Como en todos los tiempos, y desde comienzos de la era, para el mundo cristiano, al que pertenece el nuestro, los días de la Semana Santa o de la Pasión del Señor, son de reflexión. Reflexión, para las inmensas mayorías, dentro de los planos domésticos, y para los pocos que asumen responsabilidades de cara a sus semejantes, en el ámbito público.
Infinidad de motivos hemos tenido los bolivianos para reflexionar en estos días santos que están tocando a su fin. Y dado el hecho de que sabemos, -nosotros los que usamos del ámbito doméstico-, de qué lado y cuánto nos aprieta el zapato, no es difícil colegir que las reflexiones han tenido que ser realmente coincidentes. Frutos, desde luego, de las preocupaciones que conlleva el simple hecho de subsistir en este tiempo de insospechadas durezas y rugosidades.
Nos atrevemos a afirmar pues que en tanto discurrían los días santos con la solemnidad y el fervor de siempre, reflexionábamos acerca de las rispideces en que viene escenificándose nuestra existencia en este tiempo turbulento. Pero, -así también lo creemos-, las reflexiones no paraban en el simple análisis de lo que se está dando en el entorno nacional con signos de obcecación, con alarmantes detalles de ensimismamiento, con carencia de voluntad para discutir y aceptar razones, es decir, buenas razones ciertamente.
Y efectivamente, luego de hacer las debidas reflexiones sobre las múltiples circunstancias que, en lo fundamental, nos impiden vivir en paz y en concordia, pasábamos a reflexionar, asimismo, sobre lo que debería hacerse, sobre lo que cada cual debería aportar para conseguir que el país salga del pozo asfixiante en que se está precipitando y cada vez con mayor celeridad. Lo primero que a muchos, pero muchos sin duda, se les ocurría o se nos ocurría, era invocar, el amor de Dios, del buen Dios resucitado, para que nos mostrase el camino de la salvación. En seguida la reflexión personal giró en torno a lo que cada cual, según propia iniciativa, estaba en el deber inexcusable de aportar para sacar al país del pozo en que se lo presiente deslizándose de manera en extremo peligrosa.
Sobreponiéndonos a todas las dudas que puedan abrumarnos, se hace dable imaginar que los que tienen que ver con el clima fragoroso que se cierne sobre el país, tampoco lograron ponerse al margen del tiempo de reflexión que estuvimos viviendo en estos días de la Pasión que están por finalizar. Suponemos que reflexionaron sobrecogidos por la solemnidad del momento. Mas ahora lo que interesa es que esas reflexiones hubiesen hecho mella y que se traduzcan, especialmente, en actos de generoso desprendimiento, capaces de reverdecer las esperanzas de la comunidad que no merece el estigma del infortunio que es fruto de la soberbia y del endiosamiento que hay que desterrar tras breve y necesaria reflexión.
Que el olvido no los sepulte
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Muy joven llegó hasta la cálida ciudad capital nuestra.
Cargaba significativo bagaje.
Su juventud, en primer lugar.
Y con la juventud, su fuerza.
Esa fuerza que, notoriamente, era tanto espiritual como física.
Portaba, asimismo, su flamante título de maestro normalista.
Su severidad, por otro lado, era buen ingrediente considerando que nunca hizo mal uso de este atributo.
Con el título de maestro, se incorporó en el linajudo colegio Obispo Santistevan.
Por ese entonces, el citado colegio era más conocido con el nombre de Seminario a secas.
Allí hizo sus primeras armas en el apostolado de la docencia.
Este es un rápido perfil del profesor Ricardo Zuna Rico.
Era oriundo de ese Oruro que ha sido cuna de tanta gente de bien.
El profesor Zuna, con disciplina y sobrada idoneidad, fue asignado a los cursos superiores del Seminario, del que llegó a ser su director.
E hizo excelente siembra entre sus alumnos que sin duda suman millares aún hoy a pesar del tiempo que ha corrido.
El profesor Zuna, con legítimas aspiraciones, hizo igualmente la carrera de Contador General, destacándose también, como catedrático de la Universidad Gabriel René Moreno.
Y ejerció, asimismo, esta profesión.
Fue, por otro lado, un activo servidor de instituciones sociales.
Revistó en el Rotary Club y su participación en el ámbito rotario fue efectiva y ejercida con incuestionable sensibilidad social.
Ninguno de sus logros consiguió arrancarlo de su modestia.
Profesor con espíritu y fuerza.
Contable de absoluta confiabilidad.
Una memoria a la que hay que dedicar nota delicada de admiración.