar en lo posible las inundaciones de viviendas y barrios, como aconteció en toda esta época de temporales causantes de tantos estragos.
En efecto nos hemos enterado por el periodismo cuánto han sufrido los vecinos de zonas alejadas del centro, sin poder salir a trabajar, ni los hijos concurrir a las escuelas, porque el transporte público no pasa a raíz de que las vías están anegadas y convertidas en barrizales, peor aún, porque el agua está penetrando a sus casas y primero hay que salvar las pertenencias, y porque el desborde de las aguas produce contaminación y enfermedades. Han sido dramáticos y dolorosos los cuadros mostrados por la prensa y la televisión, de tanta gente sufriendo por las inclemencias del tiempo ya que no existe alcantarillado ni canales de desagüe pluvial o porque estos últimos son tan estrechos y están tan llenos de maleza y desperdicios que se desbordan nada más que caer durante diez minutos un aguacero. Sí, diez minutos duró la lluvia del domingo, pero fue suficiente para que numerosos vecindarios y viviendas se vieran inundados y sus habitantes en serios apuros.
Adquiere entonces carácter urgente llevar al plano de las realidades los proyectos sobre desagües -incluyendo el cloacal-, es más, elaborar otros, asimismo para ejecutarlos en plazo prudencial. Porque es obligación de las autoridades respectivas, porque hay que dar prioridad a las obras de servicio en favor de la ciudadanía con mayores carencias y que generalmente habita en la periferia, se tiene que trabajar en procura de que la temporada lluviosa entre 2008 y 2009 y las de más adelante, no provoquen los desastres que están produciendo en los últimos años. 


 
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