Vivimos, en este tiempo, abrumados bajo el peso de aquellos problemas que consideramos mayúsculos y que tienen que ver con la política partidaria y sus influencias en la vida de la comunidad. Desde que abrimos los ojos y hasta que los cerramos para incluso entre sueños, sin vueltas que darles, extraviarnos en disquisiciones de tipo político, no alimentamos otra preocupación que la que genera lo que se dice o se hace en nuestro ámbito tan tremendamente politizado, tal vez como antes nunca lo estuvo.
Montescos y capuletos, tirios y troyanos, rojos y amarillos, todos encuadramos nuestras actitudes individuales o colectivas tras un exhaustivo cálculo político. Da la impresión, deplorable por cierto, de que ajustamos nuestro comportamiento según las caras que adquiere la tortilla grande de la política.
La suerte de nuestra niñez, que involucra a varoncitos y a mujercitas, no es tema que inquiete a la comunidad boliviana altamente politizada. Y de no ser por instituciones, prácticamente todas ellas integradas por damas que tienen muy grande, inmensurable sus instintos maternales, varoncitos y mujercitas en las más tiernas edades no pasarían de ser pasto de la miseria, las enfermedades y la muerte.
Triste en extremo la situación de aquella gente menuda que pese a los esfuerzos sobrehumanos que desplegan las organizaciones de las damas, están a la de Dios, como corrientemente se dice, pensando en lo falso de aquel juicio según el cual, la aludida gente menuda constituye –nada más y nada menos-, que el futuro lindo de la patria.
Pero si ya de por sí es grave, y más que grave, estremecedor el hecho de que nuestros niños y niñas vivan sin culpas sus dramas en las calles, así o más grave aún es el hecho de que esos niños y niñas estén buscándole a la vida, casi siempre explotados sin piedad por canallas sin nombre, en prostíbulos, casas de citas, bares de altos y bajos niveles, chicherías y otros establecimientos sórdidos de que regularmente se tiene noticias, siempre relacionadas con hechos de violencia y de sangre, y de los cuales aparecen como protagonistas criaturas propiamente dicho. Estamos seguros que cualquier persona medianamente civilizada y educada, siente agudas punzadas en el corazón al tomar conocimiento de la presencia de niños y niñas en bochornosos e inmorales sucesos acaecidos en lenocinios o establecimientos de esta jaez.
La fuerza pública es la llamada a poner término a episodios de naturaleza sexual con menores en calidad de protagonistas de una u otra forma. Y la justicia ordinaria, de su parte, tiene que obrar con la máxima severidad enviando tras las rejas a quienes faltan a los deberes que son indiscutibles e inexcusables, en tratándose de gente menuda, aquí y en cualquier parte del planeta.
Tres en Uno
Más o menos en las mismas...
En la columna ‘cápsula del tiempo’ de este periódico, se publicó últimamente que en los años 80 ya era complicadísima la circulación de vehículos en el centro de la ciudad y que si no se tomaba algún tipo de medida correctiva, como la peatonalización del área, el colapso sería total unos diez años más tarde. Desde entonces han pasado más de dos décadas, hay dos calles peatonales en la plaza 24 de Septiembre y el tráfico vehicular, aunque desordenado e insufrible, sigue fluyendo...
Los ‘cráneos’ de Tráfico y Transporte no le pillan al asunto. ¿Sabrán que en La Paz se cumple una restricción vehicular en la zona central de la ciudad, según la placa de circulación de los motorizados? Y que en Bogotá, la capital de Colombia, se celebra una vez al año el ‘Día sin carro’ y... que nadie se muere caminando?
Pero aquí nada en firme ni en concreto se planifica o se hace pese a que, además, el humo de los vehículos afecta el cerebro y que contaminar es un pecado, según el Vaticano.
Lo nuestro en la mira
Desde hace dos años, los que han transcurrido desde el ascenso de Evo Morales al poder, casi no hay día sin que todo lo que huela a cruceño reciba los ataques del Gobierno. No es una exageración afirmar que los señalamientos contra Santa Cruz se han vuelto una acostumbrada e insoportable constante. Por todo y por nada. Qué iba a dejar de ‘acordarse’ de nosotros el Presidente de la República en una de sus habituales peroratas de fin de semana y frente a una masiva concentración de sus adeptos. De su predilección resulta achacarnos de todas las desdichas habidas y por haber en este desventurado país.
Y a don Evo le siguen la corriente los masistas arrimados al poder y que siempre tienen en la punta de la lengua algo que dedicarle a las ‘cinco familias’ y a los ‘oligarcas’ que dizque hacen y deshacen cuanto les viene en gana en estas cálidas llanuras.
El largo feriado, el queso y el mar
Menos mal que el largo fin de semana transcurrió en relativa calma, es decir que fue moderado el registro de accidentes y de hechos de violencia en el departamento y en el resto de la república donde, entre otras cosas, no se observó con todo rigor la ‘ley seca’ contra el consumo de bebidas alcohólicas.
La nota positiva se dio en San Javier donde tuvo lugar una nueva versión de su feria ganadera. Allí la flor se la llevó un queso de más de mil kilos de peso en cuya elaboración se emplearon 12.000 litros de leche y quince personas. Una nueva muestra de laboriosidad y pujanza de nuestra gente.
Y entre los feriados de Semana Santa se produjo, -esta vez sin mucha bulla-, la conmemoración de los 129 años de la Guerra del Pacífico. Hay un acercamiento evidente entre Bolivia y Chile pero ninguna visión nos aproxima hasta ahora a una salida marítima.
Ya es un secreto a voces que los chilenos serían capaces de ofrecerle a los bolivianos esa tan anhelada salida por su territorio, pero les provoca un ataque de caspa la palabra ‘soberanía’.